Enric Mira
// 27/11/2017

 
 
 

LOS INTERIORES SAGRADOS: ESCENAS PARA UN CALEIDOSCOPIO

 

Las manifestaciones artísticas vinculadas al montaje, el pastiche y el collage constituyeron ejes fundamentales sobre los que se desarrolló el paradigma de la posmodernidad durante las últimas décadas del siglo XX. Frente a la convicción modernista de que los medios artísticos debían afanarse en profundizar en la pureza formal de sus lenguajes, se alzaron una serie de planteamientos que apostaron por la interdisciplinaridad y la hibridación de géneros. Los artistas posmodernos, atentos a la sociedad de consumo y de los mass media, hicieron del fragmento, la cita y la apropiación sus estrategias críticas de producción artística.
A mediados de los años setenta, Pepe Calvo comprendió que la fotografía había dejado de estar sometida a la realidad y que el documento ya no era el relato dominante en el discurso fotográfico. Las imágenes fotográficas se ofrecían como un lenguaje con el que deconstruir, a través de fricciones entre esas imágenes, un mundo preñado de simulacros. Esta voluntad de ruptura con el canon estético de la fotografía y la constatación de la defunción del referente fotográfico, le deslizaron, en sintonía con las poéticas posmodernas, hacia el universo de las imágenes como filón con el que alimentar su propuesta artística. El fotomontaje y el fotocollage se incorporan, a partir de este momento, como procedimientos centrales de su personal método de creación. Unos procedimientos que, como ya mostró el dadaísmo, conllevan en sí un desafío a cualquier forma de jerarquía cultural o estética de las imágenes, suponen una oportunidad para que el imaginario del artista se puede manifestar con absoluta libertad y, ante todo, subvierten el orden convencional de la representación posibilitando nuevas formas narrativas.
La exposición Holyinteriors se articula en cuatro series, identificadas con elementos arquitectónicos y de mobiliario que componen el interior de un hogar: escaleras, armarios, espejos, ventanas y cortinas. Esta iconografía no es nueva en el universo creativo de Pepe Calvo, ya la encontramos en Colección Scoperte (1995), Suite (1995) y Interior tras interior (2002-2003). Por otra parte, la presentación del espacio doméstico como metáfora de su subjetividad, como una especie de autorretrato, es la idea sobre la que también se desarrolla Domus (2010-2011). Otras veces, como se comprueba en Ego (2012), la construcción de un espacio interior, ya sea real o imaginado, se conforma mediante una puesta en escena del yo, una manifestación simbólica de sus emociones empapada de ironía.
La idea de la interioridad como instancia dialéctica es plenamente efectiva en Holyinteriors. Si en anteriores obras de Pepe Calvo, la escalera ha funcionado como símbolo de la distancia entre lo terrenal y lo celestial, ahora matiza su significado como nexo entre lo real y lo fantástico, entre lo prohibido y lo deseado, entre lo profano y lo sagrado. Las maniobras de ocultar y mostrar, a modo de sutil juego psicológico, tal vez también de ritual, se hallan en las figuras de armarios y cortinas con su mecanismo preciso de opacidad, de táctica de lo arcano. En una célebre exposición del MoMA (1978), John Szarkowski presentó los espejos y las ventanas como metáforas de dos modos contrapuestos de concebir la fotografía americana desde los años sesenta: la imagen fotográfica como documento que reproduce una realidad exterior –ventanas– y la fotografía como visión interior y subjetiva –espejos–. Una dualidad que reflejaba la dimensión pública y social de las imágenes fotográficas a la vez que los intereses expresivos y estéticos de los fotógrafos. Pepe Calvo incorpora estos elementos funcionales en clave personal. El espejo podría invocar la configuración lacaniana de la psique, como un dispositivo de apariencias, de reflejos y ectoplasmas. La ventana, en paralelo, materializaría una visión subjetiva que en algunos momentos puede parecer truculenta mientras que en otros resulta onírica. La subjetividad es una entidad construida –como lo son las imágenes de Holyinteriors– que no surge de manera improvisada del corte urgente del obturador sino que se conforma a base de tiempo y experiencia, de reflexión e intuición.
Las relaciones que se crean entre los diferentes iconos son complejas. Escaleras, armarios, cortinas, espejos y ventanas interaccionan como partes de un espacio quimérico. Aparentemente, estos espacios se estructuran ante el observador como lugares homogéneos y coherentes pero pronto su lógica se descubre distinta. Hay una especie de trompe l’oeil, son espacios imposibles físicamente pero que adivinamos en su dimensión conceptual. Tal vez tengan algo de lugares utópicos pero también, paradójicamente, de esos “espacios otros” que Foucault llamó heterotópicos. No hay neutralidad en ellos, los espacios de los fotomontajes de Pepe Calvo son equívocos e incomodan: son de tránsito pero también de permanencia, privados pero hechos públicos –y a la inversa–, acogedores y a veces hostiles, artificiales y en algunos casos naturales. Su factura escenográfica es de una atmósfera repleta, sin fisuras. Es verdad que vemos pasajes o accesos a otra dimensión espacial pero esta nunca se insinúan menos saturada que la anterior. Nuestro artista se deleita en una estética barroca, efectista y dinámica, en la que lo ornamental, lejos de aquella función delictiva que le asignara el arquitecto Adolf Loos, asume un protagonismo inesperadamente contemporáneo, sincrético y mestizo que se permite fluctuar sin prejuicios por la historia de las imágenes. Pepe Calvo despliega una economía de lo alegórico mediante la apropiación, la cita y el fragmento, creando un lenguaje metaicónico con el que –siguiendo el decir de Walter Benjamin– construir una historia con los detritos de la historia.
Un mirada atenta a estos fotomontajes desvela una estructura de fondo que podríamos llamar caleidoscópica, como si en su barroquismo la reverberación de simetrías y repeticiones insinuase un movimiento o giro imaginario sobre su propio eje. El fotomontaje sería así no sólo construcción de un orden inédito por yuxtaposición sino también una forma de desmontaje y reordenación de elementos en una suerte de percepción dialéctica. Las imágenes de Holyinteriors se podrán entender, tal como ya hemos sugerido, como el pasaje a una escena interior, a un espacio cuyo sentido sagrado no está objetivado ni es epidérmico sino que es inseparable de una implicación hermenéutica por nuestra parte, desafiados por ese juego caleidoscópico de acople y dispersión sin fin de imágenes y significados.

