La llegada: Crítica de Beatriz Jiménez

Beatriz Jiménez
// 19/12/2016

 
 
 

La llegada: Sensaciones

 

Denis Villeneuve es lo que suele llamarse un “rara avis” en Hollywood. Proveniente del cine de autor más independiente, deslumbró a crítica y público con el intenso drama de Incendies. Su éxito le permitió entrar por la puerta grande de la factoría de las estrellas norteamericana. Y lo ha hecho adentrándose, cada vez más, en el cine más comercial, pero en conjunción con su faceta de autor, muy visible en todas sus producciones.
Y así nos encontramos con esta interesantísima y casi hipnótica La llegada. Un filme que mezcla el mito del buen extraterrestre, con Encuentros en la tercera fase como lejano referente, con la ciencia ficción de Kubric o el Interestellar de Christopher Nolan.
Amy Adams presta su talento para encarnar a una lingüista que debe encontrar, junto con la ayuda de un físico interpretado por Jeremy Renner, la manera de comunicarse con una especie extraterrestre cuyas naves aparecen de repente en la Tierra.
Esta adaptación de la historia de Ted Chiang nos muestra la importancia vital de la comunicación y el perfecto entendimiento de las intenciones de todas las partes en cualquier diálogo.
Villeneuve es un maestro creando emociones que envuelven al espectador y le transportan a su terreno, olvidando casi lo que se está contando, para disfrutar simplemente el cómo se está relatando. Y lo realiza de una manera tan envolvente, casi hipnótica como decía antes, que no puedes más que caer en la astuta y elegante tela de araña que este talentoso director es capaz de crear de la nada.
La tensión rodea cada uno de los encuentros con la peculiar especie alienígena, acrecentada por una banda sonora diseñada para causar la precisa respuesta buscada en el público. El suspense se alimenta con unos flashbacks cuyo verdadero significado solo entenderemos en el último tramo de la cinta. Una parte final que entronca con el anteriormente citado Interestellar de Nolan, porque aquí también se pide un acto de fe por parte del respetable, el de creer una de esas teorías físicas que bien pueden causar más de un dolor de cabeza: ¿es el tiempo lineal?
Quizás necesitemos de una consulta al mismísimo Stephen Hawking para adoptar semejante punto de vista, pero lo cierto es que aquí poco importa, porque lo verdaderamente importante es el viaje, aquel que nos lleva a experimentar toda una serie de sensaciones que solo se pueden sentir gracias al buen cine. Qué más da que nos lleve finalmente a una teoría de lo más discutible, si el talento de Villeneuve, cuál prestidigitador, nos lleva de la mano hasta la fascinante guarida del conejo.
Lo mejor: la capacidad de Villeneuve de provocar intensas sensaciones con una inteligente puesta en escena y una efectiva banda sonora. Lo peor: la explicación final es, cuanto menos, discutible.

Beatriz Jiménez Lobato
Crítica cinematográfica
www.bollacos.com

 
 


 

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