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Horst P. Horst

Horst P. Horst

El poder de la sombra  

 

por Pepe Calvo

Me gusta crear imágenes por que amo la vida. Y amo fotografiar gente, por que la humanidad es lo que más amo en el mundo. Horst P. Horst

El fotógrafo de este nuevo artículo que ocupa la sección PhotoSoul, Horst P. Horst, forma parte del grupo de los grandes retratistas y fotógrafos del ámbito de la Moda que, en diferentes épocas, ejercieron la fotografía en esos dos grandes géneros como son el retrato y la foto de modas y que puede incluir, así mismo, la imagen publicitaria. Son innumerables los fotógrafos que pertenecían a la nómina de Vogue (Ediciones Condé Nast), Harpers Bazaar y otras importantes revistas en este ámbito, pero destacaremos al Barón de Meyer (1868-1946), Hoyningen-Huene (1900-1968) y Cecil Beaton (1904-1980), que crearon un mundo sofisticado y elegante, no exento de leyenda, donde se miraron otros fotógrafos como Norman Parkinson, Richard Avedon, Guy Bourdin, Helmut Newton… para crear su propia obra personal. Todos eran grandes conversadores y estetas, hombres de naturaleza distinguida que tenían una intensa vida social en las altas esferas, rodeados de mujeres sofisticadas. Además de conocer el oficio, ¿ser elegante, refinado y hedonista era condición indispensable para ser un grande de la fotografía de modas? Todo apunta en esa dirección.

 

Horst P. Horst (1906 – 1999), nació en Weissenfels, Alemania. Su verdadero nombre era Horst Paul Albert Bohrmann. El apellido Bohrmann lo eliminó tan pronto comenzó a tener notoriedad, pues no quería ser relacionado con Martin Bohrmann, secretario privado de Adolf Hitler, oficial de la Alemania nazi y criminal de guerra, con inmenso poder en el Tercer Reich.

Estudió en la escuela de Artes Comerciales de Hamburgo, época en la que entabló una relación con el bailarín Evan Weiderman, quién le descubrió el arte vanguardista. En 1930 se mudó a París donde conoció a Le Corbusier para quien trabajó de manera desinteresada. Poco después, se convierte en modelo, asistente y amante del fotógrafo de Vogue, el ruso Hoyningen-Huene, conocido como uno de los grandes fotógrafos de modas y retratistas, que le desvela toda su forma de crear en fotografía; cuando el ruso deja la célebre revista, Horst ocupa su puesto y es cuando comienza su carrera imparable.

 

George Hoyningen-Huene

Nacido en Rusia, en el seno de una familia aristocrática, Huene, como se le conocía en su circulo más cercano de amistades, tenía una intensa sensibilidad por la belleza en todas sus expresiones. Se trasladó a París en 1920 huyendo de la revolución de su país. Siempre se había sentido atraído por la ilustración y la fotografía y sus capacidades en estos ámbitos le condujeron a convertirse en el jefe de la sección fotográfica de la edición francesa de la revista Vogue. Su relación con Horst se asentaba en un binomio, un conjunto de dos personalidades afines, adoptando uno la figura de mentor y el otro la de aprendiz, además de la sentimental que compartían. Juntos crearon infinidad de trabajos en los que Horst hacía de asistente de estudio, unas veces, y otras ejercía de modelo; conforme afianzaban su relación personal sus proyectos comenzaron a fusionarse.

Inspirado en los flamencos Van Dick y Vermeer o del francés Ingres e incluso de los pintores surrealistas, sus imágenes recreaban las influencias pictóricas y escultóricas de la época romana y el clasicismo griego, con notas de aliento art decó y del dadaísmo, aunque lo que más marcó el trabajo de ambos fue el estilo del fotógrafo Edward Steichen; este enlace entre maestro y aprendiz abría la puerta a una vida intensa de relaciones con importantes personalidades de la cultura como Salvador Dalí, Jean Cocteau, Coco Chanel, a quién Horst llamaba la reina de todo, y Greta Garbo, Cecil Beaton, los Vizcondes de Noailles -que ejercían de mecenas, produjeron la película de Luis Buñuel “L´age d´or”-, entre otras destacadas figuras de la época, suponiendo para el joven Horst un intenso y fructífero periodo de aprendizaje tanto vital como laboral.

 

 

 

The divers

Destacaré una de sus imágenes más emblemáticas que también forma parte significativa en la historia de la moda, es la conocida como The divers (Los buceadores), realizada en algún lugar secreto del París de 1930 en la que el alemán figuraba sentado, posando como modelo, al borde de un trampolín, junto a una joven, ambos en traje de baño, dando la espalda al objetivo de la cámara, algo impensable para la época. Convertidos en protagonistas de la composición, ocultando sus rostros, mirando hacia el infinito, lo que no era habitual en las fotos de moda, donde era de vital importancia que todas las modelos mostraran la expresión de su cara, su mirada, el rictus de su boca, el imprescindible maquillaje… Esta imagen rompía esquemas a pesar de lo impecable de su elegancia compositiva y se convertía en la más absoluta vanguardia, conservando todavía hoy la visión de la perfección en el encuadre y la enigmática aureola que subyace entre las dos figuras. Fue el resultado de una gran inspiración para generaciones venideras, influyendo en el trabajo de artistas y diseñadores contemporáneos.

