Matthew Barney

Matthew Barney
// 08/03/2016
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La danza de Mathew Barney

 

Mi interés por la danza tiene que ver con el drama esencial de un objeto en el espacio, la interacción con la gravedad y la posibilidad de que el objeto se caiga o falle.
Sin quererlo, con estas palabras, Mathew Barney define su trabajo. Todas ellas hilan las capas que configuran su obra que tiene mucho de literaria, aunque a diferencia de un novelista que realiza su trabajo en solitario, Barney se rodea de colaboradores, algunos de los cuales son seres mediáticos, como la actriz Ursula Andrews, el escritor Norman Mailer, el escultor Richard Serra y la cantante Björk, entre otros. Su lugar de trabajo no es un pequeño despacho con una mesa, un ordenador y si acaso una librería, es un plató cinematográfico con los focos de su imaginación cargados de potente iluminación pues poderosa es su imaginación visual repleta de inventiva surreal y fantasía que desarrolla de manera orgánica.
Mathew Barney (San Francisco, California, 1967) es uno de los artistas más ambiciosos de los últimos tiempos. La escultura y el video arte son, principalmente, los medios en los que desarrolla su trabajo. Su madre, la pintora Marsha Gibney le hizo tomar consciencia de que el arte era un camino con el que podía expresarse. Su fascinación por el cuerpo humano y el deporte marca toda su trayectoria, logrando convertir estos conceptos en los elementos importantes de sus creaciones, configurándo el esencial leit motiv de sus escenas.
En sus inicios trabajó como modelo para poder financiar sus primeros videos.
Su obra maestra, el ciclo Cremaster (1994-2002), producido por él mismo, es un proyecto de video arte dividido en cinco partes, fusionado con escultura, fotografías y dibujos. Versado en la identidad masculina, este título hace referencia al músculo cremáster que sostiene los testículos y hace que estos se muevan, arriba y abajo según los cambios de temperatura, el miedo, la estimulación externa… Supone una importante ruptura con su obra anterior, girando hacia una estética de espíritu surreal donde aparecen sátiros, hadas y demás personajes de resonancias mitológicas, situados en barrocos escenarios. El tema de los fluidos corporales, la anatomía masculina, la alquimia y el deporte (Barney fue atleta en su juventud, adquiriendo un espléndido cuerpo que muestra como personaje principal de su obra, alejándose del autorretrato). El vestuario, maquillaje, máscaras, etc, acentúan el propio carácter épico de esta gran obra. La realización de los films que componen el ciclo Cremaster no sigue un orden cronológico, figurando en primer lugar Cremaster 4 (que se exhibió en 1994), Cremaster 1 (en 1995), Cremaster 5 (en 1997), Cremaster 2 (en 1999) y Cremaster 3 (en 2002). Integrándose todos ellos en una conciliación de historia, mitología y autobiografía. El orden secuencial de estas películas se correlaciona a la altura de las gónadas durante el proceso embrionario de diferenciación sexual, con Cremaster 1 que representa el estado testicular más elevado, y el Cremaster 5 el más bajo.
La 45 Biennale di Venezia otorgó a Mathew Barney y a este Ciclo, el Premio Europa 2000. De estos largometrajes se ha dicho que son subjetivos y herméticos. Proporcionan a la Historia del Arte algunas de las imágenes experimentales mas enigmáticas y hermosas que jamás fueron creadas.

Pepe Calvo
Editor
 
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