Santiago Delgado

Santiago Delgado
// 13/02/2016
SANTIAGO DELGADO-ESCRIBANO, pepe calvo, imaginación y deseo, Antonio Alonso, Aurelia Masanet, Cayetano Ferrandez, Cayetano Navarro, David Sardana, Eduardo Lastres, Elena Aguilera, Isaac Montoya, Luisa Pastor, Manuel Galdon, Maria Dolores Mula, Miguel Banuls, Paco Valverde, Pepe Gimeno,

Santiago Delgado fotografiado por Concha Crespillo.
 
 
 

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Extracto del libro: Arte/IDEARIO VÍDEO: una defensa de la praxis.

 

(…) Cabría preguntarse entonces, muy razonablemente si, ¿es Arte el objeto artístico en sí mismo y por sí mismo? Ya desde principios de siglo XX queda bastante claro que no; la pieza “Fontaine” de Duchamp es un urinario exactamente igual a cien mil otros que por supuesto no son Arte.
Si hemos de considerar la forma física y la mera materialidad de los objetos artísticos nos resultaría imposible mantener ciertas afirmaciones categóricas como la que ocupa este ejemplo. Este hecho añade una dimensión extra-matérica al objeto artístico al mismo tiempo que se produce una unión entre entidades de planos muy diferentes: lo físico y lo ideológico. Los objetos que normalmente llamamos Arte llevan asociados íntimamente a ellos unos discursos que les hacen ser lo que son, Arte. La única diferencia entre un urinario de porcelana y la obra “Fontaine” es lo que se dice y lo que se hace con él, pero el objeto en sí es el mismo exactamente.
¿Sería entonces Arte este discurso? Aunque discutible, parece claro que no: los discursos del Arte son indivisibles de los objetos artísticos a los que se adhieren; si no podemos localizar el concepto puro de “Arte” en la acción de crear porque necesitamos un objeto, tampoco lo podemos hacer aquí. Además, los discursos artísticos nacen casi siempre a posteriori, son destilados a partir de la existencia y puesta en funcionamiento de los objetos artísticos. Por otro lado, el intentar aprehender el término Arte atendiendo fundamentalmente a los aspectos discursivos, paradójicamente, no soluciona nada ya que la metodología de estos discursos, lo que en conjunto llamamos estética, es por definición indefinida. Etimológicamente, estética en griego, significa juicio de valor; la estética es (o debería de ser) algo reconocido como absolutamente subjetivo y por tanto una disciplina que no debería más que poder aconsejar y no imponer. Incluso Inmanuel Kant lo deja ya claro en su “Crítica del Juicio”: – No podemos hacer un juicio de lo bello, sólo una crítica de ello.
Parece que son infructuosos los esfuerzos por aclarar esta cuestión del Arte mirando por separado materia e ideología. Lo que debemos buscar es un hecho casi mágico, similar a la multiplicación de los panes y los peces de la tradición Cristiana, (y no solo por el incremento superlativo del valor económico de los objetos artísticos) que se produce cuando ideología y materia dan lugar al surgimiento de la obra de arte.
Este es el evento crucial, un acontecimiento muy particular que requiere una atención especial. Aunque la obra de arte dinamiza la materia y la ideología, lo insólito y exclusivo de la obra de arte es el puente-unión entre materia e ideología. Es el puente lo efectivamente atrayente, lo valioso, lo mágico (…)

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