Beatriz Jiménez
// 03/04/2017
beatriz giménez lobato, pepe calvo,

 
 
 

De premios y polémicas

 
 

Sin duda, la temporada de premios es una de las más intensas del panorama cinematográfico. Unos premios que, irremediablemente, van a causar siempre polémica. Y es que es muy difícil contentar a todos, o incluso intentarlo, y mucho más difícil es dejar de lado otro tipo de intereses (económicos, de influencia) y apostar únicamente por la calidad creativa.
Ya finalizada la temporada, echamos la vista atrás y nos centramos en las vencedoras de los galardones más importantes de nuestro país, los Goya, y a nivel mundial, por su repercusión, los Oscar.
Goya 2017 a la Mejor Película para Tarde para la ira: directo a las entrañas
Tarde para la ira es el estupendo debut tras las cámaras del actor Raúl Arévalo, un thriller áspero y duro, que narra la historia de una venganza.
Una venganza que, para el protagonista y quizás como reza el refrán, se sirve mejor fría, y sin contemplaciones. Aquí no hay nada superfluo, solo las acciones de unos personajes que orbitan alrededor del siempre magnífico Antonio de la Torre.
El resultado es una trama que va directa a las entrañas, que contiene una violencia cruda, directa, sin florituras o coreografías, la que sale de dentro de las tripas, como bien dice su director, en una España muy reconocible.
Se nota la hasta ahora profesión de Arévalo, que denota su querencia por los actores y sus interpretaciones, a los que persigue incesante con su cámara, filmando siempre en unos primeros planos tan directos y rotundos como el resto de la historia. Una trama que transita también entre importantes silencios, los de un contenido Antonio de la Torre, que deja bien clara la intención del realizador por distanciarse de los thrillers efectistas y centrarse en una historia que esconde más de lo que parece.
Y aquí debemos destacar los trabajos de Antonio de la Torre, como ese hombre destruido que nada tiene que perder, en confrontación con el papel de Luis Callejo, ya que ambos están perfectos en sus respectivos personajes.
Quizás Arévalo tenga todavía mucho que aprender en el apartado de realización, pero viendo este espléndido debut y descubriendo que también firma el guion (junto con David Pulido), sin duda esperaremos expectantes su siguiente propuesta como director.
 
Lo mejor: la crudeza de una historia sin rodeos, puede que aquí todo resulte áspero y rudo, pero así es la violencia en el mundo real.
Lo peor: se echa de menos un mejor ritmo narrativo.
 
 


 
 
 

Oscar 2017 a Moonlight: las miradas del dolor
Moonlight es la historia de una vida, la de Chiron, en su niñez, adolescencia y madurez. Pero sobre todo es un relato sobre la identidad, personal y sexual, y la aceptación de uno mismo.
Para ello, el realizador Barry Jenkins divide el filme en tres actos:
1. Little. Así es como apodan a Chiron, interpretado aquí por Alex Hibbert, un niño tímido y retraído, acosado por sus compañeros por el simple hecho de ser diferente. Con un padre ausente y una madre adicta al crack, el pequeño Chiron encontrará en el lugar más insospechado unas figuras paternas: Juan, un pequeño narcotraficante del barrio, interpretado por un estupendo Mahershala Ali, y su novia Teresa (Janelle Monáe).
2. Black. Junto con la adolescencia, llega el despertar sexual, en un entorno en el que no está permitido la homosexualidad, Chiron (interpretado aquí por Ashton Sanders) sigue sufriendo el cada vez más violento acoso de sus compañeros.
3. Chiron. Todas las experiencias de los dos primeros actos conforman la personalidad de nuestro protagonista en su edad adulta y en lo que se ha convertido. Más importante, en esta parte final veremos si Chiron (Trevante Rhodes) finalmente puede ser él mismo.
El realizador persigue literalmente a sus personajes, con una cámara que nunca se aleja demasiado de ellos, sino que pretende capturar su alma en primeros planos, donde todo se desdibuja salvo unos actores que encarnan dolorosamente a unos seres humanos atrapados por las circunstancias.
Jenkins recuerda así a Steve McQueen (Shame, 12 años de esclavitud), que confía el peso de la historia en el talento expresivo de su reparto. Inolvidables son los ojos de los dos primeros protagonistas, capaces de expresar todo el dolor y desamparo en unas miradas que desarman.
Lo cierto es que todo el reparto hace un gran trabajo y, además de los mencionados niños, tanto Naomie Harris, como la madre drogadicta del protagonista, como muy especialmente Mahershala Ali, en el papel del traficante, realizan unas interpretaciones destacables.
De hecho, se echa mucho de menos al personaje de Ali, que solo aparece durante el primer acto, demasiado breve para un papel al que se podía haber sacado mucho más partido.
La parte negativa de este interesante drama es que termina, casi abruptamente, justo en el momento en que más vinculado se encuentra el espectador en la historia. Quizás en este caso los preliminares han sido demasiado largos, o será esa necesidad tan humana de encontrar un desenlace, en averiguar qué le depara el futuro a un personaje con el que es muy sencillo empatizar.
 
