María Dolores Mulá
// 13/02/2020
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Situación límite
María Dolores Mulá

Museo de la Universidad de Alicante
Sala Cub
31 de enero a 1 de marzo, 2020


LA MUERTE VENCIDA

María Marco Such
Doctora en Historia del Arte

Fotos de: Manuel López

Los antiguos decían del hombre que era un mundo en miniatura. (…) Así como el hombre lleva en sí un lago de sangre, en el que los pulmones se comprimen y expanden al respirar, así tiene el cuerpo de la Tierra los mares, que con el respirar del mundo se expanden y comprimen cada seis horas.  Y así como las venas parten de dicho lago de sangre y se ramifican por el cuerpo humano, así atraviesan los mares del mundo el cuerpo de la Tierra con incontables venas de agua.

Leonardo da Vinci. Códice Leicester

El paralelismo que establece Leonardo da Vinci entre la Tierra como ser vivo y la anatomía se enlaza perfectamente con “Situación límite” y con todo el trabajo artístico de Mª Dolores Mulá, desde sus inicios con la muestra “Chopo ilicitano” hasta la más reciente “Tierra inundada”. La fascinación y el respeto por la naturaleza se unen, en esta ocasión, a la atracción por el cuerpo humano tanto por su grandeza como por su fragilidad. Imágenes que abren en canal al “Hombre de Vitrubio” mostrando un interior formado por venas y arterias que semejan raíces unidas a un corazón en ocasiones rojo, pero también blanco. Blanco como la luz, como las sábanas, como las vendas. Blanco como el algodón, como una habitación pintada con paredes blancas.

El dolor y la muerte son dos de los grandes temas de la Historia del Arte. Por un lado, como visualización de la fascinación ante el misterio de la muerte incluido, el terror, idea más cercana al concepto romántico de la estética de lo sublime. Por otro lado, el dolor y el sufrimiento utilizados como instrumentos creativos, una especie de catarsis frente a una realidad no deseada. El arte hace frente a las situaciones límites exorcizando el dolor por medio de la imaginación y el ingenio, dando vida a obras que transcienden, emocionan, comunican y revelan. Cuanto más terrible es la experiencia, más conscientes somos de nosotros mismos, de nuestra fragilidad y vulnerabilidad. La impotencia ante el hecho de no poder cambiar una situación nos lleva a la desesperación o a la aceptación, desde estas dos perspectivas actúa el arte, produciendo objetos, palabras o sonidos a partir de sentimientos muy profundos. De la tragedia personal nacen las obras del Edvard Munch. El conocimento de la muerte en su juventud tras la pérdida de su madre y hermana, marcan toda su trayectoria artística. El miedo y el terror son el origen de obras cumbres como “Niña enferma”, “El vampiro” y “ansiedad”, los colores oscuros, las figuras cadavéricas o el rojo sangre del cabello de sus mujeres son símbolos inequívocos de la desesperación que convirtió a lo largo de su vida en fuente de inspiración. La Época Azul de Picasso nace también de la tragedia. El suicido de su amigo Casagemas provoca una serie de personajes escuálidos, reflejos de la pobreza, la miseria y la soledad. La oscuridad, la frialdad del azul y la tristeza son superadas por el amor de la modelo Fernande Olivier que abre paso a una nueva época, la rosa. Si bien “el arte es hijo de su tiempo” como apuntaba Kandinsky, también lo es de las circunstancias personales de cada uno, de sus vivencias.

Justamente un hecho crítico provoca la propuesta artística de Mª Dolores Mulá titulada “Situación límite”. Un caso de aneurisma familiar desemboca en un aprendizaje sobre el cuerpo humano y su sistema sanguíneo. Tras un periodo de ansiedad por la gravedad de la situación, Mª Dolores se adentra en la complejidad y la belleza de la anatomía humana, descubre un corazón que extiende sus raíces por todo el cuerpo. Ríos de sangre perfectos que circulan precisos a cada órgano inyectando vida, mediante el bombeo incesante y exacto del corazón. De esta manera una situación trágica revierte en un pensamiento creativo, en objetos conceptuales no exentos de belleza.

La génesis es el punto. Un punto es el principio y el fin. La vida y la muerte. La muestra comienza con una instalación de 120 sobres del Parlamento Europeo en los que se dibujan puntos rojos. Puntos como gotas de sangre salpicadas sobre el papel, una lluvia roja que se extiende sin fin sobre las paredes de la galería. Hablamos de vida, pero también de situaciones extremas. El soporte empleado nos invita a pensar en el momento político, económico y social que afecta tanto a Europa como al resto del mundo. La naturaleza llora, derrama lagrimas sobre la superficie de la tierra, una situación límite que deriva en la perdida de especies, el calentamiento global y la contaminación de los mares. De la misma manera llora el ser humano que huye de su hogar en busca de una vida digna y tropieza con el rechazo político y social.

