Especial Cine Polar

Isabel G. Oliveros 

Estrella Millán Sanjuán

CINE POLAR

Por Isabel G. Oliveros

 

«Polar» es un neologismo/galicismo del argot francés, apócope que nace del juego de palabras entre los términos «policier» (policíaco) y «noir» (negro). Fonéticamente la pronunciación viene a sonar como «pol-(icier)-(nu)-ar»: pol-ar. A su vez, juega con el británico vocablo «Hard boiled» -en jerga popular francesa: «Boile-hard», se le da la vuelta- y suena como «boilard»- polar… Sofisticado, muy galo; pero real, no me lo invento… De hecho, uno de los rasgos más genuinos del género es precisamente el uso del argot callejero.

 

Es un subgénero policíaco y de explotación asociado a la novela negra, que deriva de la ficción criminal y de misterio en torno al mundo detectivesco y del espionaje.

 

Los componentes lascivos le dan un sello especial: violencia extrema, asesinatos, fuerte erotismo y/o sexo explícito; casi siempre bajo un argumento algo fantástico e irreal, con personajes del hampa -detectives o gángsters que funcionan indistintamente como héroes/antihéroes protagonistas-.

 

En las décadas entre los años 20 a los 30 proliferan en Francia e Italia las publicaciones modestas de consumo popular; podría decirse un valorado subgénero de la escabrosa Literatura «Pulp», más por su contenido que como formato de impresión.

Y es en esa tendencia donde hay que buscar el germen del Polar: cine francés de intriga criminal, que parte de finales de los años 30, hasta los 70, muy influenciado también por los maestros del cine negro y de suspense del Hollywood de los 30-40, sobre todo por novelistas como Raymond Chandler o Dashiell Hammett: una especie de serie B del Noir americano genuino, a su vez espejo de anteriores corrientes del cine negro europeo.

A partir de Mayo del 68 se podría hablar de una tendencia más marcadamente canallesca dentro de este género policial, alejándose de la estilización del Realismo Poético, que tuvo más peso en sus albores.

 

Aparte de Jean Pierre Melville -verdadero impulsor del género más depurado-, o Deray, están Clouzot, Verneuil, Chabrol, Claude Sautet, Jacques Becker, Julien Duvivier o Costa-Gavras…

 

La Nouvelle Vague también intersecciona con la intriga criminal de inspiración-tributo al Noir en À bout de souffle, Bande à part o Pierrot le fou, de Godard; La novia vestía de negro o La sirena del Mississippi, de Truffaut…

Sus intérpretes emblemáticos: Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Trintignant, Montand, Jean Gabin, Delannoy, o Eddie Constantine -Lemmy Caution en “Alphaville»-; sin olvidar a las heroínas: Simone Signoret, Jeanne Moureau, o La Deneuve, entre muchas otras…

 

Entroncando directamente con el Polar, el Giallo, subgénero italiano derivado del thriller policíaco y del cine de terror -sangrienta vuelta de tuerca más sexual, casi acariciando el gore, el slasher y el porno-; es una corriente sofisticada y retorcida dentro del suspense negro, con especial vigencia en los 70.

«Giallo» -amarillo, en italiano- hace referencia al color de las cubiertas de ciertas novelas policíacas baratas editadas durante los años 30 en Italia; asimilando el cine gran parte de sus argumentos y elementos formales, sería el equivalente del Pulp americano, fuente de inspiración del cine de gángsters de la etapa pre-Código Hays.

Georges Franju, con «Les yeux san visage» (Los ojos sin rostro, 1960) vendría a ser un puente entre el primigenio Cine Polar y el Giallo más genuino de Mario Bava y Argento; luego vendrían otras vueltas de tuerca con el Slasher de Carpenter y el posterior y sobreexplotado cine gore.

 

Más tarde el querido Tarantino cerraría magistralmente  el círculo en su formidable Pulp-Fiction, peculiar homenaje, a su vez, al Polar Francés.

 

Prometí que le dedicaría una publicación a este galimatías verbal y cinematográfico, et… Voilà!

Isabel G. Oliveros

Licenciada en C.C. de la Información, rama de Imagen Y Sonido por la Universidad Complutense de Madrid Postgrado de Escritura de Guión en La EICTV  de San Antonio de Los Baños, Cuba, becada por El Ministerio de Cultura.

Profesora de Guión, Correctora en Los ladrones van a La Oficina, para TV y analista de guiones para productora de cine Tornasol.

También tengo experiencia como realizadora de videoclips y como productora de Informativos en Telemadrid y Castilla-La Mancha

Actualmente en Ser Málaga con el espacio “Málaga, Plató de Cine”, en Hoy por Hoy.