Lo mejor: esos ojos y esas miradas de los jóvenes Alex Hibbert y Ashton Sanders; el papel de Mahershala Ali.
Lo peor: el filme tarda en encontrar el ritmo.
 
 


 
 
 

Otras consideraciones
 
Varias personas me han consultado el motivo por el cual Tarde para la ira consiguió el Goya a la Mejor Película cuando Un monstruo viene a verme logró un mayor número de cabezones. Cierto, el filme de Bayona contaba con 12 nominaciones, de las que ganó nueve, mientras que Tarde para la ira tenían opciones de ganar en 11 categorías, y finalmente se llevó cuatro.
En primer lugar, aclarar que los premios conseguidos por Un monstruo viene a verme se engloban casi en su totalidad en lo que se viene llamando categorías técnicas. Y es que aquí la película de Bayona claramente no solo jugaba con ventaja, sino que se lo merecía. La producción, fotografía y efectos especiales son excelente, por lo que 8 de esos 9 Goyas casi tenían su nombre grabado antes de entrar en la contienda.
Ahora bien, que Un monstruo viene a verme sea una producción ejemplar no significa que por ello deba ser considerada como mejor película. ¿Por qué? Porque hay otras muchas categorías que hacen a un filme grande, y ahí es donde la apuesta de Bayona fracasa. Juan Antonio Bayona continúa en la misma línea que tan bien le resultó en la anterior Lo imposible, y que no es otra que apelar al sentimentalismo e intentar provocar la lágrima fácil en el espectador, en lo que además es un filme con una narración exasperadamente lenta en muchas ocasiones que resulta hasta aburrida.
Nada que ver con el debut de Arévalo, que justificadamente logró los premios considerados como más importantes, los que construyen las obras maestras: dirección (aunque sea novel), guion y película. Si Bayona consiguió el premio a mejor director, es porque Arévalo competía en otra categoría. Y esa ha sido la excusa de la academia para dejar medio satisfecho al director del filme español más taquillero de 2016. Y así, todos contentos, ¿no?
Y respecto a los Oscar, claramente los premios de este año van a pasar a la historia por el surrealista vergonzante error a la hora de anunciar a la vencedora del máximo galardón como Mejor Película. Seguro que todos habéis visto ya el vídeo del error, cuando se proclamaba a La la land como ganadora, por un error en los sobres, cuando en realidad ese honor recayó, de manera inesperada, sobre Moonlight.
Olvidando uno de los momentos más escandalosos de la academia de Hollywood, ¿es Moonlight digna de haber recibido el galardón? En mi opinión, no, pero es que tampoco lo era La la land. Lo cierto es que éste ha sido un año fantástico para las producciones estadounidenses, pocos años han tenido el nivel de este último, con una cosecha impresionante de interesantes títulos: Animales nocturnos, Comanchería, La llegada, Manchester frente al mar, La la land y Moonlight. Cualquiera de ellas habría arrasado en estos premios si hubieran competido en otro año.
Y de este impresionante ramillete, tengo que decir que mi favorita es Manchester frente al mar, para mí el mejor filme del año, una producción redonda, perfecta en todos sus aspectos. ¿Y por qué no ha sido reconocida como tal? No creo estar descubriendo nada nuevo si afirmo que los Oscar son conocidos por tener en consideración cuestiones ajenas a la calidad artística cuando a la hora de entregar los premios.
Difícilmente una producción tan intimista, y sobre todo nada taquillera, como Manchester frente al mar va a alcanzar dicho galardón, aunque se reconozca su talento y calidad al entregarle el Oscar a Mejor Guion Original.
Y, ¿qué es lo que ha pasado? Pues que la academia hollywoodiense también es conocida por sus flagrantes errores, que siempre intenta solucionar más tarde que nunca. Tras la polémica del anterior año del “Oscar so White”, que denunciaba la discriminación de los afroamericanos en la meca del cine, la aplicada academia ha intentado solucionar previos agravios con los premios de este año, que afortunadamente tenían muchas producciones con una destacada presencia de la comunidad negra.
Y, aunque Moonlight es una película de calidad, con una destacable puesta en escena de un director con un talento incuestionable, estaba simplemente, como se dice, en el lugar y momentos adecuados.

Beatriz Jiménez Lobato
www.bollacos.com

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Beatriz Jiménez, Cine