Beatriz Jiménez
// 06/11/2017
carla simón, verano 1993,

 
 
 

Verano 1993: ver la vida pasar

 
 

Historias pequeñas, o no. Una narración nacida de la parte más íntima de su creadora. Eso es lo que esta pequeña producción de Carla Simón nos regala: un también pequeño pedazo de su vida, sus recuerdos de una infancia complicada señalada por la desgracia, la mirada de una niña hacia un mundo que ya no entiende y el poder redentor de las lágrimas.
Quizás no parezca mucho como argumento para una película, pero así es la vida, la de verdad, la de cualquiera de nosotros. Un filme que debe su autenticidad no solo al excelente guion de Simón, sino a la desarmante naturalidad de las dos jóvenes intérpretes: una maravillosa Laia Artigas, como la Frida protagonista, y su joven compañera de juegos Paula Robles, como Anna.
Un papel complicado el de Laia Artigas, como la niña que acaba de perder a su único progenitor, su madre, y debe aprender a vivir con su nueva familia, en casa de su tío en un verano de 1993. Complicado porque Carla Simón huye sabiamente de los subrayados y de dejar todo mascadito como si el espectador fuera tonto, para seguir a esta niña que debe expresarlo todo simplemente con su mirada.
Así, todo se muestra desde el punto de vista de la pequeña y lo hace sin juzgar su comportamiento. ¡Qué difícil ha debido ser para Carla Simón ser tan objetiva con sus propios recuerdos! Por eso, esta Verano 1993 resulta, tengo que decirlo otra vez, tan real, tan auténtica, tan dolorosa y al mismo tiempo tan esperanzadora. Una pequeña joya que nos ofrece una ventana por la que ver la vida pasar. No es fácil contar cómo un niño debe enfrentarse no solo a la muerte de sus padres, sino también al estigma social (ambos padres murieron de sida, en un tiempo en que poco se sabía de la enfermedad), pero Simón lo ha conseguido con una puesta en escena franca y sencilla, y sin olvidarse también de mostrar las dificultades de los adultos, esa joven pareja (interpretada por Bruna Cusí y David Verdaguer) que debe hacerse cargo de la responsabilidad de adoptar a un nuevo miembro en su familia.
Una más que recomendable y merecida candidata a representar a España en los próximos Oscar y que, de momento, se sitúa como la mejor producción nacional de lo que llevamos de año, con razón alabada por la crítica y en su paso por distintos festivales.
Siendo éste el primer largometraje de Carla Simón, estamos impacientes por ver qué más nos puede ofrecer, espero, en un futuro cercano.
Lo mejor: la pasmosa naturalidad de Laia Artigas; la escena final es simplemente perfecta.
Lo peor: que algunos medios hayan intentado politizar la (acertada) selección de Verano 1993 por nuestra academia de cine. Sí, es una película catalana y rodada en catalán, pero dejemos la demagogia de lado, por favor.

Beatriz Jiménez Lobato
www.bollacos.com

 
 



 
 

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