Crítica de Lola Vega de la novela “Cuando llega la luz” de Clara Sánchez

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// 04/10/2016
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Cuando llega la luz

Clara Sánchez rastrea a los viejos nazis

Por Lola Vega

 

“No sabía cómo vivían las abejas, ni los delfines, no sabía cómo se construía un avión, ni si había vida en otros planetas, no sabía por qué unas rosas son rojas y otras amarillas, ni si existe Dios. Sin embargo, sabía que las grandes manos del Carnicero le había amputado el brazo a un prisionero de mi barracón para comprobar cuanto tardaba en desangrarse”. Es un párrafo, una idea con toda la crudeza y el lenguaje literario del último libro de Clara Sánchez CUANDO LLEGA LA LUZ, en el que la novelista entremezcla personajes como Sandra, la protagonista y su amigo Julián. La historia en la que vuelve a sacar a la luz, como ya hizo en LO QUE ESCONDE TU NOMBRE, a los nazis que se escondieron transformados en viejos jubilados en la costa levantina.
La historia de esos personajes todavía nos conmueve, pero es la historia, la trama, los personajes y el ciclo narrativo lo que te lleva de la mano a adentrarte en los entresijos de las vidas de esa extraña tribu.

«¿Puedes proteger a quien más quieres? No se puede huir ni olvidar. El pasado siempre te encuentra».

Clara Sánchez es consciente de las ampollas que levantó la primera parte de su historia y de las amenazas que recibió, por eso evita citar los nombres reales. No puede elegirse, lo que no quiere saberse, se te mete en los ojos como una ráfaga de arena y se queda en el cerebro y en el estómago.
La novelista asegura que muchos de estos criminales huidos y escondidos en las playas españolas han pasado su vejez camuflados en residencias como la que se describe minuciosamente en la novela y habla del nuevo nazismo que impera en Europa y de los micro nazismos, de las personas fascistas que “campan por Europa de una forma alarmante” con su ideología fanática y por la que es fácil “dejarse llevar”.
En esta nueva novela, Julián, de 80 años y antiguo preso de Mauthausen, lucha contra su propio cuerpo y sus achaques para poder seguir enfrentándose contra esos criminales mientras que Sandra contará con un “obstáculo”, su hijo, un bebé.
“Pero en esta historia también se habla que los límites, de lo que las personas son capaces de hacer por amor y de lo que pasa cuando los buenos a veces se cansan de ser tan buenos”.
“Desprendía un olor agrio, que salía disparado de entre los pliegues y recovecos de su cuerpo con cada movimiento, sobre todo al levantarse apoyando las manos en la mesa…”
Un libro que hace reflexionar porque el mero hecho de escribir una novela y proyectarla en un espacio mental crítico (que tal vez alguien habría preferido llenar con lugares comunes), siempre constituye un acto de valentía con todas las exigencias que impone la ficción.

Lola Vega
periodista