 

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ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL POLAR

Por Estrella Millán Sanjuán

 

El tema criminal despertó un gran interés desde los albores del cine entre los primeros creadores y el público francés. Bebiendo del Naturalismo, movimiento artístico que imperaba en Francia y Europa, urgía representar y reproducir la realidad, en este caso en su faceta más sórdida y oscura. Como ejemplos más evidentes y pioneros nos encontramos con “Histoire d’un crime” (1901), de Ferdinand Zecca, en el que ya existe un asesinato, posterior detención por la policía y muerte en guillotina. Un hallazgo en que, a pesar de estar enmarcado en un protocine, existe un intento de narración más elaborada con esa doble pantalla de recuerdos del preso en su última noche. Considerada la primera historia policial en el cine francés, sin embargo, encontramos unos años antes un corto en clave de comedia de Alice Guy donde los hechos delictivos de unos ladrones son minimizados por el sentido del humor cuando los gendarmes que los persiguen por los tejados abuhardillados son arrojados al vacío (que no vemos) ganándoles la partida en una sátira contra el sistema en “Les cambrioleurs” (1898). De igual forma respecto a la pena de muerte, podemos observar en Georges Méliès que, además de su cine ocurrente, también acudió al crimen en “Les incendiaires” (1906) con parecida temática delictiva y ajusticiamiento con guillotina muy bien recreado con su capacidad para la magia, escenas que causaban gran temor y asombro entre las personas que asistían a las salas de la época. Maurice Tourneur pronto caería en la tentación del crimen, que años después perfeccionaría con el género de  terror, al igual que su hijo Jacques. En 1913 crearía un corto junto a Émile Chautard, basado en la obra “Le mystère de la chambre jaune”, de Gaston Leorux, de 1908 y titulado igual, en el que se darían un intento de asesinato y crímenes posteriores originando esas intrigas de cuarto cerrado que tanto adoraba el público.

Con su germen en novelas policíacas de folletín muy populares adaptadas al cine, tenemos como ejemplo la serie criminal “Fantômas”, que adaptaría Louis Feuillade entre 1913-14, posteriormente realizándose también en la década de los 20 en EEUU. Tuvo tal éxito, que el mismo director creó el serial mudo “Les vampires” (1915-16), que lanzaría al estrellato a Musidora (Irma Vep) con esas historias en relación a una organización criminal y que tanta influencia tendría en directores sobresalientes, así como completaría la trilogía con “Judex” (1916), otro serial de gran popularidad sobre un héroe que anticiparía la afición a la literatura pulp de escasa calidad. Sin embargo, estas series generaron críticas por glorificar a los criminales y forajidos, sello que más tarde sería una constante en el polar. Pero gozaron de tanta repercusión, que estos seriales han sido homenajeados por Julien Duvivier en “Le mystère de la tour Eiffel” (1928), Claude Chabrol con sus capítulos de la serie de 1980 o Georges Franju con su revisión de “Judex” (1963). Lo cual denota la intemporalidad y calidad de estas obras de Feuillade.

Ya inmersos en la vanguardia, encontramos la excelente película de Jean Epstein “Coeur fidèle” (1923) en la que se atisba, debajo de esa experimentación inigualable en la narración visual, un interés en los bajos fondos alrededor del muelle de Marsella, acercando al público un melodrama social, pero de una forma tan poderosa visualmente, que sublimaba la tragedia.  Mafia marsellesa, actos delictivos, personajes criminales, asesinato, abusos, amor pasional, se dan cita con un impresionismo virtuoso del que hacía gala Epstein y que asentaba las bases del posterior movimiento, el Realismo Poético, sobretodo el de Marcel Carné y Jean Grémillon, en esos ambientes portuarios que aderezaban la ambigüedad moral de los personajes. Pero no sería la única referencia al crimen de Jean Epstein, pues en 1929 rodó “Sa tête”, en la que un hombre asesina a un banquero que acosa a la chica de la que está enamorado.

También es ejemplo precursor de ese movimiento y del neorrealismo la excelsa película “Ménilmontant” (1926) de Dimitri Kirsanoff, en la que encontramos escenas bastante crudas como el asesinato brutal de los padres de dos niñas con que nos sorprende ya al inicio, con esa genial elipsis de un hacha que cae al suelo entre forcejeos. Una historia sórdida que nos introduce posteriormente en el corazón sin esperanza del barrio de París donde las hermanas son absorbidas por la injusticia social, la miseria, prostitución y diversas penurias. Un magistral y memorable ejercicio estilístico y temático.

