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El revelador acto de saltar

 

 “Para un fotógrafo la cabeza es más importante que su cámara”.

Ante el trabajo del genial fotógrafo Philippe Halsman, lo primero que nos llama la atención es su inmenso sentido del humor. Sus fotografías están llenas de la alegría de vivir, composiciones que derrochan movimiento, no solamente por que en la inmensidad de su producción los modelos aparecen saltando. Saltos provocados de forma natural por el propio artista, que retrató a las personalidades más célebres de su época. El acto de saltar, suponía una herramienta psicológica, pues implicaba que, a los retratados se les cayera la máscara y de esta forma se desinhibieran para comportarse como en realidad eran. En el breve instante de un salto, el personaje se olvidaba de su expresión, no existía la idea de la improvisación, así su rostro aparecía con naturalidad, advirtiendo además gran variedad de lenguajes corporales revelados de forma inconsciente por los modelos.

Autor de una larga carrera de imágenes muy personales mundialmente conocidas con el nombre de Jump Pictures que formaban parte de una nueva ciencia inventada por el propio artista: jumpology.

La gran imaginación de la que hace gala en toda su producción lo convierte en uno de los fotógrafos más originales del siglo XX.

 

No fotografió solo saltos, sus imágenes siempre mostraban escenarios divertidos con situaciones provocadoras.

 

“Cada rostro que voy a retratar parece ocultar, y a veces revelar fugazmente, el misterio de otro ser humano distinto”. –Confesó. Esta idea le apasionaba, y era realmente lo que pretendía encontrar en el fotografiado en el instante de realizar su retrato.

“En lugar de crear una imagen visualmente sorprendente, estoy más interesado en capturar la verdad que permanece en el interior de cada sujeto”.

 

De origen judío, nació en Riga (Republica de Letonia) en 1906; recién cumplidos los veintidós años vivió un extraño y terrible suceso. Durante una excursión a los Alpes austriacos, su padre falleció en circunstancias poco claras; fue llevado a juicio y se le acusó de haberlo asesinado. Condenado a cuatro años de cárcel, gracias a la presión que ejerció un destacado grupo de intelectuales, entre los que figuraban Albert Einstein, Thomas Mann y el mismísimo padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, su condena fue rebajada y únicamente cumplió dos años.

Se trasladó a Paris en 1940 al inicio de la Segunda Guerra Mundial y después a los EE.UU. donde alcanzaría fama internacional trabajando para la revista Life para la que realizó mas de cien portadas.

Fotógrafo de gran ingenio, desarrollaba una cultura visual totalmente influenciada por el surrealismo; esta inquietud le hizo dedicar más de treinta años a trabajar con Salvador Dalí, creando una serie magistral, que se publicaría en múltiples revistas internacionales y en un libro –Dalí´s mustache- donde jugaba con su bigote y con el carácter surrealista del pintor de Port Lligat, creando unas imágenes deliberadamente absurdas e hilarantes, surreales y dadaístas, de gran impacto visual. Ambos artistas fueron grandes aliados, pues les unía un sentido del humor adolescente y el interés por el psicoánalisis freudiano.

En la misma línea del trabajo realizado con Dalí encontramos la colección de fotografías que realizó con el artista francés Jean Cocteau, con modelos típicamente afines al gran poeta, dramaturgo y cineasta, autor de magnificas obras de la cultura universal como son “El testamento de Orfeo” y, “La voz humana” monólogo a mayor gloria de Anna Magnani y Tilda Swinton que lo interpretaron en sendas producciones cinematográficas, separadas en el tiempo, de la mano de Roberto Rosellini (1948) y de Pedro Almodóvar (2020).

A pesar de qué en estos trabajos que acabo de citar, con Cocteau y Dalí, brilla el genio de Halsman, sus imágenes participan del imaginario de los dos grandes artistas retratados.

Con el cómico francés Fernandel, realizó una original entrevista sin palabras, a través de fotografías. Las expresiones faciales del actor manifestaban las respuestas sugeridas en las preguntas. El resultado de esta idea experimental se convirtió en un divertido libro The frenchman.

Halsman lo expresó bien: La fotografía es una profesión formal, un arte serio y reflexivo, en el que también tiene cabida la diversión.

Admirado en todo el mundo, en cada trabajo su celebridad aumentaba. Llegó a fotografiar a Marilyn Monroe en mas de doscientas ocasiones cuando era una modelo aspirante a actriz, haciéndola saltar para despojarla de su imagen sexy y conseguir que recobrara la naturalidad de la que hacía gala en privado.

En los primeros años setenta, el número de diciembre de la edición francesa de la revista Vogue se convertía en un especial que era encargado a personalidades del arte y de la cinematografía internacional como John Huston, Franco Zefirelli, David Hockney, Joan Miró…; cuando llegó el turno de Alfred Hitchock, Philippe Halsman tuvo una presencia privilegiada pues se incluyó, entre otras, la celebre foto del mago del suspense luciendo una expresión socarrona, tan habitual en él, mientras fumaba un puro habano en el que se posaba un cuervo, realizada en 1963 para la promoción de la película del maestro del suspense “The birds”, que fue portada de la edición.

Gran innovador, defendía la fotografía como un ejercicio de exploración e investigación constante sobre la imagen y la escenificación.

En España hemos visto una gran exposición antológica en 2016 bajo el epígrafe ¡Sorpréndeme! que estuvo en La Caixa de Barcelona y en CaixaForum de Madrid, comisariada por Anne Lacoste. La muestra presentaba las imágenes más celebres del autor, así como de otras series que nunca habían sido expuestas; las portadas de Life, fotomontajes originales e incluso extraordinarias fotos familiares navideñas que salían finalmente a la luz, debido a la colaboración familiar.

Philippe Halsman falleció en Nueva York en 1979, y, desde entonces, su hija Irene Halsman, estudiosa del desarrollo de la consolidada obra experimental y de vanguardia que realizó su padre, se ocupa del patrimonio artístico heredado, realizando labores de comisariado y organización, exponiéndolo por todo el mundo, afirmando divertida: antes del Photoshop ya existía Philippe.

Pepe Calco

Editor de Hünter Art Magazine

 

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