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Joan Fontcuberta

La mentira contra la verdad

 

por Pepe Calvo

 

“Una fotografía vale más que mil mentiras; me gusta tender trampas, provocar desconfianza, hacer un juego de ilusiones, prestidigitar, lograr que el espectador mire hacía otro lado ¡y colársela! Pretendo desenmascarar los mecanismos del engaño.” Joan Fontcuberta

 

No creo revelar nada nuevo cuando digo que Joan Fontcuberta es mucho más que un autor de fotografías. Al acercarte a su trabajo descubres los múltiples recursos que maneja para realizar su obra, inventando tramas con la intención de hacernos creer que son auténticas, partiendo de complejos conceptos, contando historias, auténticos fakes, retando a ciertas materias, que ejercen su autoridad, desde la lejana noche de los tiempos, como la ciencia o la religión, con gran imaginación y mucho sentido del humor.

El humor es imprescindible en todo acto de creación, dijo una vez un sabio.

Mentir bien contando la verdad, podría ser su lema.

En cada uno de sus proyectos, nos invita, con espíritu crítico y gran ironía, a cuestionar todo lo que hemos aprendido y aceptado como auténtico

 

En 1973, a los 18 años gana el trofeo de mayor prestigio en nuestro país, el premio Negtor, con una imagen en la que un inquietante órgano auditivo, una oreja humana enorme, surge a través del muro de una casa.

Un año más tarde, en 1974, realizó su primera exposición en la Sala Aixelá, galería que llegaría a tener gran importancia dentro y fuera de Cataluña; en realidad era una tienda de material fotográfico, situada en la Rambla de Cataluña, en la que existía un pequeño espacio donde se realizaban exposiciones dedicadas a los autores más interesantes de la fotografía catalana que han sido considerados clásicos; dirigida desde 1959 por el critico, alma de la fotografía en aquellos años, Josep María Casademont, que realizó una gran selección de autores como Oriol Maspons, Ricard Terré, Catalá Roca, Joan Colom, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Colita, Leopold Pomés, Pere Formiguera, Paco Elvira, Manel Esclusa y un largo etcétera; en Aixelá, el joven Fontcuberta presentó una obra de iniciación en la que su exuberante imaginación nos relataba historias impregnadas en tintes surreales y neo dadaístas; algunos años después su trabajo dio un vuelco importante girando de forma extraordinaria hacia lo conceptual.

La importancia de Cataluña

En España, a pesar de contar con la magnificencia del fotógrafo José Ortiz Echagüe, maestro del pictorialismo, la fotografía era considerada un oficio o un entretenimiento para amateurs y sociedades fotográficas, sin gozar de estimación artística. Cataluña fue la primera comunidad que le abrió las puertas situándola en el lugar que tiene en la actualidad. Si la pionera fue la Sala Aixelá como acabamos de ver, desde 1959; en Barcelona se abrieron en los años setenta un sinfín de espacios dedicados al arte fotográfico, de los cuales, por su importante trayectoria, destacaremos dos de las primeras galerías que exponían exclusivamente obras fotográficas de autor, reuniendo una buena cartera de coleccionistas de toda Europa.

Spectrum Canon

Dirigida por Albert Guspi y Sandra Solsona, la Galería Spectrum, inaugurada en 1973, con el patrocinio de la firma Canon, realizó exposiciones de fotógrafos clásicos como Dorothea Lange, Richard Avedon, Bernard Plossu, Christian Vogt, Agustí Centelles, Irina Ionesco, Ouka Lele -en su primera exposición en Barcelona-, etc.

Albert Guspi (1943 – 1985), figura central en la escena fotográfica española, ejerciendo como visionario, incansable promotor de esta nueva cultura de la imagen, fue así mismo creador, en 1978, del CIFB, Centro Internacional de Fotografía de Barcelona.

Fotomanía

Otro de los espacios más importantes de aquella época fue la Galería Fotomanía, dirigida por Asunción Rodés y Cristina Zelich. Abrió sus puertas en la calle Ganduxer en 1976. Martin Parr, Humberto Rivas, Manel Esclusa, Pepe Calvo, Ferrán Freixa, Toni Catany, Tony Keeler, entre otros, fueron los fotógrafos que colgaron allí sus imágenes.

Es significativo mencionar que muchos de los pueblos de Cataluña contaban con espacios especializados donde se exponía obra fotográfica.

Procés, Nikon y Vinçon fueron otras de las galerías de la capital catalana que se abrieron en aquellos tumultuosos años setenta que tuvieron un destacado papel en el auge de la explosión fotográfica en nuestro país, consiguiendo persuadir al mundo del arte del lugar que correspondía situar a la fotografía.

