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// 07/11/2017
Antoni Tàpies, Eduardo Lastres,

 
 
 

Tapies, la lámpara del arte.

 

¿Qué significa, hoy en día, la obra de Tapies? ¿Qué puede decir a las generaciones de artistas actuales? ¿Está el arte del pasado o el de las últimas décadas del siglo XX, en la mente de los creadores de hoy? Estas preguntas parecen pertinentes en un momento en el que el arte está cambiando hacia no se sabe qué destino.
Pero, cómo responder a cuestión tan compleja como es la lectura que hacen los artistas de otros artistas del presente y del pasado. En principio habría que preguntarse dónde está el arte contemporáneo en la actualidad, cuáles son sus intereses reales, en qué lugar se sitúa en el contexto social.
Como no puede ser de otra manera, cualquier opinión sobre este concepto tan abstracto, tan poco concreto, como el arte, dependerá del nivel de información que se tenga. Si nos situamos desde la perspectiva de la sociedad en su conjunto, esta visión del arte ha de ser múltiple y diversa en cuanto no puede existir un consenso generalizado. Dependiendo de la cultura, la sensibilidad, el conocimiento, que tenga el público así será su juicio sobre una obra determinada. Diariamente podemos observar cómo todavía existe una gran cantidad de personas que se niega a aceptar la abstracción como parte del arte, o que ni siquiera acepta el impresionismo, la irrupción del cubismo, mucho menos, el expresionismo, el minimalismo… Otros, sin embargo, están defendiendo posturas más “radicales”, como la performance, la instalación o el empleo de las nuevas tecnologías, por no hablar del arte conceptual, heredero de Marcel Duchamp (1897-1968), Schwitters (1887-1948) o Man Ray (1890-1976). Artistas, como Louise Bourgeois (1911-2010), son aceptadas solo en algunas de sus etapas, como ocurrió con Picasso en el siglo XX. No digamos de Josep Beuys (1921-1986), cuya obra es tan compleja de interpretar, dado su carácter innovador y la peculiar inclusión de su biografía en ella, cuestión fundamental en su arte, y en el arte que le ha sucedido. Nos encontramos que durante el siglo XX, sobre todo en sus décadas finales, las cosas han cambiado enormemente, hecho por el cual han quedado atrás gran parte de la sociedad que solo querían ver en las obras artísticas una ilustración de la vida.
Pero vayamos a Tapies. Su obra responde con bastante claridad a las inquietudes de un artista de su siglo, el XX, tan lleno de transformaciones y cambios de dirección en cuanto a la visión y concepción del arte. Siglo atravesado por sucesivos retos artísticos, producto de un descubrimiento fundamental, el de que el arte plástico no tenía por qué estar circunscrito a la realidad, marcada por antiguas leyes y convenciones. Es el cubismo el que abre la puerta por donde han transitado todas estas transformaciones y los movimientos más importantes, que han decidido el panorama actual del arte. Y ha generado un principio de debate que ha determinado la creación artística durante décadas fundamentales, como es la diferencia entre figuración y abstracción, pero que en la actualidad está ya obsoleto. Un artista puede expresarse a través de estas dos formas de ver la realidad o de negarla. Se puede valorar la obra de Lucien Freud (1922-2011) o de Balthus (1908-2001) tanto como la de Piet Mondrian (1872-1944) o la de los minimalistas, al mismo nivel de exigencia. Evidentemente, cada uno se expresa con los medios a través de los que interpreta la realidad o simplemente su visión del espacio plástico. Freud nos invita a ver su visión del cuerpo desnudo, en su exaltación o degradación, pero también en su dimensión más sensible y profundamente humana. Freud nos habla de su mirada hacia el ser humano en un análisis de su propia existencia, vista con la crudeza de su propia realidad. En el fondo, nos pregunta: -qué creéis que es el ser humano, cómo somos en realidad…- nos pinta como somos, o como él cree que somos… Y Mondrian, qué hace Mondrian sino sintetizar su visión del mundo, del paisaje y, por ende, llegar a la abstracción, a la conclusión de que las relaciones entre los colores, en la dimensión del plano del cuadro, producen armonías, certezas sobre el espacio y sus interrelaciones, sobre los equilibrios entre las fuerzas del color representado. Pero, en realidad, todos hablan de lo mismo, de arte, tanto Freud como Mondrian.
