Nadie quiere la noche, crítica de Victòria Cremades.

Cine
// 23/02/2016
nadie quiere la noche, juliette binoche, rinko kikuchi, gabriel byrne, isabel coixet

Por Victòria Cremades ¿Sabes lo que es el amor? –Come con persona cuando no está, duerme con persona cuando no está, ríe con persona cuando no está. Nadie quiere la noche d’Isabel Coixet es, según palabras de la directora, un contraste entre la civilización y la barbarie; claro está que ella no especifica en sus declaraciones la naturaleza de ambos conceptos, ni de qué costado cae un término o el otro; no será sinó hasta la mitad de la historia cuando se esclarecerá este choque entre experiencias de vida y será justamente cuando el personaje de Alaka irrumpa en escena; aunque bien es cierto que anteriormente ya había habido al menos dos toques de atención sobre el tema con un imprescindible Gabriel Byrne como protagonista: primero cuando éste denuncia ante notables que durante la empresa del descubrimiento del Polo Norte todas las muertes han de contar como bajas, las de exploradores y las de guías; algo más tarde cuando empeñada Josephine Peary en continuar camino durante su incansable búsqueda del marido y a pesar de todas las señales de inconveniencia en cuanto a proseguir él mismo le replica –Es una intrusión espantosa. En este punto, la espectadora, avisada despierta: civilización, blanco, naturaleza; barbarie, oscuridad, intrusismo. Nada más empezar la película se nos habrá revelado este juego de contrastes: un enorme y precioso oso blanco polar corre libre por su medio natural mientras que una rigurosamente enlutada Juliette Binoche lo persigue aportando su mortífera civilización con un certero disparo sobre el animal; y a partir de este impresionante comienzo las antítesis entre el blanco y el negro se suceden mostrándose durante todo el metraje: las escena de interior con los exploradores y Josephine entre penumbras y oscuridad, solamente con la incursión de algunos toques de rojo sangre en las vestiduras de la protagonista; y las escenas de exterior con una exultante naturaleza y los inuits viviendo en ella en armonía. El título mismo de la película Nadie quiere la noche; vida-muerte, luz-oscuridad, blanco-negro.

¿En qué momento Josephine comenzará a abrazar la vida, a querer el blanco y renunciar a la oscuridad, a no querer conquistar sinó habitar, a no querer poseer sinó compartir según las costumbres inuit? Cuando la fuerza brutal de la naturaleza o la esencial de la vida misma: el blanco irrumpen fuertemente sobre su persona y la desmontan; desmontan sus cabellos, desmontan sus vestidos y todos y cada uno de los baúles prescindibles que arrastraba hasta tal punto que la dejan al borde de la muerte, de la noche. ¿Qué la salva? ¿Qué salva a Josephine de su decrépita civilización? Otra fuerza que sobresale por encima de la de la naturaleza misma o que en definitiva sean la misma cosa: el amor; pero no estamos aquí ante un amor romántico fácil de definir (que Coixet ya lo deja bien claro con la deliberada ausencia física de Robert Peary) sinó que se tratará más bien de un concepto cercano a la poliamoría si es que contemporanizamos el tradicional inuit de la poligamia o poliandria, ya que para la cultura inuit no existía en el matrimonio la fidelidad conyugal en el sentido sexual y era costumbre extendida el intercambio de esposas por el tiempo que fuese necesario entre componentes de una misma comunidad, este intercambio se consideraba una prueba de amistad mútua entre las personas del colectivo que convivían juntas. Por otro lado el matrimonio se podía disolver con la misma facilidad con que se había establecido. Y todos felices. No quiero pasar por alto el sentido que toma en la historia también la necesidad del establecimiento de nuevas formas de núcleo familiar a las que muchas veces las circunstancias nos empujan y que acaban siendo la solución más natural y por extensión la menos agresiva. Muchas cosas que aprender por tanto de estas civilizaciones minoritarias a las cuales se contrapone nuestra barbarie mayoritaria: nadie queremos la noche.


 
 
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Victòria Cremades. Profesora de Lengua y Literatura.

 

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Año: 2015. Duración: 118 min. País: España. Director/a: Isabel Coixet. Guión: Miguel Barros. Música: Lucas Vidal. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Reparto: Juliette Binoche, Rinko Kikuchi, Gabriel Byrne, Matt Salinger, Velizar Binev, Ciro Miró, Reed Brody. Productora: Coproducción España-Francia-Bulgaria; Mer Film/New Art Productions/Noodles Production/One More Movie España-Francia-Bulgaria; Mer Film/New Art Productions/Noodles Production/One More Movie. Género: Aventuras/Drama/Supervivencia. Años 1910-1919. Basado en hechos reales.


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