Madrid

Debo mencionar a la Real Sociedad Fotográfica de Madrid que aglutinó en aquellos años a la Escuela de Madrid, que trataba particularmente temas documentalistas, compuesta por grandes fotógrafos como Gerardo Vielba, Leonardo Cantero, Juan Dolcet, Sanz Lobato, Sigfrido de Guzmán, Francisco Ontañon, Gabriel Cualladó, etc. que exhibían sus fotos en la sala de exposiciones de la mencionada Real Sociedad, en la calle Príncipe, y en una de las publicaciones destacadas de entonces “Arte fotográfico”, dirigida por Ignacio Barceló, dedicada al concurso de aficionados en la que incluyeron a menudo portfolios del maestro alicantino Tono Marín.

Así mismo, debo significar que en 1950 el Grupo AFAL de Almería fundado por el fotógrafo Carlos Pérez Siquier promovió la fotografía como medio de expresión del artista de vanguardia.

He de destacar incluso que la Galería Juana Mordó, una de las más importantes de la capital, se interesó en el hecho fotográfico realizando una exposición del fotógrafo histórico británico Bill Brandt, a finales de los años sesenta, pero no cundió el ejemplo hasta años mas tarde en que inauguraron Photocentro, en la plaza de la República Argentina, de la mano de Belén Agosti y Aurora Fierro, donde se impartían clases de fotografía, editaban la revista francesa Zoom, y en su pequeña galería exhibían a fotógrafos destacados; por aquel entonces, Tino Calabuig y  Rosalind Williams abrieron la Galería Redor, junto a la Puerta de Alcalá, en la que tuve el privilegio de exponer la serie Donna Immobile, en octubre de 1980.

La verdad sobre Fontcuberta

Yo diría, sobre todo, que su leit motiv es la investigación sobre la propia fotografía, con una importante reflexión sobre la fragilidad de la imagen fotográfica, demostrando que, a pesar de que el documento gráfico, poseedor total de la incuestionable verdad, es absolutamente manipulable, pudiendo crear dudas en el espectador, que de hecho las crea. Ante el trabajo de Joan Fontcuberta solo existe una certeza: en un momento dado todo puede dar un giro y convertirse en algo diferente a lo que en principio aparentaba ser. Por ello genera sus propias ideas mediante tramas inventadas, simulando estar elaboradas a través de documentos de la historia con mensajes subliminales conseguidos de forma arbitraria, con toda la autoridad que derrochan los textos, escritos por el mismo autor, que acompañan cada una de sus series, jugando con la idea de qué si algo puede fotografiarse es que es real, con toda la intención puesta en el ánimo de generar confusión. 

“La fotografía no es un procedimiento ni un instrumento. Es una forma de pensar, rebasando el ámbito del arte y de la comunicación.” J.F.

Rigor manipulable

Publica en los medios, no como artista que muestra su trabajo, si no como una más de las noticias del día, como ejemplo: la llegada de los rusos a la luna, donde el mismo Fontcuberta se convierte en el astronauta imaginario Ivan Istoichnikov que se va a la luna con la perra Kloka (en homenaje a la perra Laika que los rusos enviaron hace mas de sesenta años), para ello escribe toda una trama que figura en el catálogo de la exposición, documentándola con textos, fotografías y fotomontajes que nos sumergen en la realidad creativa de este artista singular y único, todo un maestro del embuste. Me estoy refiriendo a la muy célebre serie Sputnik (1997); antes había creado plantas de sofisticados nombres (Herbarium, 1982-85) y animales únicos y nunca vistos (Fauna, 1985-89, donde también intervino el fotógrafo Pere Formiguera). Manejando doctrinas, en principio incuestionables como la botánica o la zoología que pueden carecer del rigor que les ha sido otorgado por la ciencia, debiendo estar alerta ante la posible manipulación sufrida por nuestro genial artista que pretende engañarnos, a la primera de cambio, a través del mensaje que permanece latente en el discurso que contienen sus imágenes.

Semiópolis

En 1999 realiza este trabajo bajo el concepto de qué quién lo vea no lo pueda descifrar y quién podría descifrarlo no puede verlo. Se trata de un diálogo visual entre la escritura de signos y la imagen. Con el título de Semiópolis, palabra inventada que une semiótica (teoría de los signos) y polis (proveniente del griego, referida a las ciudades de la antigüedad), fotografía fragmentos de textos en braille de los libros imprescindibles de la cultura universal como Don Quijote, La Biblia y La odisea, entre otros, creando una perspectiva a contraluz donde figuran estos textos concretados como paisajes en un fondo nocturno.