Antes de entrar de lleno en el Realismo Poético, observamos la temática en torno al crimen y personajes desarraigados y carcelarios en “La petite lise” (1930), de Jean Grémillon, un drama con asesinatos, prostitución, con una parte estupenda realista, documental, de la prisión de la Guayana; una historia marcada por la fatalidad, sello característico del cine que vendrá en la década de los 30 antes de la II Guerra mundial. Interesante, con la participación de la misma protagonista que la anterior de Kirsanoff, Nadia Sibirskaïa. También hallamos la primera adaptación de una novela de Georges Simenon por Jean Renoir en «La nuit du carrefour» (1932), interpretada por su hermano Pierre haciendo del detective Maigret, que tantas películas aportaría con posterioridad. Un año después nos detenemos en otra adaptación de otra novela de Simenon por Julien Duvivier, como es “La tête d’un homme” con un asesinato por encargo para cobrar una herencia tratado de atribuir a un hombre con discapacidad intelectual.

Si este importante e influyente movimiento asienta sus bases en un realismo sublimado por la estilización deudora del expresionismo alemán y direcciones artísticas que recreaban esos ambientes nostálgicos, melancólicos y brumosos, también tenían su principal baluarte en los guiones de autores como Charles Spaak y Jacques Prévert, que actualizaron el cine creando obras naturalistas apoyadas en diálogos intensos que engrandecían las historias, aportando un especial lirismo y un ropaje literario con sus sublimes diálogos, apuntalados con un desesperado romanticismo. Aunque también las adaptaciones de novelas de Émile Zola, Georges de la Fouchardière, Henri La Barthe, Albert Simonin, James Hadley Chase, Pierre Mac Orlan o Georges Simenon, entre otros, fueron claves para la creación de un noir francés inigualable.

Existe un pensamiento generalizado en torno a que el cine negro es un género solo norteamericano, en gran medida por el concepto genérico que acuñaron unos críticos franceses en 1946 atribuyéndolo a ese país, afianzado definitivamente por un libro por el que la prensa y los historiadores norteamericanos desarrollaron la concepción de que es un estilo de cine genuinamente estadounidense. Pero diversas fuentes hablan de que el concepto se crea en Europa, cuando el término film noir aparece ya en 1938 por la prensa del momento, catalogando así muchas películas de una forma particular del Realismo Poético. De hecho, en algún libro de historia antiguo, encuentro que este movimiento es llamado también “Realismo negro”. Hallamos que el libro del estadounidense James M. Cain, “El cartero siempre llama dos veces” (1934) vio su primera adaptación al noir con la estupenda película francesa de Pierre Chenal “Le dernier tournant” (1939), antes que la de Visconti y la de Tay Garnett (1946). Incluso Fritz Lang adaptó la misma obra de Fouchardière, años después de “La chienne” (1931) en su exilio americano, creando “Scarlett Street” (1945), volviendo la mirada a Francia, a la que emigró también anteriormente desde Alemania.

 

 

 

El film noir norteamericano tuvo su origen en el de gánsteres de los 20 y 30, un cine auténtico de allí, por su idiosincrasia histórica, pero también se vio influenciado estéticamente por directores y técnicos que emigraron o se exiliaron allí desde Europa y que aportaron su sello especial. En ese aspecto sí podemos decir que existe una confluencia entre los dos noir, sobre todo con la mirada de admiración que dirigieron los franceses a partir de los 50 a EEUU, pero al que también supieron añadir y acuñar un término propio: Polar –apócope de “policier” y “noir”– con especiales características, localizaciones y temática, pero con un origen anterior ya en su propio país.

De la época de Marcel Carné, Jean Renoir, Julien Duvivier, Jean Grémillon, Jacques Feyder o Pierre Chenal, el polar posterior heredó con gran acierto esos personajes arrancados de las capas más bajas de la sociedad, desertores, presos, asesinos, prostitutas, proxenetas, corruptos, violentos, mafiosos, con un deliberado pesimismo negro; pero también existe un romanticismo en esos seres desubicados, en los que existen códigos de honor y tiempo para el amor. Almas con un denominador común lo más parecido a una tragedia griega, proscritos que queman su existencia para encontrar la felicidad.

Si me tengo que quedar con una referencia de esta etapa del cine francés, lo hago con Jean Gabin antes de exiliarse a EEUU, cuya composición de personajes se ajusta a esa idea de fatalidad, de desarraigo, nihilismo y fracaso. Películas como “Pépé, le Moko” (1937) de Julien Duvivier, “Le quai des brumes” (1938) o “Le jour se lève” (1939) de Marcel Carné, representan el espíritu del antihéroe, de la vida llevada al límite, del suicidio, de lo derrotista… Historias con tanto desaliento, que no gustaron un ápice y fueron relegadas por ofrecer una imagen pesimista de una Francia que anticipaba y respiraba un ambiente prebélico que se le venía encima. Según refleja el libro “Balas…Sirenas…Patillas y Jazz” (2018), de Gonzalo Gonzalvo, estas dos películas de Marcel Carné anteriormente citadas, “se pueden considerar las primeras películas noir de la historia del cine. Esto sucede antes de que, en 1940, Boris Ingster dirija “Stranger on the third floor”, lo cual afianza la idea del origen del género en Francia.

