Lola Vega
// 31/10/2017
Juan Mayorga, pepe calvo, hünter art magazine,

 
 
 

JUAN MAYORGA, EL CHICO DE LA PRIMERA FILA

 
 

“El teatro puede con todo”
 
El Teatro puede decirnos todo. Cómo los dioses habitan en el cielo, y cómo los presos languidecen en cuevas subterráneas, olvidadas, y cómo la pasión nos puede elevar, y cómo el amor puede destruir, y cómo nadie necesita una buena persona en este mundo, y cómo reina la decepción, y cómo la gente vive en apartamentos, mientras que los niños se marchitan en campos de refugiados, y cómo todos tienen que volver de nuevo al desierto, y cómo día tras día nos vemos obligados a apartarnos de nuestros seres amados, el teatro puede decirnos todo. Y Juan Mayorga lo sabe. Matemático y filósofo, autor de una tesis publicada sobre el pensador alemán Walter Benjamín, profesor de instituto, ganador de cinco premios Max, se inició en la lectura con la biblioteca de su padre, leyendo a Galdós, a Baroja o a Delibes, pero allí estaban también Kafka, Mann, Tolstoi o Dostoievski.
Ellos educaron su sensibilidad y su mirada desde un compromiso ético y crítico con la sociedad actual, construyendo un universo dramático, a través de la emoción y el humor, del pensamiento y la reflexión, con un lenguaje afilado y certero. Una experiencia poética que enriquece al espectador. ”Cartas de amor a Stalin, La lengua en pedazos, Reikiavik o El arte de la entrevista” son algunas de las obras largas, entre más de 30, que han contribuido a la traducción y a la representación del teatro de este autor en cerca de 40 países.
Pero si hablamos de “El chico de la última fila”, con película posterior del francés Ozón, repetimos la mirada especial de este autor que convirtió una anécdota personal como profesor de un instituto de Moratalaz en algo universal. Así consiguió que las formas o referencias que desplegó en el texto estuvieran al alcance de los europeos y mas tarde universales, representándose hasta en Corea.
Con el “Cartógrafo” Mayorga pretendía explorar los límites de la memoria y convertirla en un alegato contra el olvido. El texto narra las reflexiones de Blanca -personaje que encarnó Blanca Portillo- cuando escucha la leyenda del cartógrafo del Gueto de Varsovia, un hombre que, con la ayuda de una niña, se empeñó en dibujar el mapa de un mundo a punto de desaparecer. Un diálogo entre el pasado y el presente.
Dice Mayorga que el escenario hay que reservarlo para preguntas que no tienen respuesta y que el teatro en si el arte del conflicto y también “que la cuestión del lenguaje, la cuestión de cómo lo usamos y como somos usados por el, es la política por excelencia”.
Por eso, añado yo, precisamente el teatro renace siempre de sus cenizas, mudando sólo sus convenciones anteriores en nuevas formas: así es como se mantiene.
También dice ese chico de la primera fila que “escribir le hace feliz y le ayuda a vivir cuando no escribe, porque le predispone a prestar atención a cosas importantes como mirar la vida de otras personas, sus gestos y sus palabras”. Al final nos queda siempre la escritura y las palabras… y ese deseo de construir una experiencia habitada de acción, emoción poesía y pensamiento. ¿Alguien da mas?

Lola Vega
periodista

 
 

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Lola Vega, Teatro