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// 18/12/2017

 
 
 

OLAFUR ELIASSON: TRANSFORMADOR DE ESPACIOS Y DE CONCIENCIAS

 

“Si yo fuera una obra de arte, no me sentiría autosuficiente. La palabra ‘autonomía’ no estaría en mi vocabulario. Es más, sería una red de lugares, agentes e intenciones inextricablemente conectados y siempre en un movimiento correlacionado. Esta red consistiría en una instalación experimental (aquello que la gente acostumbra a llamar “la obra de arte en sí”), los visitantes o usuarios, el lugar donde se presenta –el museo, la galería de arte, la casa del coleccionista, el espacio público, etc.–, el sistema de comunicación que rodea a la instalación y la sociedad.”
 

(“Leer es respirar, es devenir. Escritos de Olafur Eliasson”, 2012)
 
 
Pocos artistas son capaces de expresar, con la claridad y sinceridad de Olafur Eliasson (Copenhage, Dinamarca, 1967), la filosofía creativa que está en la base de todo su quehacer artístico. Quizá por esta razón, quien se ha sumergido en alguna de sus instalaciones no la olvida con facilidad.
La suya es una de esas voces que reclaman el papel transformador del arte actual, su capacidad para influir en la gente y cambiar el mundo. Su concepción del arte, lejos de la pura contemplación, está más relacionada con el activismo, con la posibilidad de participar en el mundo y compartir responsabilidades. Y lo hace a través de experiencias que incorporan aspectos espaciales, temporales y emocionales que permiten conectar al visitante, componente esencial de sus obras, con esculturas, intervenciones, proyectos arquitectónicos e instalaciones multisensoriales. “Al insistir en que los usuarios coproducen las obras a través de sus percepciones y sus expectativas, creo una situación donde la obra desaparece como thing (cosa) en sí misma; en su lugar, se establece un contacto frágil entre la obra inestable y su usuario que siente, experimenta y piensa.”
Un paseo por su página web olafureliasson.net/archive/artwork, permite desgranar la intensa y multidisciplinar trayectoria de este artista danés de origen islandés y residente en Berlín. A través de sus obras accedemos a su compresión de la creación como un proceso de experimentación que aúna ciencia, arte y responsabilidad social.
Su estudio de Berlín, el Studio Olafur Eliasson (creado en 1995), está concebido como un auténtico laboratorio de investigación en el que participan más de noventa especialistas entre arquitectos, ingenieros, diseñadores gráficos, historiadores del arte o artesanos. Maestro de los efectos lumínicos, espaciales y atmosféricos, sus experimentos artísticos están relacionados con el agua, la luz, el color, la geometría, el movimiento, la temperatura del aire, la percepción espacial y temporal o el vínculo entre el hombre y su entorno natural y artificial. Siempre con una voluntad de crear universos que permitan cuestionar los convencionalismos y las ideas preconcebidas.
Muchos de sus proyectos integran desafíos estéticos y cuestiones éticas; nos permiten agudizar nuestra sensibilidad hacia la ecoconciencia, entendida como el campo de las ideas sostenibles y la responsabilidad medioambiental. Nos hacen tomar conciencia de que nuestros actos individuales tienen repercusiones que afectan a la sociedad en la que vivimos y a nuestro entorno local y global. En esta línea están algunas de sus creaciones más reconocidas. Una de ellas, “The Weather Project” (2003), fue creada para la Tate Modern de Londres con la voluntad de sumergir al espectador en un espacio inundado por la luz de una esfera gigante, compuesta por cientos de lámparas de luz anaranjada (simulacro de un atardecer), y cubierto por una fina niebla. Un espejo en el techo multiplicaba la atmósfera envolvente e invitaba al visitante a tumbarse y jugar con su reflejo. Toda una reflexión sobre el papel del tiempo atmosférico en nuestra supervivencia y en la configuración de nuestras estructuras sociales.
También esa conciencia medioambiental está presente en las diversas intervenciones que Olafur ha desarrollado con el título “Green River”. Ríos de Berlín (1998), Bremen (1998), Los Ángeles (1999), Estocolmo (2000) o Tokio (2001) fueron teñidos, sin previo aviso, con un tinte ecológico (el uranin, un polvo no tóxico empleado para detectar las fugas en las tuberías de plomo). Con un efecto tan fascinante como aterrador, un puñado de estos polvos lanzados al agua generaba un verde fluorescente que se quedaba en la retina como recordatorio de la facilidad e impunidad con la que actúan los agentes contaminantes. También como una llamada de atención sobre nuestra implicación en la denuncia de estas situaciones.
Dos de sus proyectos para la ciudad de Nueva York ilustran sobre otros intereses: por un lado, enfocar lo cotidiano desde una óptica nueva; por otro, conectar personas propiciando diálogos y puntos de encuentro. “The New York City Waterfalls” (2008), consistió en la instalación de cuatro gigantescas cascadas que establecían un enriquecedor diálogo con el tejido político, social, cultural y medioambiental de la gran metrópolis. Su objetivo era hacer visible el imponente frente fluvial del East River, en Manhattan, y situar al espectador en la escala del paisaje a través de la percepción de la velocidad del agua que cae. “The Parliament of Reality” (2009) se concibió como una gran isla artificial rodeada de un lago circular y jardines. Diseñado con el referente del parlamento islandés original, el Althing –uno de los primeros foros democráticos del mundo–, su voluntad era propiciar el diálogo y la negociación como eje fundamental de la convivencia.
Pero quizá uno de los proyectos que más ha definido su posición en el arte y en el mundo sea el creado junto al ingeniero Frederik Ottesen: una lámpara de energía solar –“Little sun” (2012)– llamada a convertirse en una herramienta esencial (ecológica y económica) en la vida de millones de personas que habitan en países en desarrollo.
Con sus ejercicios de inmersión en experiencias artísticas multidisciplinares, Eliasson invita al espectador a ampliar su percepción del espacio y el tiempo, a abrirse a nuevas formas de comprensión del mundo y de su propia subjetividad. Sus piezas hablan de un mundo en constante cambio, diverso e interconectado. También de las consecuencias globales de nuestras acciones individuales y, por tanto, de la necesidad de compartir responsabilidades y compromisos en la consecución de un mundo mejor.

Remedios Navarro Mondéjar
Historiadora del arte y Técnica museística
 
 
 


 
 

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