Artículos
// 09/07/2018
Elsa Plötz, Marcel Duchamp, Pepe Calvo, Hunter art magazine, dadaísmo,

 
 
 

LEYENDAS DEL URINARIO
Marcel Duchamp o Elsa Plötz

 

Calvin Tomkins presenta a Marcel Duchamp a través de su biografía, como un personaje que se apartaba de las vanidades propias de todo artista, llevando con humildad y discreción su valía y mérito, que consistía nada más y nada menos que en haber dado un giro radical al arte y cambiar su historia. Esta versión, que incluye su pronta renuncia al arte en favor del ajedrez, aparece como una actitud que diera con sus gestos y personalidad una dimensión distinta y enriquecedora al arte.
Si quedaba alguna duda de si la trayectoria artística de Duchamp tenía la solidez necesaria, si le hacía merecedor de ser ese artista de tanto renombre, te salía al paso la imagen del urinario, la pieza emblemática, transgresora, del ready-made, icono de referencia en la segunda mitad del siglo XX que le avalaba como figura indiscutible del arte. Tanto es así, que en 2004, fue elegida por numerosos entendidos como la pieza más influyente y revolucionaria del siglo XX.
Pero he aquí que estudiosos del tema con otro punto de vista, presentaban y desmentían lo establecido en este asunto del urinario, de tal manera y con tal lujo de detalles que todo se pudiera venir abajo y mutar la originalidad en apropiación, estafa o robo al desmentir los hechos de lo que pudiera ser la falsa leyenda del urinario de Duchamp. Ante todo este nuevo caudal de información que aportaba otra versión de los hechos, el mundo oficial del Arte con el MOMA a la cabeza, no se dio por enterado.
Este urinario, modelo Bedfordshire, puesto del revés que se presentó a la Exposición Salón de Artistas Independientes de Nueva York en 1917, es según hoy, por opinión unánime, la piedra fundacional en el siglo XX de esa tendencia que considera diversas posibilidades en el arte que hacen innecesario el acto creador.
Para conocer ambas versiones, la tradicional y canónica del mundo del arte y la de los nuevos datos aportados por la historiadora Irene Gammel y de los comisarios de una exposición relacionada con este asunto, Julián Spalding y Glyn Thompson, comparemos los datos y que cada uno saque sus propias conclusiones.
Es cierto por otra parte que aunque se llegara a averiguar con exactitud la verdad en este asunto, nada cambiaría las consecuencias y el estado actual del arte derivado de ellas, pero sí lo sería para el personaje Marcel Duchamp, ya que estaría en juego su prestigio personal y el punto de partida de la falsedad o autenticidad de gran parte del arte de nuestro tiempo basado en el ready made.
En la versión oficial, Marcel Duchamp (1887-1968) contó muchos años más tarde, que en abril de 1917, después de un almuerzo con el acaudalado Walter Arensberg, su amigo y protector y el pintor Joseph Stella, había comprado, acompañado por estos, el urinario en una tienda de Nueva York, Sanitarios Mott y que después la había llevado a su estudio y tras reflexionar, le dio la vuelta y la firmó R. MUTT, dándole el título de FUENTE.
Versiones más recientes de los estudiosos en el tema, tachan ese relato de falso y la autoría sobre el urinario, de apropiación o robo y aseguran que su autora fue Elsa Plötz (Alemania 1874-Paris 1927) llegada a Nueva York en 1913 con una densa biografía a sus espaldas, tres matrimonios, estancias en Alemania, Italia, Suiza y Estados Unidos, primero en Kentucky y después, Nueva York, donde empezó a ser conocida como la baronesa dadaísta Elsa von Freytag-Loringhoven (1913) debido a su casamiento con un barón que le daría ese título.
En nueva York, la baronesa se relaciona con el mundo artístico. Conoció de cerca, entre otros, a Marcel Duchamp al que causó cierta fascinación y que dijo sobre ella “La baronesa no es futurista: es el futuro”. Sus actividades artísticas fueron la pintura, la poesía de vanguardia, performances callejeras por las que en alguna ocasión fue detenida por indecencia y lo más sorprendente, trabajaba obsesivamente con objetos ordinarios o encontrados, entre ellos parece ser, el famoso urinario que la tradición del arte le atribuye a Marcel Duchamp y que él mismo se adjudicó en la década de los cincuenta, después de que fallecieran todos los testigos que hubieran podido confirmar o negar su versión de los hechos y que le hizo entrar e inscribirse con letras de oro en la historia del arte.
