Reproducción, transformación, plagio o inspiración en las obras plásticas. Ana Ganga.

Ana Ganga
// 17/02/2016
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Reproducción, transformación, plagio o inspiración en las obras plásticas

 

¿Es la fotografía de un cuadro de Goya una reproducción? ¿La adaptación de esa imagen a una postal es una transformación? ¿Cuándo un cuadro nace inspirado por un poema es plagio o transformación?
En las artes plásticas no siempre resulta fácil establecer las fronteras entre esos conceptos porque el resultado obtenido tras llevar a cabo una reproducción difícilmente es exactamente igual al original que se tomó como modelo.
Además, las definiciones jurídicas no coinciden con lo que comúnmente se entiende de ellas.
Así, reproducción de una obra no es sinónimo de copia, sino un concepto más amplio, se trata de la fijación en un soporte, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda la obra o de parte de ella, que permita su comunicación o la obtención de copias (art. 18 LPI).
Por el carácter de obra única de las obras plásticas, algunos autores consideran que nunca podemos hablar de reproducción, sino siempre de transformación, ya que difícilmente una copia será idéntica al original.
Entendida así, ni siquiera una fotografía de un cuadro podría entenderse como reproducción, pues no puede proporcionar la misma homogeneidad física y representativa del original, ejemplar único.
Sin embargo, la mayor parte de los ordenamientos y de la doctrina, consideran reproducción en sentido jurídico esa mermada representación en un soporte material de la obra plástica, aunque sea aproximada, siempre que el resultado sea representativo del original, de manera que cualquiera pueda hacerse una composición mental de la obra intelectual.
Por otro lado, el derecho de transformación de una obra se entiende generalmente como “cualquier modificación” de una obra existente, pero en el ámbito jurídico requiere la creación de una obra diferente: “La transformación de una obra comprende su traducción, adaptación y cualquier otra modificación en su forma de la que se derive una obra diferente (…)” (art. 21.1 LPI).
Es decir, la transformación implica la creación de una obra nueva a partir de otra obra, que se llama original, para diferenciarla de la nueva, que se llama derivada, y que genera unos nuevos derechos para el autor de ésta última.
En esa obra derivada es necesario detectar cierto grado de originalidad, porque sin él no podría constatarse la existencia de una obra diferente. La dificultad estriba en determinar cuándo es original la obra resultante de tal forma que no constituya una reproducción o un plagio de la obra preexistente, ni tampoco se limite a ser una mera inspiración de la obra previa, puesto que en este caso estaríamos ante una obra independiente y distinta de la obra previa.
¿Si un artista plasma en pintura una obra fotográfica es reproducción o transformación? Para ello, habrá que atender tanto al animus o voluntad del sujeto que lleva a cabo la copia (intención de reproducir o de crear una obra nueva), como al resultado obtenido, de manera que si se aprecian diferencias entre la obra derivada y la obra original por cualquier persona no entendida en arte, estaremos ante una transformación de la obra, aunque el tercero que realizó la supuesta copia tuviera otra intención.
Únicamente cuando, respetando los elementos de la obra original en lo esencial, se realice una cierta interpretación podrá hablarse de una transformación de la obra preexistente.
Surgen otras cuestiones, ¿si un cuadro se ha inspirado en un poema se crea una obra derivada o una obra nueva? Se podría pensar que estas obras literarias aportan ideas que son de exclusiva creación del escritor. Sin embargo, se ha resuelto que la transformación se reduce a cambios dentro del mismo género artístico (pintura, fotografía, diseño…), y no cuando cambiamos de género ya que su forma de exterior y de expresión es absolutamente diferente de las obras en las que se inspiraron.
Por último, no podemos olvidar que la realización de cualquier obra derivada por transformación de la original requiere de autorización del autor original, de manera que si no se dispone de la misma, estaremos ante una infracción de la propiedad intelectual, semejante a la reproducción ilícita, vulneración ésta última que nos sitúa en el supuesto del plagio.
El plagio es la apropiación de la obra o partes de la misma por un tercero. Esta “apropiación” puede consistir en un “cortar y pegar”, pero también se da cuando se ha procurado disimular o disfrazar la acción mediante manipulaciones para evitar que, a simple vista, pudiera reconocerse a su autor.
Los límites entre inspiración y plagio también son difusos, debiéndose estar al caso concreto para analizar tanto las similitudes y diferencias, como la intención del autor y su originalidad en la nueva creación. Y aunque siempre habrá que estar al caso concreto.
 
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Ana José Ganga
Abogada. Especialista en propiedad intelectual.

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