Pretty Zorra. Por Laura Notario

Cine
// 09/01/2017

 
 
 

Revisando Pretty Woman tuve varios procesos digestivos. De entrada, quería simplemente ver el clásico. Una comedia bien hecha. Un casting perfecto y un ritmo brillante. Buenas interpretaciones, momentos inolvidables de guión con instantes divertidos, tiernos y dolorosos. Y esa sonrisa ñoña que te deja el final. Como decía mi madre “es una tonteriina”. Después, empecé a reflexionar. Primero pensé en Trump. Me parecía otra referencia psíquica inconsciente del magnate, igual que “Lo que el viento se llevó”. Ella nunca era una dama. Pero el siempre era un magnate. En otra ocasión, ya había llegado al básico feminista. La pobre chica de la calle, un poco tonta, zafia pero encantadora y guapísima, que es salvada por el ejecutivo brillante, enigmático, culto, poderoso, tierno y considerado. Un padre de primera que te mantendrá y cuidará eternamente.
Esta vez, no me quedé solo ahí. Observé que la clave no es la moral. Lo que nos hace sentir bien ante el cambio que el moderno Pigmalión consigue de Vivian es… ¡¡La ropa!! Con otra ropa, la zorrita callejera, recupera la dignidad perdida. Concretamente con ropa ¡¡“de firma”!!
Conclusión: Cualquier “prostituta” no lo parece si va bien vestida. En realidad, ella va vestida como una chica moderna, que quiere exhibir su sexualidad desordenada y provocar. Pero parece “una buscona” y eso hay que cambiarlo inmediatamente por elegancia y decencia.
¡¡Pretty Woman en realidad es un Spot de firmas de moda cara!! Solo hay que ver las tiendas a las que acude. También es una lección para adolescentes descarriladas. He escuchado decir a un director de una Escuela de Cine que “las chicas tendrían que ir mas recatadas a clase”. También a una tutora de Instituto que “las chicas en pantalón corto no tienen dignidad”, a un psicólogo del mismo Instituto que “si las violan es porque van provocando” A una peluquera de veinte años comentar que prefiere tener otro niño porque “van todas como unas guarras”, la misma frase que rapeaba un cantante de moda, también veinteañero “las niñas son todas unas guarras”. Parece ser que la minifalda de Mary Quant, de hace 60 años, sigue poniendo nerviosa a la gente. De hecho ni la llevan, porque en realidad es mucho más provocativa que un pantalón corto. Invita con facilidad.
Parece ser que las chicas de ahora no pueden vivir su sexualidad libremente con los atuendos que prefieran, porque las pueden violar.
La moraleja de Pretty Woman, es tapar la sexualidad desenfrenada. Adecentar, formalizar. Es el refrán “Una señora en la calle, una puta en la cama” O lo que es lo mismo: Puedes ser todo lo loba que quieras pero que no se note. Hazte la decente y todo perfecto. Que no se sepa. Que no lo parezca. Y está es una de las claves de la violencia de género. La sociedad, ambos, hombres y mujeres, no soportan la exhibición sexual Tampoco la de la gente gay. Molesta la evidencia sexual, el cortejo sin disfraz, el pedir sexo explícitamente sin circunloquios. Les molesta a los que ya no lo disfrutan, a los que no parecen saber aliviarse en solitario y a los reprimidos.

Laura Notario
Actriz, profesora de arte dramático y realizadora.
 
 

 
 
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