Guillermina Perales entrevista a Jaume Plensa

Entrevistas
// 11/07/2016

 
 
 

Guillermina Perales entrevista a Jaume Plensa

 

Jaume Plensa (1955) es uno de los artistas más relevantes de las últimas décadas en España. Ha transformado el espacio de la escultura en algo vivo, transitable y dinámico en el que el espectador se siente implicado en esta nueva “construcción del lugar”. Su pensamiento no teme a la diversidad de materiales y técnicas para desarrollarse. El gran reconocimiento internacional obtenido con su proyecto de arte público para Chicago le ha permitido intensificar su proyecto caracterizado por la multiplicidad, tanto en el espacio público como en el del museo. Entendiendo la escultura como “la mejor forma de plantear una pregunta”.

Guillermina Perales: En la exposición para el Palacio de Velázquez, Madrid, (2000), en la que mostrabas diez años de tu trabajo, su configuración nos remitía al cuerpo humano como centro, obras habitables, audibles, táctiles, que, a pesar de sus diferentes materiales y concepciones, creaban una interconexión muy especial. En la exposición del IVAM se ve la importancia que has dado a la palabra escrita.
Jaume Plensa:
Mi aproximación a la escritura es una transformación inevitable. Esta presencia del texto ha sido un homenaje a la idea del poeta en su actitud con la vida y las cosas. Nunca ha sido un texto conceptual sino más bien como una presencia, una memoria de algo más amplio que nuestros recuerdos, una metáfora del ser humano: cada letra que se asocia con otras, hace palabras y con las palabras textos. Es la idea de la piedra fundacional de la cultura judía o de cualquier ser humano que, en relación con otros, crea sociedades. El material nunca es una finalidad, es un vehículo. En mi caso, especialmente necesario, porque tal vez al ser mediterráneo necesito tocar y acariciar y soy muy físico en la relación con las cosas. El material es algo que me permite de alguna forma darle el contexto físico a los pensamientos, a las ideas. Tanto sea hierro, luz o una piedra, todo es lo mismo, o sonido, son materiales. Pero también la palabra, la palabra tiene esta relación visual tan fuerte porque es un signo, y siempre con esta mezcla de la idea del tatuaje, que la vida va como escribiendo en tu cuerpo hasta que acaba como una historia contigo. Siempre me ha fascinado dejar este trazo, esta presencia. William Blake decía: “Un pensamiento llena la inmensidad”. Esta idea es la escultura en estado puro. Un poeta formaliza de una manera y yo de otra, pero lo importante es su actitud ante las cosas. A veces las cosas se rozan pero a nivel de contenidos. Y yo he aprendido mucho de poetas, de escritores, de músicos, o de otros artistas. Su parte formal se produce como vehículo que me ha llegado profundamente pero para entender este mundo oculto tras las formas.

G.P.: ¿Cómo has desarrollado tu obra en el espacio del IVAM?
J.P.:
Es un espacio muy simétrico y racional. Me daba la oportunidad de hacer un recorrido también muy nítido, en el sentido de intentar hablar de lo que podría ser el sueño, de lo que está por encima de nosotros. Desde la idea de la palabra como homenaje a toda la parte verbal para llegar a lo que me parecía algo tan fundamental como es la cabeza. La cabeza como imagen de todo el resumen del cuerpo, del pensamiento, de todo. Donde se unen de una forma más perfecta lo físico y lo mental. En la primera sala, hay tres grandes personajes fijados en las paredes que son personajes de luz, como casi globos, como una especie de hombres mundo, en cuyos cuerpos están escritos los puntos geográficos, el ecuador, los trópicos, estas líneas que marcan las grandes zonas de nuestro mundo. Después, unas cortinas con 29 poemas de varios de los poetas que me han fascinado siempre acotan tres salas del museo, y la gente está prácticamente obligada a pasar entre ellas para poder acceder a los otros espacios. Y cuando pasan producen este tintineo tan especial, buscado en estas piezas, que remiten a un estado de silencio y también a este recuerdo de mi infancia, cuando iba con mi madre a comprar a las tiendas y había aquellas cortinas maravillosas que impedían entrar los insectos y las moscas. Y la poesía tiene este sentido de protección de estos grandes vacíos. Al final llega la gran cabeza, como estas grandes cabezas olmecas o de budas, esas grandes cabezas que a lo largo de la historia muchas culturas han rozado de una forma inevitable, pues es donde de verdad está el gran espacio orgánico de fabricación de emociones y de pensamientos.