Tapies nace en una época en la que estas diferencias se han convertido en un tratado de modernidad o de clasicismo. El surrealismo, tan en boga en la época en que Tapies inicia su andadura, es reflejado por este artista con unas obras donde la figuración es el tema principal. Tapies desarrolla su visión del autorretrato conforme a su temperamento analítico y, bajo la influencia de Joan Pons, (1908-1984) constituye una forma apropiada a sus conocimientos. Pero nuestro artista ve la obra de Alberto Burri (1915-1995), su manera de transgredir los materiales tradicionales del arte y darles vida propia. A partir de entonces, las arpilleras, las resinas, los plásticos, serán el lenguaje donde el artista catalán se moverá. También la influencia del Povera, con su interpretación de los elementos de la naturaleza o los materiales desechados por la industria y el consumo, dará a Tapies nuevos caminos en los que expresar sus sentimientos y su arte. Los materiales puros, cartones, paja, platos, cuerdas, puertas de garaje, muebles viejos, etc., son dispuestos en una reflexión sobre lo figurativo de estos elementos, que saca de su contexto convencional, atribuido, para formar otros discursos con los que expresar sus ideas. Todo comienza a tomar forma. El símbolo inicia también su andadura en la obra de Tapies. El pie, la mano, el cuerpo, la cruz, la t de Tapies y de Teresa, su mujer, la cuatribarrada, símbolo de Cataluña, su tierra y, sobre todo, el gesto. El gesto rápido, grandilocuente, enfático, que a veces se acompaña de la mancha sinuosa del barniz sobre la superficie del cuadro. En una primera etapa abstracta, Tapies busca, en el uso de las resinas que endurecen y secan con rapidez, esa decisión inmediata, la impronta que queda impresa en ese endurecimiento de la materia. Una reflexión que también desarrolla en sus collages con distintos materiales de reciclaje. Pero Tapies siempre es fiel a si mismo, a los elementos de su mundo plástico, que él justamente se ha ido creando, solo que en ese desarrollo va elaborando diferentes visiones sobre la materia empleada. La figuración se mezcla con la abstracción más severa. Cruza los diferentes campos de la plástica, siempre con una reflexión donde la impronta, su gesto, son controlados, para servirse de estos como los principios donde se genera la obra.
Tapies, como el artista del paleolítico, medita el resultado de su obra, desde su génesis a través de esa inmediatez medida, para poder transcribirnos su mensaje de subsistencia a la (tribu) sociedad.
Tapies es uno de los artistas más valorados en los medios cultos del arte, pero no es demasiado entendido por la sociedad en general, al contrario, su obra provoca fuertes discusiones entre defensores y detractores de la modernidad. Todavía, hoy, esta mayoría no formada no entiende que un cuadro sea valorado por ser una superficie llena de manchas y gestos, que no se parece a nada. Tampoco entiende la dimensión atribuida a sus collages, su extraña relación entre objetos de diferente sentido. Esto cabrea todavía más.
Pero volvamos a la pregunta planteada al principio de este escrito: qué aporta Tapies al arte actual, a los artistas de las últimas generaciones. Posiblemente, para unos será clave, para otros, pasará desapercibido, todo dependerá de cuales sean sus intereses plásticos. Me explicaré. Muchos de los artistas que parten de una visión conceptual del arte pueden aprovechar su más que relativo desprecio por la tradición y por sus materiales…, o sus disposiciones de objetos de distinta naturaleza. Pero, con respecto al conceptualismo actual, en su pretendida pérdida de objetualidad artística en pro de una idea que recoja o denuncie las inquietudes políticas, sociales, ecológicas, de nuestro mundo globalizado, puede ser que el interés por la obra de Tapies sea escasa. Tapies trabaja las dos vertientes, la puramente plástica y la conceptual, en ese dialogo entre materiales y significados que también interesa al artista actual, como no podía ser de otra manera. Pero su dibujo, la pintura de gesto, esa mirada al arte oriental no se sabe interpretar, no se tiene el conocimiento para ello y por lo tanto no se coge como tradición para seguir investigando. El arte en esa diferencia generacional, conceptual, se ha dividido. Lo que plantea un problema importante para este momento es el nuevo rumbo de un arte excluyente que no mira, o que mira relativamente poco, hacia el arte del pasado.