ENRIC MIRA PASTOR
Comisario y crítico de fotografía
Director del Departamento de
Comunicación y Psicología Social
Universidad de Alicante
 
 
 

Reflejos, reflexiones y otras especulaciones.

 

Para ser un fotógrafo profesional desde luego Pepe Calvo es un fotógrafo sorprendente. Lo primero, porque hace ya varios años que se deshizo de su cámara y de su laboratorio de revelado, para construir sus imágenes a partir de otras imágenes ya hechas. Lo segundo, porque seguramente, salvo con el teléfono móvil, ya no fotografía en absoluto, sino que monta o compone sus fotos utilizando otras fotos. Se apropia así de imágenes de otros y compone con ellas sus propias reflexiones sobre los temas principales de la fotografía.
El fotomontaje es una técnica relativamente tardía, con respecto a la invención de la fotografía. Mientras que la fotografía surgió hacia 1830, el fotomontaje, como tal, no apareció hasta casi un siglo más tarde. George Grosz se atribuyó la invención del procedimiento, en colaboración con John Heartfield. Según Grosz: “Cuando John Heartfield y yo inventamos el fotomontaje en mi estudio, a las cinco en punto de una mañana de Mayo de 1916, ninguno de los dos tenía la menor idea de sus grandes posibilidades, ni del camino espinoso pero exitoso que iba a tomar. Como ocurre a menudo en la vida, había tropezado con una veta de oro sin saberlo”.
La veta de oro no eran tan solo las extraordinarias posibilidades poéticas y expresivas del nuevo lenguaje, sino también los infinitos recursos satíricos y políticos que destapaba. De hecho, tanto Grosz como Heartfield se sirvieron activamente del fotomontaje primero como sátira y parodia del propio arte, después como una especie de esperpento de la sociedad y, finalmente, como una poderosa arma de crítica política contra el ascenso del fascismo.
En la invención de ambos procedimientos artísticos había sin embargo una diferencia notable. Mientras que el proceso fotográfico, desarrollado por Niépce y por Daguerre, no era en principio más que un procedimiento pasivo de plasmar una imagen reflejada de la realidad, el fotomontaje ya suponía una producción activa de una imagen recortando, yuxtaponiendo o agrupando dos o más imágenes heterogéneas. Mientras que lo uno parecía un procedimiento pasivo, lo segundo era —y sigue siendo— un procedimiento poético y activo.
Es cierto que, como dijo Baudelaire, con respecto a la fotografía, para aquellos que creían que el fin del arte era el de imitar fielmente la naturaleza, Daguerre fue su dios vengador, y la fotografía vino a usurpar finalmente la idea del arte. Las gentes se apresuraron a construir con ella sus propias historias y a componer sus propias farsas familiares. Ello podría suponer una cierta función poética, de no ser por la trivialización y la vulgarización en la que dicho arte terminó cayendo. “Si se permite que la fotografía supla al arte en algunas de sus funciones —escribía Baudelaire en el Salón de 1846— pronto, gracias a la alianza natural que encontrará en la necedad de la multitud, lo habrá suplantado o totalmente corrompido. Es necesario, por tanto, que cumpla con su verdadero deber, que es el de ser la sirvienta de las ciencias y de las artes, pero la muy humilde sirvienta, lo mismo que la imprenta y la estenografía, que ni han creado ni suplido a la literatura”.
