TRAZOS. ARCHIVOS DE LA MEMORIA

TRAZOS. ARCHIVOS DE LA MEMORIA

“Yo dibujo estas letras

 como el día dibuja sus imágenes

y sopla sobre ellas y no vuelve”.

Escritura. Octavio Paz

 

Únicamente el arte tiene la capacidad de cambiar el sentido de la palabra sin perjudicar el discurso. Al contrario, puede enriquecerlo, dotarlo de nuevos significados que hagan temblar las normas establecidas, para que cada persona, desde su criterio, construya una narración propia. De esta manera, a partir de la transformación poética de unos libros de contabilidad Luisa Pastor escribe, mediante el fragmento, un lenguaje abstracto, íntimo, donde las palabras se deslizan por el espacio de manera incomprensible, consecuencia de la herida que establece sobre ellas el bisturí. Diseccionadas, la escritura cambia totalmente su estructura y se materializa en un texto ilegible. Es un tránsito mágico entre la materia y el espíritu.

En toda su trayectoria artística, sus piezas poseen un carácter privado, muy personal, obras delicadas, realizadas con minuciosidad. Materiales pequeños y cotidianos forman su peculiar universo y junto a ellos el papel, que deja de ser soporte para convertirse en el absoluto protagonista de su obra, como se refleja en los últimos trabajos. Durante sus estudios de Bellas Artes en Granada comenzó a comprar en anticuarios libros de contabilidad. La belleza del papel envejecido, la manera de mostrar el paso del tiempo en sus hojas, así como la fascinante contradicción de utilizar un material mercantil para desarrollar su trabajo artístico, se han convertido en uno de los motivos centrales de su obra.

“Trazos. Archivos de la memoria”, la exposición de la sala Juana Francés de la Sede Universitaria Ciudad de Alicante se desarrolla a partir de la adquisición de un libro de contabilidad de 1895 de una empresa textil de Alcoy. La rigidez de las normas de contabilidad desaparece tras el acto poético de la destrucción del libro. Luisa desmonta la unidad del documento cortando verticalmente, con el bisturí, cada una de las hojas en pequeños fragmentos de 7 milímetros. A partir de aquí comienza un juego de arquitecturas en papel, en el que los diminutos trozos se unen unos junto a otros y la escritura original se desvanece formando una polifonía de voces inconexas, en palabras de Roland Barthes “una escritura ilegible»[1].

La instalación titulada “Hilos de voz”, que se extiende por la mayor parte de las paredes de la sala, está formada por unas 400 jícaras de porcelana blanca sujetas a los paneles por un tornillo negro. Sobre ellas se deslizan los fragmentos de papel formando un todo que fluye por el espacio como un susurro, suave y delicado. La disección del papel en vertical rompe la lógica de la libreta, provocando una cacofonía de palabras incomprensible. Lo privado, el contenido del libro, sale a la luz, pero al ser absolutamente imposible su lectura se mantiene la privacidad. El discurso económico se convierte en artístico. La elección de las jícaras no es gratuita, este antiguo elemento de aislamiento térmico se utilizaba en los postes de telégrafo donde las palabras se transforman en impulsos eléctricos que se transportan a través de un cable metálico. Como las palabras del telégrafo la escritura deconstruida fluye, se desliza infinitamente, construyendo un circuito cerrado, un lenguaje opaco. Los tornillos negros que sustentan cada una de las jícaras representan el punto de partida del trazo que genera la sombra, la cual termina quebrada en los ángulos de la pared. Así se crea un doble dibujo: el del papel y su proyección en el muro.

Junto a esta pieza, y construidas con la misma libreta, se encuentran “Trazos#1” y ”Trazos#2”. En este caso, las tiras de papel unidas en sus extremos forman una estructura similar a un sudoku. Según Luisa, en estas dos obras, al igual que en “Hilos de voz”, se crea una metonimia, una relación de contigüidad espacial, temporal o lógica. Como ocurre con el lenguaje, un elemento se apoya en otro, se desplaza, poseen una misma relación. Sin embargo, en “Escritura a 4 voces”, las pequeñas cajas, similares a las matrioskas rusas, se repliegan hacia adentro de manera íntima, lo que provoca una mayor concentración en la mirada, atrapada en un jeroglífico imposible.

