Giovanni Segantini

Artículos
// 10/07/2016
Giovanni Segantini

 
 

Paisajes para interpretar: El paisaje de Segantini.

 

Giovanni Segantini es quizás el artista más trascendente de la modernidad en la pintura del paisaje, en esa empresa que significó la admiración por la percepción de los espacios naturales, de esa virginidad de las cosas corrientes pero no vulgares. Una mirada que vinculaba su expresión a los momentos cambiantes de las estaciones, a su refulgente luz testimonial del carácter limpio de los montes y de sus campiñas. Segantini veía la manera de verbalizar, en un sentido metafórico, la expresión del paisaje y todo lo que puede confluir en él. Las visiones de ese espacio universal, mítico, espontáneo, le proclamaban esa especie de rigor con la precisión de los mínimos detalles, no realista, algo así como una macro mirada al entorno vivificador y a la vida que fluye a su alrededor.
Sus obras trasmiten ese vinculo total con la naturaleza en esa posición que más tarde será una manera de interpretar la conservación de la naturaleza. Joseph Beuys le dedicó una de sus instalaciones más famosas, en la que haciéndose eco de sus últimas palabras: “Voglio vedere le mie montagne”, explicitaba así esa voluntad de ver y guardar en su memoria ese último instante de placer en el que había vivido sus últimos años. Beuys, en su instalación, marca el recorrido por una habitación en el que están los diferentes refugios y palabras que materializan una actitud, reflejada en esos muebles y objetos, en esas luces y textos en los que valora las circunstancias que a Beuys le interesaba trasmitir. El artista alemán ve dentro de ese marco de convivencia con la naturaleza lo que interesa al propia artista alemán. Pero otro artista, Pollock, ve y observa la naturaleza como esa fuente de conocimiento de expresiones y formas capaz de cambiar el sentido de la plástica. Pollock profetiza ese mirar al espacio que la naturaleza crea sin ningún planteamiento artístico, pero lo aprovecha para instaurar un deseo, una constatación, el de que el arte puede venir de la observación curiosa del exterior, del trabajo incesante de la naturaleza, de su creación continua. Una reflexión que Segantini adivina en su obra, trasmitiendo esa convicción de la belleza que encuentra en el medio natural. Pero no solo eso, también reconoce la altura de los personajes que viven en ese espacio inhóspito, duro, pero vivificador. En esas vidas y en esas formas que nos hablan de la pureza de los sentimientos que nos llevan al más extraordinario de los mitos, a la visón de los ángeles, a las visiones más etéreas y, al mismo tiempo, sencillas por su sentido virtuoso y, por tanto, místico del paisaje.
Su obra, de un sello propio inconfundible, está en los límites de esa verdad buscada por el artista, de esa manera de interpretar la realidad, sublimándola por encima de los bienes de una sociedad estereotipada y fría. El calor, en su expresión más productiva, sus grande espacios herbarios llenos de matices, en los que se pueden rastrear los más mínimos detalles, el frío en su dimensión más lúcida, en esos grandes espacios de blancos infinitos y oscuros nubarrones que devoran la noche. Las estaciones con sus características fundamentales, nunca apreciadas hasta ese punto de reconocimiento del espacio vital de la nueva, por decirlo de manera casi revolucionaria, expresión de lo que se debe conservar como un bien para la humanidad.

Eduardo Lastres
Artista visual
www.eduardolastres.com