Mashenka

«Машенька» (1942). Юлий Райзман

«Mashenka» (1942). Yuly Raizman

Amor y Guerra en 1939. Inolvidable Valentina Karavayeva

Francisco Huertas Hernández

 

 

 

«Клава серьёзная, Вера красивая, а я – никакая»

 

«Klava es seria, Vera es hermosa, pero yo no soy como ninguna de ellas«. Así se describe Mashenka, uno de los personajes femeninos imborrables de la historia del cine soviético. «Mashenka» es un film de 1942 escrito por el director Yuly Yakovlevich Raizman (1903-1994) y los guionistas Yevgeny Iosifovich Gabrilovich (1899-1993) y Sergey Aleksandrovich Yermolinsky (1900-1984) -no citado en los créditos por problemas políticos-, producido por Mosfilm. Un melodrama contenido que narra la historia del primer amor de una chica que trabaja en una oficina de correos como telegrafista, mientras estudia por la noche Enfermería: Masha Stepanova, interpretado por la encantadora Valentina Ivanovna Karavayeva (1921-1997). La película está ambientada en una ciudad costera del sur de Rusia en 1939, justo unos meses antes del comienzo de la Guerra con Finlandia o Guerra de Invierno (Советско-финская война, Зимняя война) (noviembre 1939 – marzo 1940)

 

Una historia de amor es siempre un viaje entre la ilusión y la desesperanza, en medio de las zozobras de la vida y del mundo. Y eso ocurre en esta sencilla historia que comienza mostrando a Masha (Valentina Karavayeva), en su trabajo, como telegrafista, en una atestada Oficina de Correos de alguna ciudad indeterminada de Rusia, en el año 1939, durante el verano. Sus compañeras son Vera (Vera Altaiskaya) -la guapa, que no nos lo parece en absoluto, aunque sí coqueta-, y Klava (Darya Pankratova), seria y responsable, que tiene un novio tímido. Entre silbidos de locomotoras se escuchan las sirenas del simulacro de ataque con gases lacrimógenos, algo habitual durante la Gran Guerra de 1914, y las chicas de pronto se transforman en voluntarias militarizadas. Un joven taxista que pasaba por allí, Alexey, se convierte, contra su voluntad, en «víctima» de los ejercicios: «Camarada, estás envenenado, contaminado» dicen las chicas con la mascara antigás, y se lo llevan en una camilla.

 

Más tarde, ya liberado, Alexey Soloviov (Mijail Kuznetsov) transporta en su taxi a la soñadora Mashenka, sentada detrás. Su conversación les lleva de la presentación y descripción mutua a los versos que supuestamente escribe el taxista que estudia Ingeniería, y a los sentimientos que se abren paso en el corazón de la encantadora muchacha. Las rudas transparencias (retroproyección) del auto bamboleándose sobre un fondo móvil nos recuerdan que el cine es la magia de lo irreal que nos hace olvidar nuestra realidad para vivir solo en la fantasía. Méliès nunca pretendió la verosimilitud… y, por eso, nos llevó a la Luna, ayudado por Jules Verne y Cyrano de Bergerac. Alexey Soloviov parece un joven seguro. En un extraño raccord vemos después a Mashenka sentada al lado del chofer, aunque el trayecto es el mismo. La intimidad es cercanía física y eso se traduce en la visión de las estrellas, los conocimientos astronómicos de Alyosha y sus versos nocturnos. Cinematográficamente, esta escena tiene un lirismo -remarcado por la música de Boris Volsky– que anticipa narrativamente el vínculo emocional de los dos jóvenes: separados como los astros del cielo por los celos y la guerra, pero unidos por la luz del amor que nació bajo las estrellas y Marte en esa noche. Raizman no es amigo de angulaciones elevadas sino de la cámara a ras de la mirada. El espectador no se va a distraer con la composición del encuadre, sino que podrá entrar en el alma de los personajes. Alyosha ha elegido ser ingeniero. Es un hombre práctico. La ambición de Alexey es la ambición de la URSS: «¿Por qué no tienen cohetes interplanetarios todavía? Necesitamos uno y debemos hacerlo. Se pueden hacer todo tipo de cosas«. «Si. Es verdad» responde Mashenka arrobada y pensativa. La mirada de la chica se alterna con el taxímetro. Se despiden, pero Alexey la invita al teatro.