Para Luisa Pastor, el papel es un elemento vivo. Si atendemos al mismo, es capaz de hablarnos mediante el tacto, la vista y el olfato. Entre nuestros recuerdos infantiles siempre está el olor de un libro al empezar la escuela, un olor envolvente, agradable, que incitaba a pegar la nariz al papel. Hay papeles de texturas diversas: suaves, rugosos, cálidos o fríos. Con la vista descubrimos papeles de múltiples colores o simplemente amarilleados por el tiempo y la luz. Justamente es el tiempo lo que muestra la obra “Escritura a 4 voces”, cuatro libretas de contabilidad vírgenes, sin escritura, con distintos tipos de papel que dialogan en diferentes tiempos. Los múltiples papeles cortados por el bisturí se mezclan formando pequeñas cajas pegadas unas junto a otras, sin soporte. El carácter liviano de la obra recuerda las gravitaciones de Eduardo Chillida, una sensación de ligereza que parece mecida por un soplo de viento. En relación con “Hilos de voz” también aquí se juega con la sombra. Las cajas levantadas del soporte del marco, a modo de alto relieve, provocan sombras que proporcionan otra mirada a la pieza y generan el volumen de la misma. Si visualmente la composición geométrica evoca al neoplasticismo, su sentido del tiempo está más cercano al cubismo. Los fragmentos de papel incorporan distintos momentos temporales, el pasado y el presente unidos por una decisión artística que se materializa en un mosaico expresado a cuatro voces.

En este como en el resto de sus proyectos, lleva a cabo una investigación plástica y lingüística en la que siempre están presentes la ironía y el juego. Bien por azar o por una acción intencionada, la obra que pone fin a esta exposición se titula “Borrador”. Se trata de la portada del libro de contabilidad, su cadáver, lo único que queda del mismo. Un final, pero también el inicio de nuevas investigaciones plásticas.

Ante un mundo contemporáneo que se distingue por la inmediatez, Luisa Pastor ejecuta un trabajo minucioso, lento, de gran precisión. Una aproximación irónica frente a las formas canónicas de la interpretación del mundo real. El uso de un papel “obrero”, en sus propias palabras, subvierte el orden del mismo que pasa de ser una herramienta del sistema capitalista a transformarse en objeto artístico. Es una bofetada a esta sociedad líquida, en donde todo pasa rápido y nada permanece. Así nos invita a pensar, a valorar todo objeto que nos rodea, aunque parezca insignificante. A detenernos, y dejar que la mirada explore todos y cada uno de los recovecos de su ingenio.

 

María Marco y Jorge Olcina

[1] Término que acuñó Roland Barthes en 1971 sobre la obra de la artista argentina Mirtha Dermisache.

 

 

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada y doctora en Bellas Artes, con premio extraordinario, por la Universidad Miguel Hernández de Elche, centra su tesis en los estudios franceses sobre la deconstrucción del signo lingüístico y el collage. En 2017, obtiene la beca posdoctoral concedida por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Instituto de Investigaciones Estéticas, bajo la dirección del Dr. Cuauhtémoc Medina, en Ciudad de México.

 

En 2020, Pastor es seleccionada para representar a España en “Paper-Routes­­ – Women to Watch 2020”, en el National Museum of Women in the Art, en Washington. Recientemente, acaba de exponer sus “Escrituras ilegibles” en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO Madrid 2022, con la galería Nordés, con la trabaja desde 2018. Su trabajo también se podrá ver en la próxima edición de ARCO Madrid 2023, en el stand de esta galería gallega.

 

En 2020, Luisa Pastor gana el premio Premio “Ciutat de Alcoi Llançadora” de Creación en Investigación en Arte, con el proyecto “Todo lo sólido se desvanece en el aire” que se presenta a finales de año en el Museo IVAM-Cada de Alcoi. Al mismo tiempo, y de la mano de su galería, la obra de Pastor se expone en octubre en La Feria de Arte Internacional de Bogotá ARTBO 2022, en Colombia.

 

Su obra se encuentra en colecciones públicas y privadas como, por ejemplo, la Fundación Otazu, la Colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valencia, Universidad de Alicante y, recientemente, el Ayuntamiento de Alicante entre otras.

 

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