 

Sesión con Marlene

A partir de 1932, Horst, comenzó a trabajar en solitario, con nombre propio. Su primera imagen publicada en Vogue fue un anuncio publicitario del perfume Klytia. Pronto consiguió realizar trabajos de alto perfil; uno de los retos más importantes, en sus inicios, fue una sesión fotográfica con Marlene Dietrich, la sublime diva cinematográfica, diosa y femme fatal de las pantallas del mundo entero que desconfiaba de la juventud y de la poca experiencia del joven fotógrafo pues las poses que este proponía no la satisfacían. Como gran star que era, tenía nociones de como iluminar una escena y sabía sobradamente donde debían estar situadas las luces que favorecieran la perfección de su rostro, no sintiéndose cómoda al comprobar que Horst se saltaba las normas clásicas de iluminación, imaginando que iba a salir con aspecto lúgubre, pero después de toda una larga tarde de pruebas y alardes de diplomacia por parte del joven fotógrafo, consigue su objetivo haciendo un revelado exprés y, sin ocultar sus nervios, lo muestra a la actriz. Me encantan, las usaré para mi propia publicidad, dijo Dietrich. Horst estaba experimentando con la luz del estudio pues usaba cuatro focos, que era algo que nadie hacía en aquella época, en que se utilizaban solo dos lámparas, donde las sombras jugaban un importante papel; sin duda fue esto lo que asustó a la histórica vampiresa.

 

Visconti

Durante toda su juventud, estuvo Horst rodeado de enamorados -entre ellos un joven conde, de la casa de Visconti, que después triunfaría en el cine como realizador, de sobra es conocida su deslumbrante filmografía, “Rocco ei suoi fratelli”, “La caduta degli dei” y las celebérrimas, “Il gatopardo”, y “Morte a Venezia”, entre otras, que pertenece, por propio derecho a la historia del cine- hasta su encuentro con el diplomático británico, Valentine Lawford, con quien compartiría su vida hasta la muerte de Lawford en 1991, ambos adoptaron a un niño que llamaron Richard J. Horst, al que educaron juntos.

Toda la obra de Horst P. Horst se rige por un sentido clásico de la composición y la situación de las modelos, como si de figuras clásicas se tratara. Imágenes minuciosamente planificadas a través de un especial sentido de la iluminación, cargadas de significado más allá de la representación. Ejercía la elegancia como forma de vida, jamás pensé en que fuera moda… era l´elegance. Declaró en una entrevista al New York Times en 1991.

 

Madonna

Como dijo el New York Times, Horst domesticó la vanguardia para servir a la moda.

Su trabajo es el resultado de un profundo estudio dedicado a la postura del cuerpo y a los elementos que componían la escena, el sentido de la situación dentro del encuadre creando imágenes que no se contemplan como espontáneas, pero sin embargo no resultan impuestas arbitrariamente; todos los elementos que figuran en cada una de sus obras comparten el espacio con soberbia elegancia, no dejando nada al azar. Pero es a partir de los años cincuenta cuando su estilo comienza a perder interés, ya no impacta. Su celebridad se iba apagando hasta que Diana Vreeland llega a Vogue y se enamora de su forma de trabajar, su nombramiento como editora de la  revista fue muy ventajoso para Horst pues su carrera volvió a resurgir hasta que, en 1990, la cantante Madonna recreó sus imágenes más icónicas en el video que publicitaba su canción Vogue, dirigido por David Fincher, que todavía no había realizado las películas que le llevarían a lo más alto del pódium cinematográfico como Seven (1995) o El club de la lucha (1999), y se ha convertido en un gran cineasta.

Horst es considerado uno de los genios de la imagen fotográfica, influyendo a otros grandes fotógrafos como Bruce Weber, Herb Ritts y Robert Mapplethorpe, que han bebido de las fuentes de su manera de iluminar, organizar el encuadre, respirando la sensualidad como un importante mensaje impuesto en su discurso. La magnificencia de la obra de Horst ha marcado la moda, Anna Wintour, que sucedió a Vreeland como editora de Vogue, le describió brevemente: Era tan divertido. Tener un retrato hecho por Horst P. Horst significaba realmente tener algo de valor.

Su obra se ha exhibido en museos de todo el mundo, Nueva York, Londres, Colonia, etc. como así mismo, las editoriales más importantes, en el ámbito del libro de arte, han publicado monografías dedicadas a su trabajo, a lo largo de los años.

Uno de sus grandes logros fue conseguir ser pionero en la utilización del enfoque de luz, utilizando cuatro focos, como ya mencioné anteriormente, que era algo impensable en la época en que únicamente se trabajaba con dos reflectores.

Cercano a cumplir ochenta años realizó una campaña publicitaria para Calvin Klein, donde su visión de la moda, dirigida a los jóvenes, mostraba el atractivo físico en la sexualidad y la elegancia envuelta en ideas narrativas audaces de un hombre que vivía esa etapa de su vida como en plena juventud.

Una de las razones por las que Horst tuvo una larga carrera de 60 años era por que fue capaz de variar su estilo, según comentó el editor de Vogue Robin Muir. Para Martin Roth, director del Museo Victoria & Albert, de Londres, fue uno de los más grandes fotógrafos de moda del siglo XX del que ha dejado imágenes, brillantes y evocadoras realizadas, a través de un discurso personal, alumbrando todos los aspectos de su larga y distinguida carrera, dejando un legado importante.

Mis mejores fotos son siempre un poco locas, tienen algo que no cuadra: un cenicero sucio, algo absurdo y malsano. Confesó.

Le gustaba expresarse así, al describir su trabajo, para restar importancia a la distinción que imprimía la elegancia, poniendo ese “dirty touch” que, según el propio autor, manchaba las composiciones para quitarles academicismo formal.

Falleció a los 93 años en su casa de Palm Beach (Florida) donde vivía plácidamente. Había abandonado su oficio a los 86 años cuando empezó a fallarle la vista, pues según sus propias palabras, le era imposible controlar las sombras. 

 

Pepe Calvo

Editor de Hunter Art Magazine

 

 

 

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