La falsa identidad de una doncella llamada Sara Waters. Crítica de Lola Vega

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// 20/02/2017
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La falsa identidad de una doncella llamada Sara Waters

 
 

Fabricar un coctel explosivo entre una película coreana y una novela inglesa actual es posible. Ambientada en la época victoriana La doncella del coreano Park Chan-wook y Falsa identidad de la galesa Sara Waters crean un potente dúo cultural. El libro cayó en las manos del director coreano recomendado por su propia mujer y el travistió magistralmente la obra con talento, imágenes sugerentes, excelente interpretación y esa adaptación de la época victoriana de la novela, a la Corea de los años treinta. Son los valores de La Doncella que planteada casi como una función teatral, se desarrolla a través de tres actos diferenciados en los que el espectador observa y escucha los distintos puntos de vista de las dos mujeres protagonistas, con una última parte que se reserva la resolución del entramado creado por el realizador. Chan-wook parece deslizarse por cada rincón con sigilo para servirnos un relato dominado por el engaño y la traición por la que deambulan unos personajes en constante movimiento y dotados de varias capas con las que juegan al despiste de sus auténticas intenciones, y en los que sus desnudos físicos y emocionales no te dejan indiferente.
 
“Volví a mi cama estrecha, con sábanas como láminas de hojaldre. La oí removerse y suspirar durante toda la noche; y yo me removí y suspiré también. Noté que el hilo que nos unía tiraba y tiraba de mi corazón, tan fuerte que me hacía daño. Cien veces estuve a punto de levantarme y de ir a su cama; cien veces pensé: ¡Ve con ella! ¿A qué estás esperando? ¡Vuelve a su lado! Pero todas las veces pensé en lo que ocurriría si lo hiciera. Sabía que no podía acostarme a su lado sin tener deseos de tocarla. No habría podido sentir su aliento en mi boca sin querer besarla. Y no habría podido besarla sin desear salvarla. Así que no hice nada. No hice nada, tampoco, a la noche siguiente, ni a la otra; y pronto no hubo más noches: el tiempo, que siempre había discurrido tan despacio, de repente transcurrió aprisa, y llegó el fin de abril. Y para entonces era demasiado tarde para cambiar las cosas”.
 
Es un pequeño fragmento de Falsa identidad de la inquietante Sarah Waters. La historia cuenta la vida de Sue Trinder, una joven huérfana de diecisiete años que vive en el Londres más salvaje, protegida por la señora Sucksby, la gran «madre» de una dickensiana comunidad de delincuentes. Sue es enviada a una mansión en el campo como doncella de la joven Maud Lilly. Pero Sue va con una misión: ayudar a Richard Rivers, Caballero, un aristócrata desclasado, quien planea casarse con Maud, recluirla luego en un manicomio y gozar de la fortuna que ella ha heredado. Hay un obstáculo, el excéntrico tío de Maud, un bibliófilo empedernido quien la ha educado para que sea la lectora de su secreta biblioteca de pornografía. En la película un auténtico personaje perturbador, ¿qué pasará?. Fusión con talento, exquisita cocina coreana y británica, una mezcla que parecía imposible.
Recomendación de volver a leer a Sarah Waters, porque si leemos solo a Virginia Woolf o a D.H. Lawrence, parece que entonces todo fuera charlestón y alta sociedad, pero la guerra trajo depresión y cansancio, tensiones entre jóvenes y viejos y entre hombres y mujeres que habían ganado libertades; las guerras aceleraron los cambios sociales, los de los años 20, en aspectos como la formalidad o los relativos al sexo y la homosexualidad. Unos cambios equivalentes a los vividos después en los 60; la primera clínica anticonceptiva de Londres es de 1921, y ahí es donde nace Falsa Identidad con ese resquebrajamiento de fronteras entre clases sociales, ese abismo tan british. Por eso ahora cuando regresa la división de clases, acentuada por la pérdida de movilidad social y prosperidad de los trabajadores, lo tienen que contar los novelistas y explicar por ejemplo por qué en Inglaterra nace el Brexit: al no poder saltar de una clase a otra la rabia se traduce contra Europa, puesta en la diana por los propios políticos ingleses. Alguien puede pensar que Falsa Identidad es una novela decimonónica en la que la autora levanta las faldas de toda una sociedad para enseñar lo que hay debajo pero no se trata solo de hacer una novela actual según la tradición decimonónica, sino de escribir una obra decimonónica con talante actual. Cuando el lector se interna en Falsa identidad piensa que se halla ante una inteligente parodia actual de un género ya establecido. La minuciosidad en la descripción de la acción opera como un animal enjaulado que da vueltas sobre sí mismo antes de acostarse agotado en el suelo. Pero es que el lector actual, está otra vez necesitado, véase el éxito de series como Juego de Tronos de que alguien le cuente un historia de heroínas y malvados de ayer con el lenguaje desenvuelto y descarado de hoy, de ahí el éxito de S.W. que algunos consideran lésbica en un mundo al que vuelven las dichosas etiquetas.

Lola Vega
Periodista, escritora.
 
 
 


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