Portfolios
// 25/09/2018
In The American West Avedon, Pepe Calvo, Hunter art magazine,

 
 
 

Avedon: El elegante revolucionario

 

Tres caminos hay en la obra de Richard Avedon (1923–2004) que llaman poderosamente nuestra atención: la moda, los retratos y fotografía socio política. En ese mismo orden. Los tres son muy significativos pero es en la fotografía de modas donde ha destacado por encima de los otros, aunque él pensaba lo contario.
Su origen fue una familia judeo-rusa, bastante convencional, que residía en la Quinta Avenida de Manhattan, en la ciudad de Nueva York. Su madre, Anne, era una gran aficionada a la fotografía. Su padre, Jacob Israel Avedon, era propietario de una modesta tienda de ropa femenina. Ellos moldearon la vida de su hijo y crearon, sin ser conscientes, a uno de los mas grandes fotógrafos americanos del siglo XX. El hogar estaba repleto de revistas de moda y el pequeño Richard guardaba todo un archivo, de sus fotos favoritas, en su dormitorio que estaba completamente empapelada con las fotos de moda del fotógrafo Martin Munkacsi, a quien consideraba su maestro.
Siempre sufrió por su hermana Louise, una de las mujeres más hermosas que conoció jamás pero con una historia trágica que le marcó. Internada en un manicomio toda su juventud, victima de su belleza, diría el mismo Avedon.
Realizó estudios de arte con Alex Brodovitch, que ocupaba el cargo de art director en la revista Harper´s Bazaar que intuyendo el talento de su alumno, apadrinó al muchacho y a los veintiún años ya trabajaba como fotógrafo en la mencionada publicación y poco tiempo después se convertiría en el jefe del departamento de fotografía. Durante su enseñanza, Brodovitch le había impuesto: Tus fotos deben tener un discurso, pero grita, no susurres.
En 1946, viaja a Paris que entonces era una ciudad demacrada por la guerra, pero la industria de la Alta Costura insistía en demostrar su elegancia y glamour. Los fotógrafos reincidían en mostrar una poética enmarcada en un lenguaje clásico; fue allí, y en esas circunstancias, donde sacudió las estructuras de la fotografía de modas que nunca volvería a ser igual pues dio vida a un género estático. El barrio latino, Trocadero, Les Halles,le Marais… fueron sus escenarios donde las sofisticadas modelos se fotografiaban junto a anónimos artistas de circo, bebedores, peatones, luchadores y comerciantes, que asombraron al mundo. Pero debe destacarse sobre todas la imágenes que creó en aquellos años en Paris, la que posiblemente es la mas bella y exquisita de todas las fotos de modas jamás realizadas, Dovima y los elefantes, que tuvo lugar en el Circo de Invierno de Paris, en 1955. La delicada pose de Dovima con el elegante vestido de Dior choca con las arrugadas pieles de los paquidermos, consiguiendo una imagen tan refinada como indómita. Gracias a él, las modelos que hasta entonces eran consideradas meramente una percha para lucir la ropa, comenzaron a tener vida propia, así se habló de Dovima, Suzy Parker, Jean Shirmpton, Donyale Luna, Verushka… Sin Avedon, el concepto que ahora conocemos como top model no existiría.
En sus retratos solo existe lo absolutamente necesario, el modelo sobre un fondo neutro, ausencia de escenario y luz cenital, siempre igual y siempre distinto. Misma luz, idéntico fondo y la misma cámara. Lo único que cambia es el modelo. Avedon siempre supo que delante de una cámara la sonrisa no es la auténtica, pues el personaje está condicionado, consciente de los riesgos de la fotografía intimista. Pero si miramos el célebre retrato que hizo de Marilyn Monroe, una mujer a la que suponíamos chispeante, sexy y divertida aparece aquí descubriendo otra dimensión completamente distinta, atormentada y triste. Otra Marilyn, quizá la auténtica, alejada del brillo de Hollywood y los films, una visión como nunca antes habíamos visto de ella. Reliazó millones de retratos siempre únicos y diferentes, de los que existen un buen puñado de obras maestras, como el de Truman Capote, Renoir, John Ford… rompiendo con la tradición histórica, creando sus propias reglas, con una maestría excepcional. Las grandes figuras de nuestra sociedad, políticos, actrices y actores, modelos… retrata a gente anónima de la América profunda, vagabundos, jóvenes, una niña embarazada, obreros y soldados, a quienes descubre la gracia que no poseen muchas de las celebridades envueltas en glamour. Un retrato no es una semejanza, es una interpretación de la personalidad del modelo realizada por el fotógrafo.
En 1964 publica el libro, Nada personal, junto a James Baldwin (1924 – 1987), cronista del racismo que se hallaba en la cúspide de la fama. Pretendía ser una despiadada crítica a la sociedad americana contemporánea y fue, además, un hit en el mundo editorial internacional; un profundo retrato de la América de esa época, desvelando el tejido social de la nación, ambos vieron la realidad del país a través de la brutalidad, dejando lo trascendental de lado. Una colección de retratos de las mas relevantes personalidades como el Jefe del partido nazi, el poeta beat Allen Gingsberg, Eisenhover, Marilyn Monroe… En el prólogo, Baldwin se expresa así: El mito nos dice que América está llena de gente sonriente pero la realidad es que el país esta dominado por una horda desesperada.
En el prólogo James Baldwin comenta: “El mito nos dice que América está llena de gente sonriente… la realidad es que el país está dominado por una horda desesperada… “
Cuando cambia a sus sofisticadas y elegantes modelos del papel couché por amas de casa, vagabundos, mineros, presos, predicadores… constatando que la elegancia de sus fotografías no dependía del stylismo de las modelos y las actrices, si no de su forma de mirar y encuadrar, demostrando su maestría y genialidad. Entre 1979 y 1984 recorre el interior del país, el profundo mundo rural y crea lo inesperado con su feroz mirada; lo que la critica calificó como la obra cumbre de Richard Avedon, En el oeste americano. Avedon consideraba la fotografía de modas que él había realizado como algo menor, el retrato era su gran trabajo, una obra de ilimitada seriedad, su obra profunda. No importaba a quien retratara, el que siempre aparecería en sus retratos era el propio Avedon, como apunta Michael Kimmelman, los retratos siempre revelan más acerca del fotógrafo que del sujeto fotografiado.

Pepe Calvo, 2018
 
 
 


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