María María Acha-Kutscher
// 25/09/2017
María María Acha-Kutscher, pepe calvo, hunter,

 
 
 

WOMANKIND

Por Tomás Ruiz-Rivas

 

Extracto de texto publicado originalmente en el libro Les Spectaculaires, Ed. Ediciones Asimétricas. Madrid 2011. Con el apoyo de una Beca de Creación Artística del MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, en 2011.
 
 

A medida que en las sociedades más desarrolladas ese tejido vivo que es la memoria se ha ido desvaneciendo, el Archivo, en su doble naturaleza de entidad abstracta e institución concreta, ha ocupado su lugar. Los filósofos, primero Foucault y luego Derrida y Agamben, han llevado el Archivo a territorios difíciles de transitar, donde se establecen las diferencias entre el discurso y su texto. Pero no es en la palabra, sino en la imagen, donde se ha constituido el archivo universal que soñaba Jorge Luis Borges desde las sombras de la ceguera. Podríamos decir, parafraseando a Allan Sekula, que la fotografía consiste tanto en la captura de la mirada por medio de la cámara, como en la organización de las tomas en un gabinete. El Archivo establece entre las imágenes relaciones que se basan en el poder.
El collage o montaje fotográfico ha sido la primera técnica que han usado los artistas para alterar esas relaciones y desafiar al poder. No es casual que fuese en el movimiento Dadá donde emergió, con los trabajos de Kurt Schwitters, John Heartfield, Raoul Hausmann o Hannah Höch. También fue una de las técnicas favoritas de Man Ray y de los surrealistas, donde la novela gráfica Une semaine de bonté de Marx Ernst es sin duda la obra cumbre del collage en la época de las vanguardias. El artista alemán no emplea sólo fotografías, sino que se nutre de imágenes de la cultura popular del siglo XIX, en especial de los grabados de los folletines.
Esa posibilidad de usar fotografías de los medios de comunicación, o en general de productos editoriales destinados al gran público, fue uno de los atractivos del collage para los artistas de entonces. Hannah Höch, centrada en la imagen de la nueva mujer que surge en la Alemania de entreguerras, estaba especialmente interesada en este aspecto. Son además varias las mujeres artistas que han trabajado con la técnica del collage, y que forman parte de la compleja filiación de la obra de María María Acha-Kutscher. Como Dora Maar, cuya exquisita sensibilidad se vio eclipsada por su relación con Picasso. O Grete Stern, formada en la Bauhaus, que años después en Argentina realizó 150 fotomontajes para el consultorio psicológico de una revista femenina. Esta serie, titulada Sueños, es quizás lo más sugerente de su legado. Todas ellas trabajaron sobre la mujer, expresando los conflictos y transformaciones que se han originado a lo largo del proceso de emancipación y reconocimiento de los derechos de la mujer.
En nuestros tiempos la proliferación de ingenios electrónicos para producir imágenes, y sobre todo Internet, equivalente al gabinete de Sekula expandido hasta el infinito, han puesto el Archivo en un lugar preeminente y son muchos los artistas que trabajan sobre él de distintas maneras: Boltanski, Gerhard Richter, Walid Ra’ad, Antoni Muntadas… O mucho más próximos a María María Acha-Kutscher los también latinoamericanos Jonathan Hernández y Fernando Bryce. La manipulación de las fotografías, por su parte, se ha liberado de las limitaciones de la ampliadora y el revelado químico, o del trabajo de tijeras y encolado de los antiguos montajes. Los programas de edición digital han transformado hace tiempo estos procedimientos, y en realidad hoy es impensable que veamos fotografías que no han estado sometidas a algún tipo de retoque.
María María Acha-Kutscher trabaja en el ordenador con imágenes de extracción diversa. Una parte importante procede de las revistas de moda y decoración que se relacionan tradicionalmente con el imaginario femenino. Muchos fondos y algunos elementos llamativos por lo lujosos, tienen este origen. También usa fotografías tomadas por ella misma. Las figuras principales, así como las obras de arte, las porcelanas y los detalles más sui géneris los busca en Internet. Es un proceso laborioso, porque los collages de María María tienen una cualidad que los diferencia de los de sus predecesores: la verosimilitud. Cuando vemos cualquiera de las piezas que componen las distintas series de Womankind sentimos una extrañeza que no sabemos identificar. Las imágenes parecen reales, pero algo no está en su sitio. Es la mujer. Las mujeres que protagonizan los collages no están en el lugar que les corresponde.
En algunas ocasiones la imagen es aparentemente sencilla: el encuentro de dos elementos antitéticos en un escenario inesperado provoca ese desplazamiento característico. Otras son infinitamente prolijas. En todos los casos se trata de una resignificación de las imágenes con las que se ha ido construyendo la historia de las mujeres desde la invención de la fotografía, y donde aparecen relegadas a un segundo plano, dentro de relatos hegemónicos de corte paternalista. No es tanto, como dice Hal Foster en Archival Impulse, una voluntad de totalizar como de relacionar, de investigar un pasado extraviado, de confrontar sus diferentes signos y de comprobar qué puede quedar para el presente. María María rescata en sus collages una memoria histórica femenina, reflejando tanto su lucha política como la complejidad de su mundo privado.

