Un hijo del circo, anticomentario de Bruno Francés

Bruno Francés
// 03/10/2016
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Un hijo del circo

John Irving

 

Agarren un elefante hindú de esos que, dependiendo del lugar de la casa donde lo coloques, sirve para una cosa diferente (tres cosas hay en la vida… salud, dinero y amor).
Si nos ponemos a discutir sobre el hecho de que la trompa del paquidermo esté hacia arriba o hacia abajo el asunto cambia todavía más pero voy a evitarme el chiste fácil y sexual aunque, John Irving (New Hampshire 1942) el autor de esta obra, lo habría hecho sin duda alguna y a lo bruto consolador, gemelos transexuales y prostitutas incluido; ahora agárrenlo y estámpenlo contra la pared dejando caer sus pedazos al suelo.
Dejen consumir veinte años de sus vidas y, una vez transcurrido todo ese tiempo, vuelvan a intentar montarlo con uno de esos pegamentos de ahora que pegan más que lo hizo la yenka en su momento (ya han pasado 51 años y seguro que la está tarareando su inconsciente, no se odien por ello es inevitable hacerlo como al principio del texto lo han hecho con la magnética Tres cosas hay en la vida (1967), temazo de Cristina y Los Stop).
Pues, muy a lo bestia pero sin pasarme demasiado no se crean, es de lo que va Un hijo del circo.
Tomada como obra menor de un autor venido al Everest de la literatura internacional; El mundo según Garp; El Hotel New Hampshire; Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra (les sonará más la peli con el título Las normas de la casa de la sidra con Spiderman, el mayordomo de Batman y la madrastra de Blancanieves sin tanto espejo ni maquillaje.); Oración por Owen o Una mujer difícil les cito entre las más conocidas, aclamadas y premiadas obras de este escritor amante de Dickens, de la elegancia y del gusto popular -la Wikipedia les contará el resto de obras-; esta Un hijo del circo (1994) juega a unir continentes como una tela de araña tejida entre tiempos donde los personajes enlazan Bombay, Viena y Toronto en un ir y venir de los años con un asesinato, un jesuita, un actor de televisión de una serie “Inspector Dhar” que es hermano del mencionado jesuita -separados al nacer-, un guionista anónimo de dicha serie que es, en verdad, un reputado cirujano ortopedista -el doctor Farrokh Daruwalla- que está, a su vez, obsesionado con los enanos del circo, payasos en los carruseles de la India, de los que quiere obtener sangre -marcadores genéticos suena más molón- para poder corregir dicha malformación (acondroplasia) -no me negarán lo preciosa y loable intención la de este personaje sesentón, amable y bondadoso casado con una austriaca- y que está a punto de que se le desvele aquel asesinato que sucedió…, el de los veinte años atrás… ¿recuerdan lo que les dije del elefante estampado contra la pared? Pues lo cuentan al final.
Yo, ya saben, disculpen o no, mi mala educación, no se lo voy a contar.
Confiesa John Irving que fue su adorado Günter Grass, y sobre todo la lectura de su maravilloso El tambor de hojalata, quien le influyó de manera determinante para dedicarse a la literatura; eso sí, sin dejar de lado a su amado y necesario Dickens, Irving aprendió del escritor alemán el camino que ya le había descubierto el autor de Grandes Esperanzas. Como ven, todo queda en casa y si echan migas de pan al sendero para no perderse no les vendrá del todo mal. Y si aparece Coelho y se saca una frase tope guay para el momento hasta lloro de la emoción. Y si le sumamos al señor Miyagi, el de Karate Kid, con su “dar cera, pulir cera” el momento es de bondage y orgiástico. Irving usaría cera caliente y pinzas en los pezones pero aquí me saco los dos rombos por si hay menores entre los lectores.
Si me hago el valiente sietemachos y les pongo todos los nombres que aparecen en la obra y son capaces de leerlos ya se pueden dar una idea de lo que es contar hasta el infinito.
Obra de imágenes grotescas, apabullantes, melancólicas, alcohólicas, humeantes, coloridas, sexuales, hipersexuales, transexuales, tóxicas, ácidas, lisérgicas, opiáceas… me pongo un cd de Marilyn Manson de fondo mientras veo en VHS Zampo y yo con la maravillosa Ana Belén Lolita total y hasta me encaja la atmósfera, eso sí con pachuli y un montón de curry y olor a fritanga por si entra hambre.
Obra rara, incómoda, perfecta, artesana, de imágenes inexplicables, hermosas, vulgares, preciosas, tolerancia, intolerancia, periferia, doscientas páginas, circo, experimentación, un pisotón de elefante, una prostituta, octava obra que dicen que el ocho es el infinito en erección, violencia, monos, Bollywood, Salman Rushdie, sonidos, olores, colores, sabores, decencia, indecencia, VIH, infantilismo, travestis, odio, amor, drogas, jaulas, víctimas, héroes, villanos, miseria, monstruos, nostalgia, melancolía, tristeza, realidad, absurda, inadaptados, humana… muy humana… terriblemente humana.
Prosa con ritmo, con cadencia, con estilo, con refinamiento, con suciedad, zafiedad, verdad, incomodidad, fecundidad, exhuberancia, fantasía, realismo, verdad…
Obra menor con infinidad de adjetivos mayores. No deja indiferente a nadie.
No piensen en Miliki, ni en Gaby, ni en Fofó, ni en cómo están ustedes… piensen en ombligos de mujeres bellas y exóticas decorados como ojos de elefantes, en danzas del vientre, en sexo, en muerte, en esperanza y en ese paquidermo roto en mil pedazos.
¿Han logrado volver a componerlo?
Agarren el libro, primero una cachimba es de ley, de fondo música de Alaska y Dinarama, fumen, mejor en compañía y déjense llevar… mejor arrastrar.
No son necesarias ni una, ni dos, ni tres pistas; el circo como lo han conocido no tiene cabida con John Irving aunque como diría Camilo Sesto, con sus 70 recién cumplidos, mola mazo.
No me quería despedir de mi anticomentario sin decirles que si después del sexo de la obra, del tabaco de la cachimba, de la atmósfera inquietante, de Camilo Sesto algo de mí se está muriendo… colocan siete elefantes en el dormitorio… dicen que es por la fertilidad… Yo con mi mente sucia e Irvingiendo veo siete trompas en un mismo dormitorio… pero no lo digo yo, lo dice el Feng Shui.
Les dejo, voy a por velas y una botella de champán –mejor cerveza-, gracias y hasta el próximo anticomentario, si es que lo hay.

Bruno Francés
Escritor
 
 

John Irving