Javier Pastor

LA GEOMETRÍA ORGÁNICA DE JAVIER PASTOR

“La expresión del sentimiento ante la vida, inspira mi obra. La búsqueda del equilibrio. Si fuera poeta, escribiría un verso; si músico, compondría una melodía. Pero soy pintor desde que nací y en mi pintura va implícito el poema y la música. No sólo interpreto, intento comprender la vida a través de su más fiel herramienta: el arte.”

Javier Pastor

 

 Regreso a Ítaca es una de las series de Javier Pastor, comprendida entre 2006 / 09. Es el reflejo de “éste tránsito sin acabar” de éstos últimos 15 años de trabajo en los que se sumergió en la abstracción geométrica. Kavafis en su poema Itaca, recomienda que pidamos que ése viaje sea largo, lleno de experiencias y no temer todo lo que le acecha. Siempre debes tener en cuenta dónde quieres llegar y el premio no será el final, será el camino en sí.

Javier está todavía en el camino, cada vez más seguro y realizando cada vez obras más complejas y grandiosas. A través de sus series, una tras otra, podemos ver claramente el hilo conductor de su obra. Comienza con Laberinto a finales de los 90. Es la serie más intimista. La búsqueda del yo, el mirar al interior y reconocerse uno mismo. Todo laberinto se aplica a los caminos difíciles, pasar por ellos es como un rito de iniciación. Es el centro espiritual oculto y cuando  se sale de él vemos la luz.

África es la serie que crea su yo pictórico. Ya interiorizado en sí mismo, refleja la cultura Dogom, Cultura cosmológica, técnica y científica, Javier la asimila como propia, recoge su esencia y la expone con su propia visión. Es una serie muy bien pensada, llena de puertas que nos conducen a otros conocimientos. La armonía del color, el enlace de unos con otros sin roturas. Y sobre todo compositivamente esas franjas verticales que son pilares de una cultura fuerte y auténtica.

En su serie de Puentes, utiliza éste icono como elemento de comunicación, de unión. Ésta serie es de gran formato, todas sus obras tienen un gran ritmo, el juego de arcos y pilares, transparencias y juego de espacios vacios, hacen de ella un conjunto armónico, donde cada obra nos da paso a la siguiente en perfecta comunicación.

Javier todavía tiene mucho que decir y mucho que expresar, haciendo que su obra sea serena, armónica, estudiada, bien ejecutada y sobretodo muy bien compuesta y pensada, nada escapa a lo casual o arbitrario.

SARA TATO GUERRA (Lda. En Bellas Artes y crítica de Arte)

 

¿Qué hay detrás de la mirada de un pintor que desde 1953 contempla el mundo sin cesar, de hacer preguntas, deseando entender, explorando siempre, tratando de cruzar la línea que separa la realidad del deseo, la aritmética de la emoción, el yo del todo, el abrazo del caos?.

Si leemos las primeras líneas de su currículo sabemos que estudió Bellas Artes en las Facultades de San Carlos de Valencia y San Fernando de Madrid, pero lo determinante es que Javier Pastor es un escolástico a caballo entre dos siglos que técnicamente ha encontrado en la revolución tecnológica la horma de su pensamiento, el tránsito perfecto entre la tradición y el universo digital de la imagen. Pero antes de ésa conquista sus principios fueron tan figurativos como los de cualquier mortal, hasta que su camino desembocó en la inevitable encrucijada de  Kandinsky, que invitaba a rescatar lo espiritual de las cosas materiales, se alimentó el pintor durante décadas, caminando en línea recta y probando múltiples estilos plásticos de las vanguardias. Hasta que hace 15 años decidió regresar, es decir, volar de lo abstracto al objeto concreto. Y es ahí donde Javier se nos hace escolástico, cuando empieza a entender que todo cuerpo se halla constituido por dos principios esenciales: materia y forma, cuando concibe su pintura como un filósofo de la naturaleza- qué cerca le queda Aristóteles y el hilemorfismo- cuando ante el duelo espacio- tiempo, cuadrado- circulo, tierra- alma, toca encontrar la esencia del ser material, lo que permanece a pesar de que la forma cambie, vibre, transcurra, gire, se erosione o se transmute.

Es en el año 2016 cuando  expone en Nueva York. Lo que Javier Pastor se lleva a “La gran manzana” son variaciones sobre un mismo tema, sobre un tema que viene inquietando al hombre desde que camina erguido y emplea como arma el pensamiento. Javier Pastor ha captado desde su lucha interior la esencia, el néctar, la sangre, el elixir de la materia y ello sin prescindir del momento en que ésta se transfigura.

El elixir de la naturaleza es todo eso y quizá algo más. Son pinturas en las que todo suena a dualidad, a juego de opuestos, a geometría y alma (residuos de un taoísmo de juventud que morirá con el artista), colores que estallan de azules de ocres telúricos, de rojos profundos y de verdes de agua.

La última aventura plástica de Javier Pastor, pedazos de mundo de un artista nuestro que ha volado al otro lado del planeta para mostrar nuestra luz, nuestro mar, nuestro modo de concebir el dolor de vivir, para recordar que somos hijos de nuestro tiempo, pero sobre todo para dejar constancia de que la pintura es una necesidad y un intento de entender la vida, y quizá también una pregunta –como decía Cernuda- cuya respuesta no existe.

JOSE LUIS FERRIS (Escritor, poeta y ensayista, Ldo. en Filología Hispánica y Doctor en Literatura Española)

 

 

 

 

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