Según sus investigaciones, Irene Gammel, biógrafa de Elsa, le atribuye a ella el famoso urinario. Marcel Duchamp, en 1916 fue vecino de la baronesa, ambos vivían en el Lincoln Arcade Building. En 1917, dos días más tarde del rechazo del urinario en la exposición de Los Independientes, Marcel Duchamp escribió una carta a su hermana Suzanne, que vivía en París, donde le decía “una de mis amigas bajo un seudónimo masculino, Richard Mutt, envió un urinario de porcelana como escultura”. De esta carta no se tuvo noticias hasta 1983.
Julián Spalding y Glyn Thompson, tras montar la exposición en Edimburgo, “A lady’s not a Gent’s”, (juego de palabras que significa a la vez “hecho por una dama, no por un caballero” y “donde mean los hombres no mean las mujeres”) afirman que el urinario formaba parte de un díptico junto a la escultura “God”, que personificaba a Duchamp, con sus cañerías y el urinario era la baronesa, útero femenino y argumentan estos comisarios que este díptico respondía al espíritu de un poema escrito por Elsa: 
“Él llegó protegido por la fama a este país, a usar sus cañerías o a divertirse con ellas y yo soy el útero tectónico que aún no ha recibido sus jugos”.
También afirman que el personaje femenino Rose Selavy creado por Marcel Duchamp, era una imitación que este hacía de la baronesa dadaista en venganza por un retrato que esta había hecho del francés con el que se burlaba de su frialdad al no responder a sus requerimientos amorosos.
En cuanto a la firma R. MUTT y el significado del urinario, es negado por estos autores. Según ellos, la pieza fue enviada por la baronesa desde Filadelfia, como respuesta a la declaración de guerra de EEUU contra Alemania, el elemento masculino que hacía la guerra y los hombres de la asociación de artistas que habían sido poco condescendientes con la baronesa. R. MUTT respondía a la palabra alemana homófona de ARMUT, de varios significados, utilizada con frecuencia por la varonesa en sus poemas. Por otra parte también aseguran que el urinario no pudo ser comprado en la tienda que afirmó Duchamp ya que esa empresa nunca tuvo ese modelo de sanitario.
En 1923, Elsa vuelve a Berlín pero lo abandonará poco más tarde. Después, fue ayudada y apoyada por algunas amigas en sus menesterosos últimos años. Murió pobre y en lamentable estado de salud en 1927 en su vivienda de Paris, bien por accidente o suicidio por inhalación de gas, sola, con su perro y sin ningún tipo de reconocimiento en vida.
Marcel Duchamp, siguió su camino con pocas intervenciones como artista desde 1923 hasta su muerte en 1968 y fue allá por los años sesenta, a raíz de la revitalización y reconocimiento de aquellos que defendían la idea como más importante que el objeto artístico, que su figura fue recuperada y poco a poco venerada como santo patrón del arte dirigido a la mente.
Como objeción a todo lo antes comentado, se podría hacer la siguiente observación: “en cualquier caso, la rueda de bicicleta y el botellero son anteriores”. Y esto es realmente cierto pero hay escritos que ponen en duda el que se hicieran con la intención de que fueran ready-mades y es muy posible que se les atribuyera esta “cualidad” con carácter retroactivo.
Para argumentar esto, cito a C. Tomkins, poco sospechoso de ser anti-Duchamp ya que era admirador, amigo y biógrafo suyo. Estas son sus palabras a este respecto:
 
Rueda de bicicleta sobre un taburete

“… siempre dijo no tener ninguna idea en mente cuando lo hizo… ”surgió como un divertimento”, dijo, “algo que tener en mi habitación, como quien tiene el fuego de una chimenea, o un sacapuntas, salvo que no tenía ninguna utilidad. Era un artilugio agradable por el movimiento que producía”.
 
Portabotellas

“En aquella época (2014) le pasó por la cabeza escribir algo sobre el objeto, una frase que “no tuviera un sentido normal” pero nunca llegó a hacerlo, y el portabotellas se limitó a ir acumulando polvo en un rincón. La idea del ready-made no había nacido”.

Pepe Gimeno
 
 

Algunos enlaces sobre este tema de donde se ha obtenido información:
 
ABC
http://www.abc.es/…/abci-duchamp-urinario-robo-idea-2014110…
 
AGENTE PROVOCADOR
http://www.agenteprovocador.es/publicac…/duchamp-el-impostor
 
EL MUNDO
http://www.elmundo.es/…/2014/11/11/54611b0c268e3edd0d8b4578…
 
RADAR-página 12, 17 julio de 2016
https://www.pagina12.com.ar/…/suplementos/radar/9-11656-201…
 
 
 

Categories
Artículos, Pepe Gimeno