G.P.: Aquí también creas la arquitectura de tus exposiciones.
J.P.:
Sí, es que a veces hay como un mal entendido. La escultura por supuesto que tiene unas medidas y unos pesos pero esto no es muy importante, sino la energía que emana de estos objetos y cómo transforman el espacio y, sobre todo, cómo lo transformarán en relación con el visitante. Es tan importante lo que muestras como lo que dejas en nada, el vacío, y yo intento estar pendiente de esto. Es más antiguo que la humanidad. Es un problema que parece como superado y no es que se supere o no, sino que cada generación se aproxima de formas distintas. Este proyecto que hice en Chicago, Crown Fountain, 2004, lo más extraordinario del proyecto, a pesar de que la gente queda fascinada con las caras y que sale agua, es el espacio que hay entre las dos caras. Es decir, son dos personas que se miran, que están como en relación, pero claro aquel espacio que crean absorbe a toda la gente alrededor y bueno están allí como en un paraíso en medio de un tejido urbano de gran densidad. Tú y yo estamos teniendo una conversación con un espacio muy grande entre tú y yo, pero que existe, si estuviéramos sentados uno delante del otro sería más corto pero sería un espacio. Esto es fantástico. El arte siempre ha estado dando vueltas alrededor de este problema, que yo creo que no es un problema simplemente, es como una especie de energía que nos va como envolviendo y a mí la escultura me interesa en esta dirección.

G.P.: Tu relación con Alicante es a través de unas conferencias organizadas por Francisco Jarauta en la CAM sobre la obra de Mozart. En esta ocasión nos hablaste de tu trabajo escenográfico para las grandes óperas de Mozart en colaboración con La Fura dels Baus. ¿Qué ha significado esta experiencia escenográfica para ti?
J.P.:
El espacio de la ópera es como el espacio público, es la relación con otros. He hecho muy pocas óperas porque no he querido que se convierta en una profesión o en una ilustración. La música siempre me ha gustado especialmente, el compositor de alguna forma está describiendo un lugar. Yo creo que un artista, o al menos es mi caso, tiene esta capacidad para crear este lugar y mis compañeros tienen la gran capacidad para que en aquel lugar ocurran cosas. Busco distintos territorios donde explorar, supongo que siempre estoy dando vueltas al mismo tema. Espontáneamente tengo distintas actitudes con las cosas, esto hace que los materiales vayan cambiando, aunque tus intereses en el estudio o en el espacio público, o donde sea, sean los mismos, no veo gran diferencia donde poder expresar cosas. Lo que sí es muy importante es que cuando estás en el estudio hay unas reglas que no son las mismas en el espacio público o cuando he hecho un trabajo para ópera. Pero yo creo que son territorios de exploración de la misma calidad, con las mismas posibilidades. Cuando estoy trabajando una obra en mi estudio, el límite soy yo, cuando estoy en el espacio público, hay un contexto, unos condicionamientos que hay de alguna forma que resolver. Es como si te plantearan un enigma y tú has de resolverlo, es muy excitante porque has de intentar ser tú entre los otros y esto es muy bonito, muy apasionante. Hay una relación con gente que no necesariamente está próxima al arte, todo un tejido social en toda su diversidad. El mundo del arte es más endogámico.
Estoy exponiendo en el Museo de Niza, en el IVAM, vengo de la feria de Miami, expongo en Londres en enero. Todo es la misma familia. De pronto sales a la calle y estás completamente sin contexto. Esto me gusta mucho porque el arte ha de ganar verdaderamente su lugar a partir de cero. Yo creo que es muy recomendable y muy sano.

G.P.: Acercarse a tu obra con los sentidos ¿o con el entendimiento?
J.P.:
Se tendría que volver a redefinir qué es lo racional o lo cerebral. Porque siempre he defendido el cerebro como el lugar más salvaje del cuerpo, donde las cosas ocurren a pesar de ti. Parece ser que la gente no lo quiere entender cuando lo digo, porque siempre dicen: “qué artista más racional, esta persona es muy cerebral”. Pero, por favor, todo lo contrario sería un hombre que va en contra de su cerebro. Yo busco esta voluntad de que la gente encuentre emoción pero también en la reflexión, y la escultura es un buen medio que te permite este tipo de diálogos. Cuando la gente traspasa las cortinas en el IVAM o está pisando el agua de mi pieza de Chicago, la gente siente cosas, al menos, yo he visto como sonríen. Esto ya es importante. Yo no creo que la función del arte sea educar, sino provocar los movimientos, aunque sean pequeños, necesarios para que las cosas empiecen. Simplemente el que alguien roce algo y le produzca un pequeño cambio ya es un placer, y todo lo demás, naturalmente, ya irá creciendo.
 
 
Guillermina Perales, jaume plensa, pepe calvo, rob hernandez,

Guillermina Perales
Comisaría, crítica.

Entrevista realizada con motivo de su exposición en el IVAM, que se pudo ver del 27 de noviembre de 2007 al 17 de febrero de 2008. Versión completa del extracto que se publicó en el suplemento cultural, mensual, Arte y Letras del periódico Información de Alicante, en enero del 2008.