En las últimas Documentas, concretamente desde la del 92, se establece el dominio de un nuevo concepto en el arte, la utilización del documento, algo que siempre ha sido, por otra parte, connatural al conocimiento y a la labor de investigación, en cuanto a la búsqueda y contraste de los datos, de los hechos, que nos pueda dar luz sobre las diferentes maneras de enfocar, de leer, una realidad. Pero en esa exposición documental, a veces, desaparece el concepto arte, pues sus intereses, aunque puedan confluir, se desarrollan por medios y lenguajes muy diferentes. En la actualidad en la exposición artística de esta dimensión conceptual, solo queda la acción notarial, la denuncia o la transgresión de la convención social o sobre el individuo. Se busca concienciar al espectador de determinados hechos de la realidad actual o del pasado reciente, pero siempre desde esa óptica del documento, del expediente, del legajo. Bajo estas premisas, los actuales profesores de las escuelas de arte propician más la investigación documental que la reflexión sobre la producción de un arte objetual. Olvidándose, en muchos casos, de que se están formando a artistas o futuros transmisores de enseñanzas artísticas, relegando casi por completo los instrumentos propios del artista, como es el dibujo, por ejemplo, y el conocimiento de la línea, como base para el análisis de la forma, plana o volumétrica, arquitectónica…, la escultura, el espacio tridimensional, con todas sus variantes, como la intervención en el espacio interno y en el urbano.
Pero qué ha sucedido con la pintura en el siglo XX, considerada el arte por excelencia desde el siglo XIV. La respuesta a la pregunta es bastante compleja pero oportuna. La pintura ha perdido, en algunos o en muchos foros, su poder como imagen icónica del arte contemporáneo. Pero, cómo ha sucedido esto, qué razones nos han llevado a esta nueva deriva del arte. Después de muchos, demasiados, años, en los que las escuelas de Bellas Artes promovieran exclusivamente una enseñanza caracterizada por el alarde y el virtuosismo en el óleo, por imponer un método académico, la reacción de las nuevas generaciones se ha centrado en la búsqueda de la modernidad que se dirigía hacia lo documental y conceptual, suprimiendo la pintura, o al menos, quitando fuerza a esta disciplina. Una postura que quizá también se justifique por el hecho de que, en la pintura, desde hace cierto tiempo, una amplia mayoría de artistas redundaba en una visión archirrepetida del arte conocido, sin verdaderas aportaciones. Lo que hizo perder su valoración en los centros de arte, museos y galerías de todo el mundo. Aunque hay que decir que no existe unanimidad a este respecto, pues permanece como una actividad preponderante para unos, mientras que, para otros, quizás con igual fuerza, sea marginal. Muchas galerías y centros de arte, en todo el mundo, siguen destacando en sus exposiciones y colecciones la expresión pictórica en todos su géneros y tendencias. Esta falta de unanimidad en los criterios de valoración del arte ha conseguido dividir, más bien, fragmentar decisivamente el sector cultural en dos visiones sobre el arte contemporáneo. En la última Documenta, se ha visto acrecentada esta división entre lo que podríamos llamar conceptualistas, documentalistas, y los más tradicionales, aunque en algunos espacios para el arte convivan por igual, o incluso se potencie ese arte más habitual, el de las conquistas del siglo XX, en la creación de nuevos conceptos.