 

El encuentro fallido en la puerta del teatro, donde Mashenka espera a un ausente Alexey, inicia las pesquisas de la chica. Alexey está enfermo en el edificio de los taxistas. Ella le cuida. Pero el joven no parece estar enamorado. Primera decepción: ella ha escuchado la conversación con el tío Vasya (Georgy Svetlani), un compañero taxista. Mashenka vendió sus cosas para cuidar al hombre al que amaba. El recuperado joven lo descubre. Alyosha quiere prosperar y decide irse a una ciudad turística donde ganará más dinero. Una escena en un restaurante con tipos que beben vodka y babean con las chicas. Un paseo nocturno de la pareja. Él se ha enamorado. ¿Y quién no se enamora de la encantadora Mashenka?

 

El momento de crisis lo desencadena Vera, la amiga «guapa» de Masha, cuando, en la comida, con los taxistas, coquetea sin rubor con Alexey. Masha se va herida.

 

«Septiembre y octubre pasaron» advierte el rótulo separador. Una bella secuencia otoñal en un parque da cuenta a la triste Mashenka de las nuevas que le transmite Klava. Mashka -¡cuántos rediminutivos en la lengua rusa!- ya no trabaja en Correos. Mashenka se alejó por celos de todo su mundo anterior. Una heroína noble que no se interpuso en los requiebros de Vera a Alyosha. Klava asegura que Alexey está haciendo el tonto, y que realmente ama a Masha. Ésta duda, melancólica, y nos da una lección sobre lo que es el amor: «Cuando amas a alguien, deseas que se sienta bien. Harías cualquier cosa por él. Pero si no sientes eso… entonces no es amor». Las hojas caen sobre Masha, y recuerda los versos en aquella noche estrellada de verano, sujetando una.

 

La última sección del film nos sitúa en la Guerra con Finlandia, como en «Guerra y Paz» de Tolstoy, la guerra viene después del amor. Anunciada por la radio: «Это война», exclama Klava. Elipsis: Mashenka es enfermera en el campo de batalla, con su equipamiento invernal, de blanco. El destino -sin el que el amor no sería más que un proceso biológico o legal- une nuevamente a un cambiado Alexey, maduro, y a Mashenka. Él no se atreve a decirle lo que siente. Solo es capaz de expresar en una carta sus sentimientos. La misiva es dirigida a Stepanova. Alyosha queda herido, en una valerosa acción de combate contra el inicuo enemigo finlandés. En una inteligente decisión de los guionistas, un error al entregar la carta a un tal Stepanov, permite la lectura por unos soldados desconocidos de la profunda misiva del héroe soviético:

 

Машеньке:

 

Дорогая Маша, много месяцев я хотел тебя встретить, а когда наконец встретил, так ничего и не сказал. Маша, в тот вечер, когда мы расстались, я как мальчишка решил бросить все: уехать, забыть тебя; но я не забыл тебя. Я многое передумал за это время, я понял, что встреча с такой девушкой, как ты, — огромное счастье в жизни, и это счастье надо уметь сберечь. Я не сберёг. Маша, мы уже не дети, мы знаем, что скоро наступит время, когда будет решаться судьба всего мира, и эту судьбу будем решать мы: ты, я, другие такие же, как мы…

 

— Твой Алексей Соловьёв

 

(Querida Masha:

 

 Querida Masha, durante muchos meses quise encontrarte, y cuando finalmente te encontré, no pude decirte nada. Masha, la noche en que nos separamos, yo, como un niño, decidí renunciar a todo: irme, olvidarte; pero no te he olvidado. Cambié mucho de opinión durante este tiempo, me di cuenta de que encontrar a una chica como tú es una gran felicidad en la vida, y esta felicidad debe ser conservada. Yo no sabía cómo Masha, ya no somos niños, sabemos que pronto llegará el momento en que se decidirá el destino del mundo entero, y nosotros decidiremos este destino: tú, yo, y otros como como nosotros… Nos enfrentamos a años de duro combate. Y si en esta vida tú necesitases mi ayuda… vendré a por ti sin importar donde pueda estar.

 

— Tuyo Alexey Soloviov)

 

El final, rodado con los alemanes a las puertas de Moscú, tiene más de aliento bélico que de historia de amor, pues éste queda supeditado a la defensa de la patria amenazada.

 

Gabrilovich escribió que la imagen de Mashenka nació cuando vio accidentalmente a una chica bajando de un tranvía en Odessa. La joven telegrafista, vital y sencilla, que reconoce no haber leído ni a Marx ni a Lenin, contrastaba con los personajes estelares de Lyubov Orlova -«Цирк» (1936). Grigory Aleksandrov- o Marina Ladynina -«Богатая невеста» (1937). Ivan Pyryev-, en comedias musicales con mujeres más sofisticadas.

