Bruno Francés
// 03/05/2017
Haruki Murakami

 
 
 

Kafka en la orilla de Haruki Murakami

Anticomentario by Bruno Francés
 

Termino de leer esta obra maestra de Murakami y no sé porqué razón me viene a la cabeza el temazo La casa del sol naciente pero en la versión de Lone Star de 1964 junto con Antes de que cuente diez de Fito & Fitipaldis.
Lo sé, suena a rayada total pero si las escuchan juntas tienen mucho de paralelas. Lo mismito que Kafka en la orilla.
Obra con dos historias alternas (capítulos pares para una e impares para la otra) donde mucho del aplauso se lo debiera de llevar el equipo de traducción por mantener la locura mágica del autor; esta irresistible novela juega con las aventuras de un chaval, Kafka Tamura, que huye de la maldición de cumplir con el trágico complejo de Edipo al que ha sido predestinado por su padre junto con las desventuras de un anciano, Satoru Nakata, que buscando setas en la Segunda Guerra Mundial, cuando era un adolescente junto a sus compañeros de estudios, vieron una luz, el pobre entró en coma y ahora puede hablar con los gatos y hacer que lluevan sanguijuelas.
Lo sé, comparado con los efectos de la movida de los ochenta en España tampoco es para tanto pero hablamos de un autor nacido en Japón que montó un bar de jazz y que, aseguran, se puso a escribir después de ver batear en un partido de béisbol.
Obra de frases maestras, rollo Coelho, Kafka en la orilla es una novela que se me asemeja a crear un terrorífico laberinto con miles de posibles salidas donde cada lector debe de encontrar la suya, o dudar de elegir la otra que desechó, o quizás aquella otra anterior a la que no prestó demasiada atención.
No sé qué es más cruel, si vivir en una encrucijada con una sola solución o que existan muchas respuestas y todas ellas puedan ser igual de válidas para continuar con nuestro camino.
La certeza contra la elección de una certeza.
Puro disparate en una obra donde el mundo de los sueños se encuentra en la orilla opuesta al mundo real, o viceversa, o ¿una orilla puede albergar esas dos posibilidades y sea el echarse al río a elegir qué ola atravesaremos la verdadera y arriesgada elección?
“Cada día, al llegar la hora, anochece pero el mundo ya no es el mismo que el día anterior. Tú no eres el mismo que ayer.” “El único camino posibles es hacia delante.” “Mantén los ojos bien abiertos. Cerrarlos es de pusilánimes. Solo los cobardes apartan la vista de la realidad.”, son algunas de las joyas que se pueden encontrar dentro de esta historia dual perfectamente empastada donde lo onírico y lo tangible se funden y nos confunden y donde hay personajes tan misteriosos que obligan al lector a buscarles un sitio en la misma historia para que todo termine de fluir de un modo coherente y lógico. Es uno de los maravillosos trucos del autor, dejar libertad al lector para que termine de comprender el sentido global de la historia a su antojo o ¿si nos concede esa libertad, en el fondo, somos esclavos de ella y nuestro antojo es de algún modo el suyo y deja de ser nuestro?
Abandonado por su madre y su hermana, Kafka Tamura se refugia en su miedo a no matar a su padre para luego, debido a esa maldición edípica, tener que liarse con ambas –asunto que daría para una peli porno “El hijo, la madre y la hermana se cogen cariño”.- y se va a vivir a una biblioteca mientras Satoru Nakataemprende un viaje junto a un camionero porque, el buscador de setas amigo de los gatos, le recordaba a su abuelito, dime tú, qué sonidos son los que oigo yo para ser feliz quiero un camión, ha elegido usted diesel, gracias por repostar en nuestra gasolinera.
Libro de los gordos, 600 páginas, con eternas descripciones y detalles al milímetro, Kafka en la orilla podría haberla escrito Bunbury porque hay momentos en que piensas que el tío va fumao total de maría y que eso no hay por dónde cogerlo lo mismito que el cantante de Héroes del Silencio en sus mejores letras.
Autor pop capaz de introducir sin ningún tipo de problema la imagen de Johnny Walker (whisky escocés) y la del fundador de KFC, Harland Sanders, nos encontramos referencias a Pepsi o a New Balance en un universo de outsiders, de personajes disfuncionales que encuentran en el yo interior el mejor lugar donde encontrar el destino.
Mágica, perfecta, lenta, abierta, densa, social, política, psicológica, abstracta, drogada, conmovedora, familiar, placentera, gatuna, poligonera, popular, culta, asequible, majestuosa, manipuladora todo el tiempo esta obra de Murakami es para personas abiertas, libres, sin complejos, sin ataduras mentales ni sociales, para todo aquel que se atreva a enloquecer con un lenguaje precioso, lento, descriptivo, sentido, personal, mágico como los sueños o como la misma realidad.
No ganó el Nobel aunque lo propusieron y sí obtuvo un montón de reconocimientos y premios y todas esas cosas que hacen que el libro esté en la línea de salida de cualquier centro comercial pero no se lleven a engaño, ni se equivoquen, de comercial tiene poco pero en el fondo el destino, la locura y la vida aún no se venden en estos centros… o quizás sí.
No les cuento el final que, como dicen y como me viene al pelo en esta obra, la curiosidad mató al gato.
Si quieren hablar con ellos, léanse Kafka en la orilla. No les dejará indiferentes. Y ahora me pongo el tema de Héroes del Silencio “Flor de Loto.” Pedazo de canción que viene perfecta como colofón a este anticomentario.
Hasta el próximo si es que lo hay.

Bruno Francés
Escritor
 
 

 
Haruki Murakami