Sangre inocente de P.D. James, crítica de Bruno Francés

Bruno Francés
// 09/01/2017
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La llegada: Sensaciones

Sangre Inocente, eL Anticomentario by Bruno Francés
 

P.D. James (Oxford, 1920 – 2014) fue, amén de la brillante autora de novela detectivesca, la gran dama de las grandes frases, “la novela detectivesca apela ante todo a la inteligencia; y ello le confiere un carácter de nobleza”, “sin un cuerpo de policía no puede haber narrativa detectivesca”, “el detective nunca debe saber más que el lector”, hay cientos de frases en torno a la obra de una mujer que no pudo comenzar a escribir hasta que se suicidó su marido que padecía esquizofrenia (post traumática al regresar de la guerra) pues tenía dos hijas y debía de cuidar de un hogar que ella llegó a sentir como un auténtico calvario.
Amante de la obra de Jane Austen trabajó en la seguridad social británica y en el departamento de policía en el departamento forense; ahí es nada a un paso entre Sherlock Holmes de Scotland Yard y Gil Grissom de CSI y por eso debió de sacarse de la manga el segundo detective más famoso de la literatura británica, Adam Dalgliesh que, irónicamente, no protagoniza Sangre Inocente (1980).
Tratar de comentar una obra detectivesca es lo mismo que contarle a los niños que Papa Noel es un invento de la Coca Cola, o dejarte a medias en un orgasmo que cada cosa tiene su importancia a según qué edades y no sé qué es más traumático. Pues Sangre Inocente va un poco de eso. De corta rollos.
Una joven, Philippa Palfrey, descubre a los 18 años que su padre y su madre son adoptivos, de buena familia por supuesto té a las cinco con pastas de mantequilla que me acaban de caer mal en el estómago al saber el notición y, claro, como la curiosidad mató al gato, abandona su status social, y decide irse a buscar a sus padres biológicos que, por supuesto, son más malos que los hermanos Malasombra que son malos, malos de verdad, son como una espina que solo sabe pinchar y más malos que la quina y descubre que fueron condenados por la violación y asesinato de Julia Scase. Que su padre murió en la cárcel porque la pena era de diez años y que su madre va a salir que ya cumplió condena.
Suena todo a narcocorrido mexicano y hasta el padre de la Julia que quiere vengarse mientras su mujer está muriéndose en un hospital y va a intentar acosar a la madre biológica de Philippa, que se llama Mary pero que es más falsa que los duros de a seis, sin olvidar que los padres adoptivos son profesor, escritor y portavoz socialista –como Pérez Rubalcaba- y la madre jueza y que le echa horas al master chef que es un primor, bueno y la asistenta social que le dice a la Philippa que deje las cosas tal cual y que se olvide del asunto pero que la cría es tan soberbia y chulita que dice que ha decidido que se independiza con su madre biológica, y la lía en casa, los adoptivos se pelean, ella se alquila un piso en Londres con la Mary que se pone a trabajar en un local de comida rápida, luego hay un periodista que aparece por ahí… pues no hay tomate ni nada y, a todo esto, con chanclas y calcetines que no lo dice pero que yo me lo imagino.
Y no les cuento más porque va a llegar el final y los libros son para leerlos que esto es un anticomentario por algo; lo sé muchos no sabían lo de Papa Noel y lo del orgasmo a medias pues, para la próxima encamada, dos a medias cuéntenlo como uno que siempre hay un roto para un descosido o como cuando te la comes en el parchís y cuentas veinte, aquí cada cual que haga de su capa un sayo pero pensando en positivo y siempre con protección.
En fin novela que encumbró a P.D. James, que a la octava fue la vencida, que comenzó a escribir pasada la treintena y que su primer obra fue Cubridle el rostro; en la obra que nos ocupa el tema principal es la relación que se genera entre madre e hija biológica y la postura que adopta Phillipa poniéndose en la piel de las víctimas vivas, es decir, en el lugar de todas aquellas personas que se han visto afectadas por la violación y asesinato de la joven y no, como viene siendo habitual, en el papel de la propia asesinada.
Historia de sentimientos en cuatro capítulos (Prueba de identidad, La orden de libertad, Acto de violencia y Epílogo de vísperas), oscura, pesimista, crítica al cambiar de los tiempos y a la inadaptación a los vientos modernos, detallista, psicológica, terrorífica en lo que significan todos esos cambios, angustiosa, de personajes fuertes, con personalidad, intelectual, razonable, creíble tanto que hubo de advertir que no estaba basada en hechos reales, Sangre Inocente iba a titularse Lazos de sangre pero ya habían otras novelas con ese título, -rezando a San Antonio como hacía un amigo suyo buscando causas perdidas se despertó con tan sangrante título.
Autora de obras como “Un impulso criminal”, “Muertes poco naturales”, “Intrigas y deseos”, “Mortaja para un ruiseñor” o “Muerte de un forense” murió a la edad de 94 años, siempre respetando la inteligencia del lector como parte indisoluble de sus historias para que fueran pensadas y reflexionadas, P.D.James, baronesa de Holland Park siempre defendió a la mujer como la escritora perfecta para estas historias por ese punto de vista acerca de los detalles y de la empatía para con los demás.
Me ha salido un artículo tan serio, tan estricto y tan británico que lo leo y hasta me suena en inglés, y mira que soy de francés… hasta de apellido. Puro vicio sí señor ya me cuento las veinte.
Hasta el próximo anticomentario, si es que se tercia.

Bruno Francés
Escritor
 
 


 

Mandatory Credit: Photo by David Hartley/REX (881935h)
P.D James
Oxford Literary Festival, Christchurch College, Oxford, Britain – 30 Mar 2009
The dinner in honour of Baroness PD James, in the presence of HRH the Duke of Kent, held in the Great Hall of Christchurch College.