Jordi Navas, conversación con John Berger

Entrevistas
// 14/02/2017
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Extracto de las conversaciones mantenidas los días 4 y 5 de mayo de 2006 con John Berger a raíz de su participación en el ciclo Esclavos del siglo XXI, organizado por el Aula de Cultura de la CAM en Alicante. John Berger falleció el pasado 2 de enero.

 

A sus 80 años, John Berger tiene algo en la mirada que desmiente cualquier estereotipo asociado a la edad. Sus ojos viajan, te acompañan y te guían. Su cuerpo fuerte y su discernimiento universal le sitúan en un espacio atemporal. En su mundo nunca sobra la experiencia ni se jubila el saber. Al mismo tiempo, el escritor británico se revela humilde y mesurado. Piensa detenidamente cada pregunta y desecha de forma inmediata el tono enfático, el matiz categórico o la expresión determinista. El mensaje, como toda su obra, tiene sabor a esperanza. No hay abismos de nostalgia, ni escepticismo ante el mañana de los pueblos. Todo depende de la imaginación humana, sin fórmulas ni recetas. Puede que su testimonio cotice a la baja para los mercaderes de sueños. Para quienes creen y trabajan por el futuro, representa un valor seguro.

“La esperanza nunca se alcanza del todo”

A sus 80 años, John Berger sigue luchando por la justicia social, “que hoy es una demanda multitudinaria”, y advierte contra el reduccionismo político y práctico. Con imágenes en la retina del asalto desesperado de miles de personas a playas y alambradas, el seminario Esclavos del Siglo XXI, celebrado el pasado mes de mayo en el Aula de Cultura de la CAM, trajo hasta Alicante las voces críticas de personalidades como John Berger, Aminata Traoré, Yvanette Tonin y José Saramago. El encuentro, coordinado por el director de «Le Monde Diplomatique», Ignacio Ramonet, sirvió para la denuncia y la reflexión. Aunque, por encima de todo, supuso un revulsivo de las conciencias mediante el contacto próximo con ideas y voces que claman contra la injusticia y la exclusión de gran parte de la población mundial.
Las palabras de John Berger, novelista, ensayista, crítico de arte, poeta y referente para varias generaciones de jóvenes, pronunciadas con motivo de la inauguración del seminario, tuvieron continuidad en una entrevista que se prolongó en un paseo por el castillo de Santa Bárbara, las faldas del Benacantil y por las callejuelas del casco antiguo de Alicante.
El punto de partida es una idea expresada durante su conferencia: «Hoy, el deseo de justicia es multitudinario». Para Berger, la lucha «contra la injusticia, por sobrevivir, por el respeto, por los derechos humanos», ya no debe ser considerada solamente en términos de «demandas inmediatas, organización y consecuencias históricas». Ni tampoco puede ser reducida a movimientos, políticos o sociales, «porque un movimiento describe a una masa moviéndose de forma conexa hacia una meta definitiva o un programa, que al final sólo tiene dos opciones: el éxito o el fracaso».
 
 
-Sin embargo, seguimos hablando de movimientos, el movimiento antiglobalización, por ejemplo.
 
-La esperanza no funciona así. Cuando en Francia tres millones de jóvenes salen a la calle, lo importante es la atmósfera que se respira, la forma en que se vive la esperanza. Algo parecido a lo que sucedió en España durante las últimas elecciones. Ese movimiento no estaba dirigido desde arriba.
 
 
-¿Y qué da sentido a esa esperanza?
 
-La esperanza nunca es alcanzada del todo, se halla de nuevo continuamente. Es como subir una montaña. Cuando se llega a una cumbre luego hay que subir otra. La gente espera encontrar arriba una meseta, pero la historia no es así. Cuando estás arriba te encuentras bien. La montaña que sentiste como un enemigo está contigo. Volver a subir te refuerza. Las viejas utopías eran como el cielo en la tierra. Ahora estamos en el infierno. Pero en el infierno, la solidaridad, la ayuda mutua y el sacrificio son más fuertes. Tal vez se trata de vivir ciertos momentos eternos, aunque sólo sean momentos.
 