De esta visión más general, que le sirve de partida, la segunda sección de la muestra profundiza sobre el tema del dolor y la enfermedad. Una estancia blanca presidida por una cama de algodones blancos reproduce el espacio aséptico de un hospital. Blanco sobre blanco, espacio en el que convergen el dolor, la angustia, el miedo, la fragilidad y la impotencia. Palabras que se derraman sobre el lecho, pensamientos de un cuerpo desvalido por la enfermedad. Dos corazones blancos con sus arterias recrean la pureza y la perfección del cuerpo. La limpieza de las obras recuerda a su exposición “La Nada”[1], que enlaza perfectamente tanto desde el punto de vista técnico como conceptual con su nueva propuesta. “La nada”, nos abofetea ante un hecho terrible, la pérdida del hogar, de la familia, ante la esperanza de comenzar una nueva vida. Mantas blancas a modo de cabañas, refugios ante el desamparo y la soledad. Algodones blancos, como nubes blancas que curan las heridas de la carne y el alma.

“Alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana».[2]

Tras el blanco purificador, la tercera parte de la exposición forma una instalación que simboliza el sistema sanguíneo. Nos encontramos en un espacio rojo-granate presidido por un gran corazón bordado. Del mismo parten una serie de hilos a modo de arterias que se entrelazan unos con otros, esto permite al espectador introducirse en el misterio y belleza de este órgano perfecto. Junto al corazón un gran cuadro rojo representa el sistema circulatorio. Como anteriormente hiciera Leonardo, Mª Dolores relaciona la circulación sanguínea con la naturaleza. Al igual que las raíces de los árboles se ramifican buscando sustento, las arterias conducen la sangre del corazón a diversas partes del organismo. Este peculiar sistema sanguíneo se une a la madre tierra, a la esencia. El ser humano como un árbol erguido extiende sus raíces, profundamente, en comunión con el medio natural. Así queda patente su constante compromiso y respeto por la naturaleza, que lejos de una visión catastrofista es vital y creativo, lleno de esperanza, belleza y armonía.


[1] “La Nada” Sala de exposiciones Lonja de Pescado, Alicante, 2014.

[2] “A la esperanza” Sor Juana Inés de la Cruz.


Si conceptualmente existe una reflexión sobre el dolor, la vida, la muerte y la esperanza, técnicamente la artista utiliza distintos recursos que van desde la pintura, el dibujo, la instalación, el grabado de fotopolímetros y el textil. Esto hace de “Situación límite” un perfecto engranaje de técnicas que se ponen a disposición de un discurso poético y personal que, como en todas sus series, descubre el alma de la artista.

Comenzamos con el punto rojo, punto de sangre, de vida. Punto que gesta el dibujo, que inicia el recorrido al que pondrán fin las Parcas. Un largo camino que procura sortear el sueño eterno y lucha por la vida. El mensaje final de esta muestra es la esperanza, la capacidad que tiene el arte de sofocar malos momentos, transformando el dolor en creación, en belleza. Desde los retratos funerarios de El Fayun, hasta la Pietà de Marina Abramovich, la muerte ha sido retratada por el arte, la literatura y la música en una búsqueda de respuestas o de llegar al conocimiento a través de la imaginación. “Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada o nacida en aquel elemento. (…) Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo la muerte, llena de angustias.”[3]Esta hermosa forma de narrar la muerte de Ofelia que Shakespeare pone en boca de la reina Gertrudis, se asemeja a la respuesta de esta magnífica artista frente a una situación extrema, la imaginación y el proceso creativo como vía de escape.

En esta ocasión el punto de inicio, de vida, no termina con la muerte sino con un gran corazón, rojo, vibrante. Un corazón de esperanza que nos muestra que la vida merece la pena, que tras el velo de la muerte permanece siempre el suave perfume de las “Rosas de ausencia».[4]

Web personal de María Dolores Mulá


[3] Shakespeare, William. Hamlet, Acto IV, Escena XIV.

[4] “Rosas de Ausencia”, Mª Dolores Mulá. Centro Municipal de El Raval (Elche), agosto de 2000. Exposición dedicada a la memoria de su madre.