Neo Rauch

Neo Rauch
// 03/05/2016
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Atlas de muchas preguntas y pocas respuestas

La filosofía del absurdo se refiere al pensamiento irracional y a la conducta extravagante. Disonante, inútil e inadecuado, contrario a la lógica de la razón, inepto, insensato y estúpido, según reza el diccionario. Un sonido desagradable al oído en la escala musical. Buscando siempre llegar a conjeturas trascendentes. En literatura se trata de un estado de reflexión y aparente indiferencia que experimentan los personajes y el narrador sobre el acontecimiento sinsentido que les ocurre. El dadaísmo o dadá es un movimiento nihilista que desconfía del orden y de la razón. Produce una suerte de antiarte basado en cosas carentes de sentido, en aras del humor absurdo, de la derision sans raison. El surrealismo, definido por André Breton en el Manifiesto Surrealista, es puro automatismo de la psique por medio del cual se intenta expresar el dictado del pensamiento, libre del control de la razón, de preocupaciones estéticas y morales.
Mirando los cuadros de Neo Rauch se puede encontrar de todo, aunque necesitamos una mirada sagaz para entender lo que sucede, pues existen tramas ocultas, entre sus figuras, que necesitan ser desveladas. Con gran respeto y atracción por la pintura de Magritte y de Chirico, sin dejar de lado a Francis Bacon, y la infinidad de influencias observadas por todos aquellos que se acercan a su obra, se aparta de estos maestros desarrollando significativas intrigas cargadas de atmosferas aparentemente absurdas que parecen ser historias ancladas en el pasado que surgen en el presente, llenas de mensajes intrigantes, vinculados a misiones imposibles y secretas que transgreden las reglas de la narrativa; materializando así, una cosmología escénica imperativa, repleta de personajes que realizan acciones lejanas a lo banal; con un lenguaje auténtico de rica intensidad y turbia franqueza, creando un atlas completamente personal y único, lleno de muchas preguntas y pocas respuestas, como si al responderlas se perdiera parte del misterio, pues el poder reside en mantener el enigma.
Nacido en Leipzig en 1960, tenía algo más de un mes cuando sus progenitores fallecieron en un accidente de tren. Se hicieron cargo de él sus abuelos maternos. Creció rodeado de las pinturas de sus padres que habían sido estudiantes de Arte; quizá este fue el resorte que decidió que el joven Neo Rauch fuera a estudiar a la Academia de Bellas Artes de la vieja ciudad, siguiendo las enseñanzas de sus profesores, los artistas, Arno Rink y Bernhard Heisig. Allí, aprende el oficio de pintor; sin intentar repetir, para mayor fortuna propia, las manidas fórmulas que sus profesores utilizaban en sus propios cuadros. Ser pintor es un fenómeno natural, pensaba él.
Galardonado en 2002 con el prestigioso Premio Van Gogh de Arte Contemporáneo, continúa componiendo escenas de naturaleza barroca, poderosa e inquietante, repleta de profundas reflexiones sobre la historia de la pintura, la filosofía y la literatura, dialogando, aunque parezca imposible, con pintores neosalvajes y maestros prerrenacentistas descubiertos en sus viajes por la Italia de sus años de juventud.
Su obra evoluciona hacia mundos de gran potencial psicológico y colisiones culturales, obviando las leyes generales que rigen el mundo físico, hallando escenarios donde albergar misterios en entornos donde todo puede acontecer. Inclinando la balanza hacia dramaturgias cargadas de peligro; acciones contenidas con trasfondo cercano al disparate, caminando por un hilo muy fino como un funámbulista a punto de caer en el vacío del ridículo, obstáculo que salva debido a la grandiosidad de su aparato creador, a su virtuosísmo plástico, a su exuberante imaginación.

Pepe Calvo, 2016 (Hünter/Art magazine).
 
 
 

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