Y si tengo que elegir una época del polar es la de los 30-40, con ese afán de complementar argumentos sumergidos en el desencanto, con un espacio profílmico muy cuidado a cargo de direcciones artísticas como la de Alexandre Trauner (que trabajaría también en Hollywood) y dirección de fotografía que recreaban y revestían de una capa negra poética realizada en estudio; con esos ambientes de arrabal, portuarios, inmundos, con una bruma y humos negros de trenes y barcos que no presagiaban nada bueno; con personajes desnudos y vulnerables.

Posteriormente, en los años 50, influenciados por el negro americano, surgen directores como Jacques Becker, Henri- Georges Clouzot, Georges Franju o Jules Dassin, cuando se exilió en Francia. También otros directores no tan reconocidos como Claude Autant-Lara, Georges Lacombe, Jean Delannoy, Henri Decoin, Henri Calef, Gilles Grangier, Yves Allégret, Maurice Tourneur, entre otros, continuaron con aportaciones al polar, con más o menos acierto, así como la Nouvelle vague también incursionó en el género con su especial y renovadora narración.  Directores como Jean-Luc Godard, François Truffaut, Claude Chabrol o Louis Malle, se vieron seducidos por este género. Incluso el “independiente” Robert Bresson no pudo escapar al género con su lenguaje asceta. Destacar a Claude Sautet que, siendo un coetáneo de la Nouvelle vague, algo eclipsado, también demostró su capacidad para realizar grandes polares como consecuencia de su comienzo como ayudante de dirección de Molinaro, Franju y Labro.

 

 

Los directores “malditos” y controvertidos Maurice Pialat y Jean-Claude Brisseau tampoco escaparon al influjo del género contribuyendo a ese gran corpus fílmico francés con su peculiar forma de entender el cine, donde las tramas inherentes al polar servían como excusa para exponer amargos retratos personales y relaciones complicadas.

Pero la que parece que es más conocida es su etapa de oro, a finales de los 60, con una versión más “canaille”, con una iconografía fácil de identificar, apoyada en esas gabardinas, borsalinos, coches de la época, persecuciones trepidantes, miradas hieráticas, personajes solitarios, tramas muy elaboradas con corrupción política, policial, judicial, sexo, espionaje, robos sofisticados, en la que el delincuente se iguala a las fuerzas del orden. Y en las que el fatalismo es llevado al extremo más que nunca. De esa etapa, a pesar de contar con Lino Ventura, Michel Piccoli, Yves Montand, Jean-Louis Trintignant, el incombustible Jean Gabin, Jean-Paul Belmondo, Robert Hossein, Stéphane Audran, Marlène Jobert, Catherine Deneuve, Romy Schneider, Brigitte Bardot, Marina Vlady, Simone Signoret o Jeanne Moreau, entre otros muchos más, me quedo con Alain Delon, por la calidad de sus interpretaciones, míticas, su carisma y presencia para afrontar determinados personajes en películas inolvidables y excelentes. Además, me gustaría añadir los excelentes actores secundarios que apoyaban y daban solidez a los relatos. Entre ellos destacaría a Jean Bouise, Bernard Blier, François Périer, Paul Meurisse, Michel Constantin, Sandra Milo, o Serge Reggiani.

Directores como Jean-Pierre Melville, un claro exponente e impulsor del género,  Henri Verneuil, Pierre Granier-Deferre, Alain Robbe-Grillet, Jacques Deray, José Giovanni, René Clément, Yves Boisset, Georges Lautner, Costa-Gavras, Roberto Enrico, Alain Cavalier, Alain Corneau, Jean-Pierre Mocky, Robert Hossein, Alain Delon, Philippe de Broca, Édouard Molinaro,  etc…, revitalizan el polar muchas veces con guiones basados en los libros de José Giovanni, también escritor, que vivió de primera mano su paso por la cárcel o con estupendos guiones de Michel Audiard..

El polar vería apagada su llama a principios de los 80 como género tan prolífico, existiendo después algún neo-noir aislado más actual que intenta revivir ese ambiente de la época dorada.

Un género, sin duda alguna, muy interesante.

Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Universidad de Granada. Profesora de Secundaria en FP de Grado Superior. Coordinadora del Proyecto de Innovación de la Junta de Andalucía «AulaDcine» en el IES Las Salinas. San Fernando, Cádiz. Creadora del blog de cine «AulaDcine. IES Las Salinas». http://auladcine.lassalinassf.es/. Organizadora Exposición «100 mujeres directoras» con motivo del 8-M. https://lassalinassf.es/web/index.php/es/programas-educativos/salud-laboral-y-prl-7

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Coordinadora: Estrella Millán Sanjuán. 2021-22.

 

 

 

 

 

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