El niño de los coroneles

El niño de los coroneles

novela de Fernámdo Marías         

Anticomentario

 

por Bruno Francés

 

Escribir sobre novelas premiadas tiene su aquel, es algo así como contar que fuiste a un cumpleaños y te lo pasaste de aquella manera porque sabes que, en toda fiesta, existe un protocolo a cumplir y cuando existe un protocolo a cumplir lo aparentemente salvaje termina siendo una lujuria domesticada con sus ventajas e inconvenientes y, aún así, si eres un bienqueda has de decir que moló mucho y lo pasaste genial, no vaya a ser que seas el rarito y no te inviten nunca más.

¿Se ha de felicitar por la obra? Siempre se premie o no. Una novela lleva un trabajo impresionante que todo autor conoce. Independientemente del resultado a nivel público, se estrene o se guarde en un cajón, escribir es crear, construir, destruir también, pero siempre respetar y esta magnífica obra de aventuras, yo la tildaría más de folletín, merece todos los respetos a pesar de ser atacada duramente por algunos sectores de la crítica pero bueno, como suele decirse, opinar es gratis. Y esto es algo parecido.

Hay obras que se respetan, pero hay personas, escritores, que se respetan más por ser personas antes que gente y este anticomentario cuenta con todo el respeto de un autor fallecido en letras tempranas con lo que, ante todo, hablaré de esta obra con la mayor serenidad a pesar de ser una novela con más de quinientas páginas y toda aventura tiene su límite, sobre todo, si las reglas de la acción se lastran en episodios. Imaginen a Indiana Jones, cada dos por tres, leyendo los pasos que ha de seguir… pues eso es algo que le sucede a esta historia. Que juega a ser acción pero con instrucciones y la acción ha de  desmelenarse en cada página, no ha de seguir ningún índice establecido, pues de lo contrario no es acción si no un proyecto implantado a modo de guion muchas veces tan inverosímil que bueno vamos a jugar a creérnoslo todo. Porque hay lectores que leen por autor, no por obra que eso es como decir que todo lo que hizo Mecano fue bueno tan solo porque eran Mecano.

Es una historia tan internetada que colocas el nombre y el título y te sale de todo, con lo que este anticomentario va a seguir siendo sutil a un hombre que, a nivel literario obtuvo muchos premios, este El niño de los coroneles se alzó con el premio Nadal 2001, que a nivel personal coincidí en una cena de autores, que se mostró como una persona cercana y afable y que conquistó con su sencillez a todo el personal. La sencillez que da el haber ganado entre otros el Ateneo de Sevilla, el Anaya, el Dulce Chacón de Narrativa Española, el Premio Primavera, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, el Gran Angular y el Biblioteca Breve entre otros. Un grande.

Un periodista Luis Ferrer, un país imaginario y centromarericano Leonito tipo república bananera, un malo malote malasombra llamado Lars torturador donde los haya, una entrevista a Leónidas un caudillo de una guerrilla indígena, una trama de una explotación turística Montaña Profunda, un montón de personajes demasiados, de lugares demasiados, un psicólogo filántropo llamado Jean Laventier, una sucesión de escenas como las películas antiguas del Hollywood clásico lleno de tramas, de subtramas, París, la Alemania Nazi, la famosa metaficción de cartas dentro de cartas, como la famosa matrioska que esconde intrigas que no vamos a desvelar, personajes muy bien descritos y muy blancos algunos y muy oscuros los otros jugando a la eterna lucha del bien contra el mal pero dando la impresión, en este caso, que el malo es más bueno siendo malo toda su vida que los buenos siendo buenos toda su existencia.

Marías dijo  que la historia nació a la luz del informe Nunca más de Ernesto Sábato, y de las noticias sobre los secuestros de niños en la Rumania de Ceaucescu.

Hay mucho terror físico y político, tormentos, violencia, crueldad pero, como comenzamos a acostumbrarnos en tiempos modernos al final uno se vuelve bueno y hasta decimos míralo si en el fondo tan poco era para tanto.

Un libro quizá demasiado extenso que juega con ese riesgo, el de tratar de acaparar varios géneros en uno. Algo así como una tremenda macedonia literaria donde, al final, de algún modo mágico termina cuadrando todo con un lenguaje y un estilo muy correctos y donde el autor se sabe, se conoce y se atreve.

Como es costumbre nunca revelo más de lo necesario pues destripar la obra ya la destripa el malvado Víctor Lars, una especie de Darth Wader en muchos sentidos.

Léanla pero con tranquilidad, porque pasa de ser una novela de aventuras con alguna que otra torpeza en el ritmo, a una obra psicológica donde pone los pelos de punta el reconocer tan bien el bien pero tan bien el mal.

Y como siempre hablo de música cualquier banda sonora del gran John Williams me vale.

Un saludo y hasta el próximo anticomentario si es que lo hay.

 

 

 

 

 

 

 

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