Jean Fontana

En la serie La sirena de Tormes (2000), a través de la revista Scientific American y, confirmado por los testimonios documentados por el geólogo y sacerdote Jean Fontana (personaje inventado) nos muestra el descubrimiento de unos fósiles de una especie desconocida de homínidos acuáticos que nos recuerda a las sirenas de nuestros relatos de juventud.

Karelia: Reportaje de investigación

Con la serie Karelia: Milagros & Co. (2002), propone un estudio, crítico y lúdico, de superstición con la intención de desdramatizar los sentimientos religiosos.

Cuando el periódico de mayor tirada de Helsinki Sanomat lanza un anuncio a través del cual el monasterio Valhamönde convoca cursos de carácter práctico y teórico de milagrología interconfesional, Fontcuberta se convierte, de inmediato, en pope ortodoxo y se interesa en seguir estos cursos; para ello se desplaza al citado monasterio y se une al resto de novicios para practicar los ciclos de los nuevos milagros que surgen de su imaginación, milagros de aire, de fuego y de tierra, recopilando al mismo tiempo imágenes fotográficas que servirían de prueba para desenmascarar tamaña superchería.

“La deriva a la que nos abocan estos fanatismos, más o menos disimulados, y la vorágine actual de cultos, ritos, sectas, credos, supersticiones y fes, lejos de conducir al amor y a la paz, constituyen la principal semilla de confrontaciones a niveles nacionales y planetarios”. Dice su autor ante este trabajo.

Trepat

En 2014: Trepat. Fotografiando la maquinaria de la empresa leridana de Josep Trepat Galceran comparándola con la obra de los grandes artistas europeos del siglo XX como Man Ray, Moholy-Nagy, Rodchenko y otros, creando una colección de arte ficticia nos invita a revisar a los dadaístas, al futurismo, surrealismo, el suprematismo, etc.

El comisario Iván de la Nuez dijo de él que era el menos literal y el más literario de los fotógrafos debido a la constante narración de las ficciones que introduce en toda su obra.

Arte filosófico

Joan Fontcuberta (Barcelona 1955), ha revolucionado el medio fotográfico entendiéndolo como un arte filosófico; ha impartido docencia en la universidad desde la edad de 23 años, así mismo ha trabajado como publicista, crítico, periodista, fotógrafo, historiador y comisario de exposiciones. Colabora con la mítica revista Nueva Lente desde sus inicios en los años setenta y crea la trimestral Photovisión (1980), dos grandes publicaciones que impulsaron la fotografía de autor en nuestro país. A inicios de la década de los ochenta, forma parte del grupo de gestores que fundaron la Primavera Fotográfica, bienal que se celebraba en Barcelona, con todas las salas de exposiciones de la ciudad invadidas por la fotografía de los grandes fotógrafos nacionales e internacionales, veinte años antes de Photoespaña.

Ha expuesto en museos, centros de arte y galerías importantes de todo el mundo, como el emblemático Museo de Arte Moderno, MOMA de Nueva York, Art Institut de Chicago, el Foam de Amsterdam, IVAM de Valencia y el Palau de la Virreina de Barcelona, la Maison Europeenne de la Photographie de Paris y el Science Museum de Londres. En Alicante hemos podido ver su serie Contranatura que exhibió el Museo de la Universidad de Alicante en 2001. Ha sido galardonado con los premios más relevantes como el Premio Nacional de Fotografía, concedido por el Gobierno de España en 1998, el Premio Nacional de Ensayo 2011 con la obra La cámara de Pandora, y, en 2013, se convirtió en el primer español en conseguir el premio Hasselblad, considerado el Nobel de la Fotografía que ha recaído en otras ocasiones en Sophie Calle, Richard Avedon, Sebastiao Salgado… Ha publicado mas de cien libros y catálogos, en unos nos muestra su obra visual y en otros, de carácter docente –La furia de las imágenes, La cámara de Pandora, El beso de Judas…- nos habla de nuevos conceptos y formas de expresión en el arte contemporáneo.

Fontcuberta desvela, en unas frases, algunas de sus estrategias que nos permiten entender mejor al artista y su obra:

Estudié Ciencias de la información, y, trabajé unos años en publicidad y en periodismo. Ambas actividades fueron escuelas de ficción y mentira, y, en ambos casos la fotografía ocupaba un rol autentificador. Yo me propuse mostrar hasta que punto el exceso de verdad fotográfica era una pura construcción cultural. No aspiro a engañar, si no a enseñar a descubrir el engaño. Mi mayor satisfacción es cuando el público se hace cómplice de mis estrategias. 

                                                  Pepe Calvo, 2021/ Director y editor de Hünter Art Magazine

 

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