Como consecuencia de estas derivas, se debe hablar de la influencia decisiva del trabajo de Josep Beuys, de hecho es sin duda uno de los artistas más seguidos por las generaciones más jóvenes, por su trabajo o por sus ideas, reconociendo su esfuerzo por cambiar el rumbo del arte, con sus propuestas y acciones sobre la vertiente social, ecológica y política. Pero en su obra, no se puede olvidar su visión como artista plástico y su capacidad de análisis y utilización de los valores y aportaciones de los artistas de todos los tiempos. Algo fundamental que, sin embargo, no es contemplado por muchos artistas actuales que siguen su camino, pero en una deriva que busca romper, de hecho lo ha conseguido, el equilibrio del que tantos siglos ha sido promotora la pintura, y también la escultura hasta hoy. ¿Qué nos espera en el futuro? ¿Cuál será la tendencia artística preponderante? Hoy en día es evidente el predominio del conceptualismo, pero hasta cuándo. No está todo dicho, la voz decisiva de ese futuro, como siempre, es la del artista.
El ser humano produce arte con los medios que tiene a su alcance, con el conocimiento, la técnica que posee. En el Renacimiento, los avances científicos, la revelación que dio la perspectiva en el arte, marcó la creación artística, la visión del espacio del cuadro y de la arquitectura, de las ciudades, su urbanismo, sus jardines. Hoy en día las escuelas no están formando en el conocimiento del espacio de la pintura, así los artistas crean con lo que conceptualmente está más cercano a su formación. La parte conceptual de Tapies les puede aportar ideas, pero un pintor como Freud, les queda más lejano. Al desconocer esta tradición, les deja de interesar, y el arte, por ejemplo, en las escuelas americanas de los setenta, empezaba con Andy Warhol (1928-1987). Ya no se parte de lo anterior, y con este principio se puede hacer lo que se puede hacer. Otra cosa es que el ser humano, la mente humana siempre es curiosa y está ávida de conocimiento, necesita cuestionarse los orígenes, interpretar las derivas desde sus principios generadores, por lo que la visión de una imagen, de una obra, de cualquier época o lugar puede despertar en el artista actual una posible solución para aplicar a su obra, y conjugar así a Warhol con Mondrian, el minimalismo con el expresionismo, el arte conceptual con el conocimiento de un lenguaje plástico, significativo. De hecho los diseñadores en sus diferentes ámbitos y competencias, están realizando estas mezclas. El artista es un mirador, busca, se empapa de las diferentes imágenes y lenguajes. No puede quedarse con la academia aprendida.
Si en un momento, la enseñanza de la pintura se basaba en el conocimiento de una tradición que iba desde las pinturas romanas, el mural románico, el análisis, en el Renacimiento, desde la geometría, en el siglo XX, con el cubismo, este análisis se desarrolla desde la multiplicidad de miradas, en paralelo con las últimas investigaciones científicas. En la actualidad, estamos viviendo un momento clave, en el que el artista en esa búsqueda urgente de modernidad y de innovación constante ha perdido en gran parte la relación con el pasado, contemplando solo lo llegando a caer en una cíclica reinterpretación o copia de las obras y acciones más radicales que protagonizaron grupos como Fluxus, o el Nuevo Realismo. Al no interesarse por el análisis del arte del pasado, el artista hace el arte que puede hacer con el conocimiento que tiene. Aunque siempre hay quien analiza y repiensa a otros autores de otros momentos de la historia del arte.
Es evidente que la pintura en su formato y medios tradicionales ha perdido presencia, los artistas buscan la expresión con las nuevas tecnologías, desarrollan su experimentación con los lenguajes de su tiempo. Así también los pintores investigan el análisis del lenguaje pictórico con las nuevas tecnologías, el video, la fotografía tratada por photoshop, porque fundamentalmente al pintor le interesa ser un artista de su tiempo, sin descartar la visión objetual del arte.
La realidad que nos muestra la historia del arte es que un artista de cualquier época puede innovar buscando sus intereses en artistas de cientos de años antes que él. Cada artista busca el imaginario que le interesa para producir su obra, sin atender a imposiciones de escuelas o de mercado. Porque, no lo olvidemos, todo se convierte en una academia si no se sabe renovar, y esto solo se hace desde el conocimiento de arte de todas las épocas, si hablamos de artistas plásticos.

Eduardo Lastres
Artista visual
www.eduardolastres.com
 
 


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