 

Como explica Olga Romanova, el papel de Masha fue el debut cinematográfico de Valentina Karavaeva, una estudiante de Raizman de la escuela de cine Mosfilm. Según Raizman, en algún momento durante el rodaje, se reveló en ella un talento sensible y sincero. La actuación de Karavayeva resulta absolutamente natural, como si se estuviera interpretando a sí misma. Por el papel de Mashenka, Karavayeva recibió el Premio Stalin de II Grado, con solo 21 años, siendo la actriz más joven en recibirlo. Sin embargo, su destino cinematográfico, habiendo comenzado con tanto éxito, sería trágico. En 1944, de camino al rodaje de la nueva película, «Небо Москвы», de Yuly Raizman, Karavayeva tuvo un accidente automovilístico: el automóvil chocó con un tranvía a gran velocidad. El conductor murió y Valentina Karavayeva quedó con una terrible cicatriz que se extendía desde la oreja hasta la barbilla. Su rostro quedó desfigurado y arruinó su carrera como protagonista.

 

Olga Romanova afirma que la historia de amor de Masha Stepanova y el taxista Alexey Soloviov se desarrolla en el contexto de la detallada vida cotidiana registrada en los años anteriores a la Gran Guerra Patria. Los contemporáneos reconocieron en la pantalla las características de la austera vida social: un restaurante soviético que parecía una taberna y los simulacros de ataques con gas de antes de la guerra. La atmósfera de “documental” también la crean los detalles: un lazo prestado por una amiga a Mashenka para la primera cita en el teatro, unos zapatos de charol regalados por Alyosha.

 

Como en la famosa película de Raizman «Лётчики» (Pilotos) (1935), aquí se utiliza la técnica de hablar indirectamente sobre el amor: las experiencias de Mashenka se transmiten a través de pausas, miradas, gestos y cambios de emociones en su rostro. Es la naturalidad de Karavayeva lo que eleva el film de melodrama a drama lírico. Nada de histrionismos ni golpes de efecto tan propios del cine de Hollywood. La huella de Pushkin, Turgeniev, Tolstoy o Chejov, así como la de Chaikovsky son palpables: la «rusicidad», el «alma rusa».

 

El guion sobre personajes realistas no socialistas intencionadamente anodinos estuvo durante mucho tiempo haciendo dudar al Estudio Mosfilm: se sospechaba que la futura película entraría en el janzhonkovismo, en el romance pequeñoburgués. Como resultado, el rodaje de «Mashenka» comenzó solo en la primavera de 1941. Raizman recordó más tarde que después del inicio de la guerra, esta imagen comenzó a parecerles inoportuna a los autores. «En los días más difíciles, cuando los alemanes se acercaban a Moscú, estábamos inmersos en escenas del nacimiento del amor… Cuando esperábamos otro ataque aéreo en los refugios en el patio de Mosfilm, nuestra filmación nos parecía especialmente ridícula. Como resultado, el guion se completó y los héroes de la película, Masha y Alexey, compartieron el destino de su generación: terminaron en el frente«.

 

De todas maneras, «Mashenka» siguió siendo una película sobre el amor, que los héroes que maduraron rápidamente no pueden dejar de recordar: la enfermera Mashenka y el soldado Alexey. Se filmaron escenas en Vyborg y Alma-Ata, donde Mosfilm fue trasladado. Como admitió más tarde el director, los episodios bélicos de primera línea le dejan con un sentimiento de insatisfacción: ni él ni el equipo de filmación tenían impresiones personales de la vida en el frente, por lo que se perdió el sentido de autenticidad, tan importante para esta película.

 

En el invierno de 1942, se estrenó el film. Raizman y Gabrilovich esperaban un fracaso, pero en el frente, en los hospitales y en la retaguardia, fue percibida como una historia conmovedora sobre el milagro de la vida cotidiana. A Stalin también le gustó la película sobre los sentimientos (como Karavayeva, sus autores recibieron el Premio Stalin). «Mashenka» se ha convertido en una de las pinturas más atípicas de los años de la guerra.

 

Hoy «Mashenka», vista sin anteojos ideológicos anticomunistas ni rusófobos, es un ejemplo de cine romántico en el que las cuitas amorosas universales de dos jóvenes conviven con la feroz cara de la guerra. Gracias a Karavayeva el personaje de Masha conserva el encanto de la ingenuidad y la ensoñación, el sacrificio y la pureza infantil del mejor arte que refleja la humana condición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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