De algún modo Pepe Calvo renunció a la fotografía debido a su facilidad y a su excesiva popularidad. Por eso prefirió deshacerse de su cámara y quedarse tan solo con la parte creativa de la producción de imágenes. En esta parte creativa también ha desarrollado el componente cómico o grotesco del fotomontaje. Su exposición Ego, presentada en 2012 en la Lonja del Pescado de Alicante, así lo demostraba. Allí el artista exploraba su propia imagen y construía una parodia de sí mismo. En su trabajo actual sin embargo parece haber renunciado a la parte de sátira política del fotomontaje, para explorar sus posibilidades estéticas.
Esto es lo que parece haber desarrollado en la exposición que actualmente se presenta con el título “Holy Interiors”. En ella Pepe Calvo explora lo que parecen ser más bien recursos escenográficos de la fotografía. Estas escenografías, que él divide en cuatro grandes series, no son en absoluto interiores decorativos o espacios domésticos apacibles, sino más bien escenografías fantásticas, en las que lo cotidiano prepara la llegada de lo siniestro. El propio artista ha insistido en el carácter surrealista de estas composiciones, sacadas de imágenes aparentemente cotidianas, pero reduplicadas, simetrizadas o reflejadas especularmente, y en las que se presiente un acontecimiento inquietante o desolador. Citando a Aldo Rossi afirma que “el escenario es más importante que el acontecimiento”. Por eso en estas imágenes apenas hay personajes. En su serie “Armarios” aparecen interiores domésticos burgueses bellamente amueblados, pero de pronto asolados por la imagen inquietante de un desván, un trastero o una buhardilla que, como si fuera un cadáver guardado en el armario, irrumpe en el espacio. En la serie dedicada a las “Escaleras” no parece tan decisivo el elemento ascensional de la escalera, como el corte geométrico visual que éstas introducen. Si el escenario es importante, la composición escenográfica le parece a Pepe Calvo aún más importante. Solo en una de las imágenes de esta serie aparecen personas rezando en una mezquita en el interior de una cueva, junto a unas escalas ascendentes que parecen, como la escala de Jacob, invitarles a salir de este espacio cerrado y ascender hacia lo alto.
El carácter teatral o escenográfico de toda la exposición se ve reforzado en la serie denominada “Cortinas”, como si la cortina, la bambalina o el telón fuesen todavía características conceptuales de lo teatral. En una de las fotos de esta serie, otro personaje se esconde detrás de una cortina, mientras parece mantener una conversación con una estatua. Finalmente la serie titulada “Espejos” es la única en la que la imagen parece querer escaparse un poco de esos “Holy Interiors”, para arrojar una cierta mirada hacia el exterior. Es cierto que esta serie también se titula “Ventanas” y que la ventana es el espacio por el que lo exterior penetra en lo interior. Pero en ella el artista gusta de mostrar el carácter especulativo de su reflexión. Como en El ángel exterminador de Buñuel, de repente una manada de corderos irrumpe, especularmente, en el interior de una sala. Irrupción de lo onírico, procedimiento surrealista u homenaje directo a Luis Buñuel. Cualquiera de las tres alusiones le puede resultar grata y satisfactoria al artista, defensor de la tradición surrealista y entusiasta defensor del cine. Unas casas de muñecas parecen expandirse, en otra foto, hasta el exterior de la ciudad, exterior urbano que finalmente se convierte en un espacio ominoso y amenazante.
En realidad el artista no quiere sino subrayar con todo ello el carácter especular —de espejo— o mejor dicho, “especulativo”, de sus reflexiones y de su reflejo. Podríamos hablar de su “trascendencia”, pero no es precisamente el carácter religioso el que más le interesa al artista de estos “Holy Interiors”, sino más bien el hecho de que, como un espejo, nos permitan también reflexionar.

