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// 04/07/2018
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William Klein, leyenda viva

 

Siendo un joven sin oficio, ganó su primera cámara en una partida de póker: una rolleiflex. Su amor por la Leica vendría después y jamás le abandonaría.
Su inquietud creativa no se conformó con expresarse a través de un solo medio. Pintor y cineasta, destacó sobre todo en el ámbito de la fotografía creando imágenes imperecederas, dejando una gran huella en la fotografía de modas e influenciando a los grandes de este género como Helmut Newton, David Bailey y Jean Loup Sieff.
Sus inicios con la cámara fueron en el ámbito del reportaje; el primero de ellos, una frenética y provocadora visión de la noche neoyorkina, donde impacta al espectador con un trabajo sorprendente, en el que muestra unas imágenes como nunca antes se habían visto de la ciudad de los rascacielos.
De origen húngaro, William Klein nació en Nueva York en 1928. Enamorado de Europa, siendo muy joven, fue a vivir a Paris donde comenzó a crear esculturas cinéticas y pinturas; su trabajo comenzaba a destacar de la mano de Fernand Leger, que fue su maestro. Klein disfrutaba de ciertas características, la sofisticación artística europea que unido al pragmatismo americano, fue lo que fascinó a Alexander Liberman, alma mater de Vogue, que lo descubrió en una de sus exposiciones de la capital francesa y le invitó a viajar a Nueva York para trabajar en la revista.
Entre 1954 y 1955, mientras cobraba un salario de Vogue, prefería patear las calles de Nueva York fotografiando escenas entre los transeúntes, siendo capaz de captar el profundo significado que subyace en la cotidianidad de los barrios; a este trabajo pertenece su célebre fotografía, Broadway, 103 street: la imagen de un niño, de rostro agresivo que nos amenaza portando en sus manos un revolver que apunta directamente a nuestra cabeza, permanece en nuestra retina con una violencia inusitada.
Debido al ultimátum que le lanzó Liberman no le quedó más remedio que comenzar a hacer fotos de Modas. Para ello, desechó el estudio y provisto de un teleobjetivo, sacó a las sofisticadas modelos a la calle, intercalándolas con el caótico tráfico neoyorquino, reflejándolas en espejos. Podría recordar al trabajo que Richard Avedon había realizado en las calles de Paris, algunos años antes. Aunque el trabajo de Klein fue considerado como una visión distinta, de rara y excitante personalidad.
Influenciado por el movimiento dadaísta, que descubre en París, a través de Picasso, Man Ray y Kandisky; la obra de Alexander Rodchenko, padre del constructivismo, fue otro de sus descubrimientos e influencias.
Siempre interesado por el cine, tiene la oportunidad de trabajar para Fellini, en la película, Las noches de Cabiria (1957), donde se ocupó de la foto fija. En Italia, conoció a Alberto Moravia y Pier Paolo Pasolini quienes, junto con Fellini, le insuflaron el deseo de rodar películas.
El trabajo como cineasta de William Klein consta de un buen puñado de películas y documentales que no tienen nada que ver con los filmes comerciales, la mayoría de ellos fueron estrenados sin concederles el interés que merecían. Se trata de un trabajo artístico apreciado en circuitos artísticos elitistas. Sucedió entre los años 1965 y 1980. Destacaremos aquí, únicamente, tres de ellas.
En 1969 rodó el documental Cassius Clay, le grand, sobre la figura del afamado boxeador. En el mismo año realizó, Mr. Freedom, con la gran actriz Delphine Seyrig. De carácter político social, la película no fue bien entendida en su estreno pues los franceses atribuyeron suyos los mensajes que iban dirigidos al pueblo americano, prohibiéndola durante seis meses en Francia, siendo calificada por el crítico cinematográfico Jonathan Rosenabaum como la película más antiestadounidense jamás realizada.
Su película más celebre, la más importante y fascinante, fue la primera que realizó, ¿Quién eres tú, Polly Magoo? (1966), donde a través de un cuento de hadas, hacía una critica corrosiva sobre el mundo de la moda -que él conocía bien- ridiculizando a la poderosa editora, Diana Vreland. Este hecho provocó que la revista Vogue cesara su relación con el artista. En esta película se respira un cierto aire dadaísta que se manifiesta en toda la obra de William Klein aunque especialmente en su cine.
Cuando Stanley Kubrick vió por primera vez ¿Quién eres tú, Polly Magoo?, le escribió una carta manifestándole que se había adelantado diez años a su tiempo. Su contenido temático y sus impresionantes imágenes en blanco y negro impactaron al director de Lolita –otra pieza de aliento dadaísta-. La obra del Klein cineasta, contiene la potente sátira social de Kubrick y no las excentricidades de la época nouvelle vague que se vivía (léase Godard).
En el capitulo de las ediciones podemos destacar que ganó el prestigioso Premio Nadar, en 1957, con su célebre libro sobre New York; después se han sucedido un sinfín de publicaciones con editoriales en Francia y EE.UU.
Entrar en contacto con la obra de William Klein significa comprobar que está construida sobre la voluntad de experimentar e investigar. Sus creaciones están planteadas como necesidades vitales. Una obra de atlética complexión donde demuestra que es un artista visual total, siempre a contracorriente.
En la actualidad le fallan las piernas y la memoria pero mantiene intactas ciertas cualidades indispensables para la salud mental como son, la curiosidad y la observación, la ironía y el juicio crítico. El deseo por la vida.
Como fotógrafo sabía que tenía que mostrar un mundo y una cultura. El fotógrafo no utiliza solo sus ojos. El cerebro, su actitud e intención son más importantes, todos vemos cosas pero el fotógrafo deber reparar en su significado, obligando a mirar de otra manera.

Pepe Calvo 2018
Editor Hünter Art Magazine