 
-Pero la gente sigue necesitando reencontrarse con ideas fuertes y con nuevos protagonistas, en el arte, la política o la historia, para reforzar sus búsquedas, su subjetividad…
 
-Ahora vivimos en un mundo donde todas las decisiones importantes son tomadas por las corporaciones neoliberales y estas decisiones se basan en un único criterio, que es el incremento del beneficio. En este contexto, la gente ya no es gente, sólo unidades. Todo el mundo vive inmerso en esto de una manera o de otra. No hay nada pasando fuera, nada que confirme la subjetividad. Esto es algo que ningún poder había conseguido antes. La búsqueda de la subjetividad pasa por resistir. Resistiendo políticamente o simplemente para sobrevivir, como los inmigrantes. Una reacción humana a lo que en cierto modo es la tiranía más inhumana que ha existido nunca.
 
 
-¿Cómo actúa esa tiranía?
 
-Puedes llamarlo dictadura o totalitarismo, pero yo uso la palabra tiranía por que es más antigua. Todos los imperios han sido tiranías en algún grado. Pero la tiranía que estamos viviendo ahora no considera más que el beneficio y se caracteriza también por un cierto sentido del tiempo. No hay pasado ni futuro. Los próximos cinco años y poco más.
Es una tiranía tan infértil como un desierto. No es una coincidencia que la religión que viene esencialmente del desierto, el Islam, sea el único sistema de creencias que se opone de forma organizada a esto. Todo el mundo habla de terrorismo, pero nadie se preocupa de recordar que el origen de la religión islámica es una advertencia a los ricos sobre lo que le está sucediendo a los pobres. El desierto del que viene el Islam no es infértil, porque ellos saben cómo usarlo. Pero el desierto de la nueva tiranía, de los nuevos profetas, no tiene nada, ni el más mínimo signo de vida. Excepto esa fantasía del eterno incremento del beneficio y la productividad.
 
 
-Usted ha expresado su admiración en sus obras por la figura del subcomandante Marcos ¿Qué ve en él?
 
-Es una de las voces más significativas porque ha cambiado todo el vocabulario con el que piensa la gente. Cuando habla de política, dice parábolas. Los griegos solían expresarse así. También rechaza la separación entre la vida íntima de los individuos y la acción política. Lo público y lo íntimo van juntos de nuevo y yo creo que esto es extremadamente importante. Lo que significa su figura en este momento específico en México, no lo sé. Uno de los problemas de los intelectuales es que a menudo se sienten obligados a pronunciarse sobre cualquier tema, aunque sepan muy poco de él.
 
 
 
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Perfil

Testigo y cronista del mundo

Formado en Oxford y en la Central School of Arts, John Berger despuntó como crítico de arte en los años 60 y 70 y su libro Modos de ver, que recogía los contenidos de una serie de televisión realizada para la BBC, se convirtió en una referencia cultural indiscutible, al igual que sus trabajos sobre Picasso, Goya o Rembrandt. Paralelamente ha desarrollado una amplia obra literaria, que se vio reconocida con el premio Booker, uno de los de mayor prestigio en lengua inglesa, tras la publicación de su novela G en 1972.
Su consagración como autor universal llegó con la trilogía De sus fatigas, compuesta por los títulos Puerca tierra, Una vez en Europa y Lilac y Flag. Estas tres obras despliegan un complejo y bello fresco del mundo rural y de sus transformaciones. Al mismo tiempo, los personajes femeninos de algunas de estas obras, como Lucie Cabrol u Odile Blanc, se han convertido con el tiempo en retratos imborrables de la mujer rural, dotados de una sensibilidad y profundidad pocas veces alcanzada en la literatura contemporánea.
Recién cumplidos los 80 años, John Berger es en la actualidad uno de los intelectuales más respetados y sus artículos sobre los grandes temas de nuestro tiempo, como la guerra de Irak, el drama humano de la inmigración o las revueltas estudiantiles de Francia, son puntualmente recogidos por los principales diarios y publicaciones del mundo.
A la lucidez y claridad de su obra, que abarca la poesía, el teatro, la narrativa, el ensayo y la escritura de guiones, se une el compromiso con los desfavorecidos y con la vida rural, que profesa desde su residencia habitual de un pequeño pueblo de la Alta Saboya. Una opción de vida que le ha valido el respeto y la admiración de varias generaciones de jóvenes y de colegas como Susan Sontag, quien dejó escrita esta inolvidable y bella confesión: “Admiro y amo los libros de John Berger. Escribe sobre lo que es importante, y no sólo interesante”.

Jordi Sánchez Navas
Periodista e investigador
Doctor en filosofía y letras
trotahojas.blogspot.com.es