Miguel Cereceda
Comisario y crítico de arte
 
 
 

Interiores bendecidos

 
 

El escenario es más importante que el acontecimiento.
Aldo Rossi

 
 

Más allá de cualquier tecnicismo, el espacio, limitado o no, es el auténtico medio en que se desarrolla la arquitectura. La sensación espacial se determina por los diferentes elementos que figuran en él, creando una Plástica que adquirirá forma dentro de sus limites. Inicialmente, en este carácter arquitectónico solo existe el vacío y es a través de la Escala cuando tendrá, realmente, consideración de espacio. Esta experiencia va siempre ligada al movimiento y al tiempo.
En esta fase en la que me hallo de ajuste de cuentas con el pasado, regreso al interior que me ha servido de base para desarrollar mi obra. Las inevitables narraciones que contiene, existen fluctuando sobre áreas interiores. Hubiera sido imposible realizar Mujeres de Octubre (1976–78), Donna immobile (1980), Short Human (1986–88) o los retratos y desnudos realizados en estudio, además de cualquiera de los proyectos configurados por medio del fotomontaje, sin las lindes de un territorio.
En este nuevo trabajo, Holy interiors, se dan todas las condiciones del espacio, el volumen y el tiempo, conceptos que aparecen de forma cíclica en mis imágenes.
En esta ocasión, más que nunca, mi trabajo es un ensayo sobre el espacio como escenario, el plano y la tensión que pueden existir en su seno.
Un ejercicio de caótico interiorismo en el que mi objetivo ha sido, únicamente, ocupar las estancias e invadirlas de forma natural para ver como su propia materia respira. La estrecha relación y el diálogo que mantienen los elementos reunidos en cada una de las representaciones; el misterio de lo negativo y lo positivo que puede hallarse en su propia configuración, concediendo importancia a la ilusión óptica, como si de un trompe l´oeil se tratara.
He prescindido de la presencia humana pero sí permanece su huella. Suite (1993) o Colección Scoperte (1995) que también trataban sobre este asunto, aunque asignando más importancia a la narración.
Así mismo, Interior tras interior (2002), donde la mirada se desliza a través de cada una de las superficies, intentado descifrar los enigmas que parece esconder el contexto.
En Holy interiors, conviene destacar las ventanas, pues cobran un especial significado ya que muestran, mas que nunca, la zona exterior que permite escapar de la memoria de lo íntimo hacia otros lugares, alejándonos de la escena para trasladarnos a un nuevo laberinto.
Es una colección de atmósferas turbadas, de barroquismo excesivo, donde el mobiliario y el resto de elementos se imponen de manera vertiginosa, como dirigidos por un experto en decoración sin sentido de la estética, situados de forma compleja para dar sentido al desorden que parece reinar de forma arbitraria.
Como invitados a la representación, figurantes de piel de piedra, sentenciados a un eterno clasicismo, se muestran exhibicionistas, anclados en un territorio de deseo, esperando el instante para realizar una poética todavía desconocida.
Escenarios de la mente, reales y ficticios. Interiores consagrados, bendecidos por la liturgia de una mano impía, en los que parece existir una cierta dramaturgia que nos conduce hacia tramas cargadas de mensajes inquietantes.

Pepe Calvo, 2017
 
 

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Enric Mira, Portfolios