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// 29/07/2019
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Viviane Élisabeth Fauville: cuando la existencia resulta insoportable (Alicia Louzao)

Viviane Élisabeth Fauville, primera novela de Julia Deck (1974), es un libro necesario en un tiempo en donde todos los rostros parecen iguales aunque no lo sean. Julia Deck nos invita a un baile de máscaras en esta su ópera prima.

La editorial Eterna Cadencia este año 2019 publica por primera vez traducida al español a esta autora francesa nacida en París y licenciada en Artes (Universidad de la Sorbona). En 2013 su ópera prima ganó el Premio a la Primera Novela de la Universidad de Artois.

Julia Deck indaga en la corriente existencialista como en su día hizo Camus y navega en una especie de psicosis que recuerda a The yellow wallpaper, el desasosegante relato de Charlotte Perkins Gilman.

La historia nos lleva de la mano para adentrarnos en la anodina vida de Viviane Élisabeth Fauville, divorciada recientemente y a cargo del bebé de la pareja y quien, para intentar hallar un alivio a sus males, acude al psicoanalista desde hace varios años. 

Tildada como una mujer corriente, aburrida, la obra nos presenta las descripciones del personaje desde los puntos de vista de aquellos que la rodean: “siempre vio en usted solo a una burguesa, una vulgar arribista, la típica neurótica a la que amansa con pastillas blancas o celestes” (según su psicoanalista); “tan poco interesante le parece como sospechosa” (según la policía); “desde esa época ya la confundía con los muebles” (según su jefe); y, en fin, “invisible para los cingaleses como para los demás, psicoanalista, policía y todo lo demás”.

La autora juega con las diferentes personas narrativas en la novela, como en pleno festejo carnavalesco.

Se dirige al lector con un incesante: “usted” y el lector se pone en la piel de Viviane, agarra la colección de cuchillos y abandona a su hija en la cuna para bajar las escaleras y sumergirse en el metro parisino hasta llegar a la puerta del psicoanalista.

Pero luego se desdobla y ahora es Viviane quien habla desde una primera persona del plural, abrazando al lector y haciéndole copartícipe de todo lo que está sucediendo.

La autora otorga máxima libertad a las voces narrativas de todos aquellos personajes que se cruzan con Viviane permitiéndoles hablar de modo directo con el lector, y así obteniendo un mayor dinamismo en la narración de la novela y una especie de sensación de fuga, de una urgencia similar a la que experimenta el lector, totalmente atrapado en los acontecimientos que se desarrollan.

La novela de Julia Deck presenta a una protagonista que recuerda a un juguete del destino, un títere que actúa como quien está soñando, como el momento en el que Viviane acude a una panadería y no reacciona cuando es su turno en la fila: “le habría gustado pronunciar una palabra reconfortante, afirmar que usted sabía perfectamente quién era, adónde iba y qué clase de producto quería, pero ya no le funcionaba la mandíbula. Sus labios se abrían sobre una pared de cerámicos, y el joven dijo bueno, llamo a seguridad”.

Viviane, frente a esa invisibilidad que le atribuyen como a quien le marcan con un rotulador rojo en la frente, opta por coger un cuchillo y dirigirse a la persona que no la ayudó durante años, a pesar de pagarle su salario para que la escuchase. Así que se dirige por la calle “con un cuchillo verde” como el yo poético de Neruda y decide destripar la indiferencia del doctor con una violencia que nunca había experimentado: clavándole uno de los cuchillos que le pertenecen a ella tras el reparto de bienes.

A pesar de ese punto de inflexión, todavía Viviane encaja en la invisibilidad del ama de casa que aguarda al marido, ya que este es el que le otorga la existencia:

“Llegaría a casa, calentaría la mamadera; mientras tanto, mi marido bañaría a la bebé; luego comeríamos algo que descongelamos mientras miramos televisión e iríamos a dormir sin hacer el amor, salvo si toca la noche en que hacemos el amor, y entonces dormiríamos mejor antes de que, libres de cualquier sospecha, se reanude el ciclo de los días, de las semanas, de los años”.

Pero en su caso, divorciada y sin hombre de quien depender, parece que su existencia se haya apagado y vuelto cenizas. Grita pero nadie la escucha y ni siquiera un asesinato es capaz de provocar una reacción en la sociedad que la rodea.

Julia Deck ofrece también los retratos de aquellos personajes conectados con el doctor y con Viviane, especialmente retratos femeninos que pululan por las páginas, pues tras el asesinato, la protagonista se desvive por tener entrevistas con todos aquellos vinculados con el doctor. Como quien entra en trance y observa a otra persona moviéndose en su lugar.

El lector, invitado en este baile de máscaras, se convierte en Angèle, la amante del psicoanalista, ya que ahora “usted tiene veintiséis años […] Ahora es doctoranda”. Y tras esa máscara de la joven pelirroja embarazada de su amante, Julia Deck nos vuelve a introducir en el cráneo de Viviane, pues como si fuéramos ella, ahora habla en primera persona y sentimos en nuestra piel la inseguridad de la protagonista:

“Viviane, piensa en tu carrera. Sabes que ya no tienes veinte años, que las jóvenes están al acecho, dispuestas a tomar tu lugar, a retorcerte el cuello”.

Viviane, asimismo, cambia de rostro y se plantea: “crear una ilusión en la place de l’Étoile y aparentar ser una ramera de lujo frente a los turistas mal informados”, para luego hacer el papel de enfermera ante otro de los hombres que interroga. Y esta voráine de cambios incesantes, ni siquiera ella misma sabe quién es cuando la dirigen a comisaría como sospechosa: “el rostro en el retrovisor no la reconoce”. Y del mismo modo, añade a continuación: “por lo visto ya no la reconocen últimamente”.

A lo largo de la novela, Viviane se nos presenta como un personaje tan corriente que aburre a su alrededor, pero de esta faceta poco sabemos, pues la historia arranca con un homicidio y con la perseverancia de Viviane de introducirse en los entresijos de los personajes conectados con el doctor asesinado por esta insustancial madre divorciada. La psicosis de Viviane toma forma velozmente y acaba encerrando a la protagonista en un hospital psiquiátrico cuando esta confiesa el cruel homicidio en un ataque de nerviosismo. Pues esta es la lucha de Viviane contra una sociedad que la ha borrado por completo.

No obstante, un giro desconcertante nos presenta al final de la novela una historia diferente, de nuevo una voz nos quiere convencer y se dirige al lector con respecto a lo que sucedió el fatídico día:

“Ya hay otro paciente allí. Usted oyó el chirrido del timbre mientras estaba con el doctor […] El otro entró en la sala y cerró la puerta tras de sí”.

La autora abandona a Viviane y a su hija en una habitación cuando la protagonista comienza a ver las cosas “más borrosas”.

La historia de Viviane Élisabeth Fauville es la historia de una mujer que afirma que “como siempre, nadie se percata de mi presencia. Soy algo en medio de su camino, un obstáculo que deben evitar, y no sé cuánto tiempo tendré que quedarme así, en posición de centinela”. La psicosis que se arranca desde la invisibilidad forzada atribuida a un personaje que tiene poco de corriente y termina apartada de la sociedad por no querer amoldarse a ese papel que le asignan de madre vulgar. Julia Deck prepara un carnaval donde el lector adquiere cualquier rostro de los personajes y su escritura atraviesa la piel como un punzón o como el cuchillo en el cuerpo del doctor.

Alicia Louzao
Doctora en Filología Hispánica
Alicialouzao.com