Tomás Ruiz-Rivas
Crítico, escritor y artista.
 
 
 

 
 
María María Acha-Kutscher, pepe calvo, hunter,
 
 

BIO
 

Nace en Lima en 1968. Nacionalizada española en 2012. Actualmente reside en España donde además de dedicarse a su obra, co-dirige el proyecto experimental de arte contemporáneo Antimuseo.
El centro de su trabajo es la mujer. Su historia, la lucha por la emancipación y la igualdad, la manera en que se ha construido lo femenino en la cultura. Posiblemente es una de las pocas artistas de su generación que se define como feminista. Y esta decisión es particularmente acertada por la dimensión política de su obra y porque ésta no se adscribe a ningún lenguaje, estética o estilo, ni se identifica con técnicas o formatos específicos. Acha-Kutscher organiza su trabajo en proyectos de largo plazo, para cada uno de los cuales desarrolla un lenguaje y una metodología propios.
Womankind es su obra más íntima e intuitiva, donde emerge su compleja identidad cultural, con raíces criollas, chinas y africanas por un lado, y por otro un mundo legendario, con tintes oníricos, transmitido por su abuela Irmgard, alemana de origen y exiliada víctima del nazismo.

Las sucesivas series de foto-collages de Womankind se han creado a partir de imágenes de archivo, de Internet, revistas, libros y fotografías tomadas por la artista. Están ambientados sobre todo en dos de los momentos más importantes en la historia de las mujeres, el movimiento sufragista británico de principios de siglo XX y la introducción masiva de la pastilla anticonceptiva en los años 60, los cuales contribuyen considerablemente a la emancipación de la mujer, transformando su relación con los hombres.
Su obra se ha expuesto nacional e internacionalmente. Ha recibido becas de instituciones españolas como el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, el Ministerio de Cultura, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. En 2012 obtuvo una Mención de Honor del premio Iberoamericano Cortes de Cádiz y el premio EAC del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert. En 2013, la revista de fotografía Afterimage / The Journal of Media Arts and Cultural Criticism publicó Womankind como portafolio destacado online. En 2014 recibió el premio de las XVI Bienal de fotografía del Centro de la Imagen (México). En 2016 fue seleccionada en la sección paralela de la XV Bienal de Fotografía de Córdoba.
Su trabajo forma parte de colecciones institucionales y privadas, como el del Museo de la Universidad de Alicante (España), el Museo de Arte Moderno de Santander y Cantabria (España), el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert (España), el Centro de la Imagen (México), la colección Juan Mulder (Perú) entre otros.
 
 
 
Womankind
 

“Womankind nace a partir de la exposición de la serie “Una semana de Bondad” de Marx Ernst (Fundación MAPFRE, Madrid 2009), creados a partir de ilustraciones de folletines del siglo XIX. Y aunque ya conocía éste trabajo, nunca había visto los originales. Inmediatamente surgió la idea de construir un proyecto que crease una historia diferente de la mujer. Y para ello era necesario recurrir a la fotografía, para convertir las imágenes que fuese creando, en documentos ficticios. Una creación de un archivo a partir de otros archivos.
A mi proceso de creación le precede el de investigación. Tengo una biblioteca muy extensa, dividida por temas, fondos, objetos y épocas (en su mayoría los derechos ya han prescrito). Y aunque algunos de los elementos de fondo de mis collages son de mi autoría. Mi trabajo es básicamente un trabajo de post-producción a partir de imágenes que han sido creadas por otros. Todo se elabora digitalmente. Cuando empiezo a construir collages, nunca sé con certeza que imagen va a resultar, simplemente, como si de una paleta de colores se tratase, voy ordenando los elementos fotográficos en un fondo, hasta que van encajando, incluso ellas, las mujeres. El proceso es bastante intuitivo, los intentos de fotográficos son muchos, al final me quedo sólo con los que me resultan más verosímiles.”

acha-kutscher.com

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