Birdman, crítica de Laura Notario.

Cine
// 12/03/2016
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Alas de usar y tirar

 

Por Laura Notario. Hablemos de “ser actor”. Individuos preocupados por textos que tienen que destripar; situaciones, frases, gestos, sentimientos, conceptos. Cirujanos de la emoción. Buscan recónditos lugares de experiencia para hacer suyas palabras ajenas. El carácter adictivo y adrenalínico de la práctica, mezcla de extrema euforia y control, crea un individuo desorbitado y poderoso. Es un “conócete a ti mismo” extenuante. Vivir al límite parece condición fundamental para poder ser otro y comprenderlo, llevar sus mocasines por un tiempo. La búsqueda incesante de ese “papel”, que te alce por encima de los demás, que recoloque tu maltrecho y descomunal ego después de muchos “noes”. El caso es que todo parece posible desde ese pedestal. Puedes decidir sobre la producción, sobre tu vida, sobre los guiones, el casting e incluso tienes tu propio mercadillo sexual. Si quieres, puedes hasta comprar la crítica o tu estrella en el Paseo de la Fama. Eres uno de los dioses del Olimpo. Pero el día que tu estrella se apague y decidan olvidarte, porque les aburres, porque te has hecho viejo, o porque te cerraron el grifo, tu caída puede tener demasiados seguidores en twiter, si no sabes desparecer a tiempo ocultándote como una rata. Tu descomposición apestará por la red con cada una de tus ridículas pataletas politóxicas. Es el impuesto de lujo que tienes que pagar por tu fama. Ícaro de paja, prenderán fuego a tus alas de usar y tirar. Da igual que pongas todos los efectos especiales de la industria. Si dejan de quererte, eres carne de los carroñeros. Ellos mismos te darán el tiro de gracia.
Película técnicamente impecable. Birdman tiene una fotografía espectacular, meditada. Planos brillantes como los amaneceres, que definen las jornadas. Lo mismo amaneces para rodar, que acabas una fiesta amaneciendo. Ese plano secuencia interminable, guiño a “La hoguera de las vanidades”, porque siempre estás ”moviéndote”; pruebas, contactos, ensayos, entrenamiento. Te conviertes en el eterno mendigo, con más o menos glamour, a la caza del siguiente papel. Buscas en las basuras de producciones mediocres el próximo personaje, que luego vendes como si de oro se tratara. También puedes tener suerte si arrancas la espada de Excalibur y consigues un éxito sagrado, de culto. Pero normalmente es como la banda sonora de la película, una batería que toca constantemente un redoble de ensayo que siempre está comenzando, y donde nunca parece llegar la gloriosa melodía. Es la profesión del eterno parado. Ridículo, infantil, ególatra, presuntuoso, desubicado. Sin patria ni cementerio.
Planos fabulosos, como el del escenario. Ese gran angular que define a la perfección la desnudez pública y la desprotección. Cercanía lejana con el público. La sensación de que faltan paredes para sentirse a salvo. Carne para la ovación y el juicio.
Creo que Iñárritu ha decidido revisar “All about Eve”. Parece el mismo camerino de Margot Channing y el mismo vestíbulo del teatro, con una obra de título similar. Quizás quería hablar también de la soberbia e indefensión del clásico pero con un divo actualizado. Porque al público le gustan los estrenos. Sigue necesitando sus raciones de ocio. Pero los actores son y no son importantes. Quizás para la próxima película, o para varias incluso, pero luego, si desapareces, da igual. Eres perecedero y tienes fecha de caducidad. Eligen otros nuevos, con un target parecido, que satisfacen igualmente nuestra voracidad de estrellas fulgurantes.
Iñárritu hace un guiño al clásico, a la “secta” Cassavetes y a algunas escuelas de interpretación, con esas mismas conversaciones apasionadas e interminables entre actores. Pero la narrativa de la película es indigesta. Engulles los diálogos de forma abrupta, encriptada, sin masticarlos adecuadamente. Todo resulta pasado de rosca. No da tiempo a asimilar emocionalmente nada. Se habla mucho, pero no se escucha. No sé si por la farlopera tendencia de la profesión como propuesta conceptual, por el propio tabasco de fábrica o por un intento de ritmo frenético, asesorado desde la producción, que se da mucho en los actuales conceptos de Teatro, Cine e incluso Danza. Lo trepidante como sinónimo de ritmo, consiguiendo por regla general abrumar y aburrir, en lugar de divertir. No sé si contribuirá a esa sensación de acelerón la ciudad de New York, con su darwinismo de ciudad desalmada. Que te regala posibilidades fatuas o te hunde en un fatalismo existencial. New York la depredadora, la insaciable. O me sigues o te quedas por el camino.

¿Dónde está el problema en hacer efectos? Iñárritu, no tiene ninguno, pero él no quiere hacer eso. Prefiere hablar de cosas más densas.
Una película inolvidable, de un gran director que solo sabe hacer peliculones. “Amores perros”, ”21 gramos”, “Babel” y “Biutiful”.
 
 
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Laura Notario
Actriz, profesora de arte dramático y realizadora.
lauranotario.blogspot.com.es
 
 
 


Año: 2014. Duración: 118 min. País: Estados Unidos. Director/a: Alejandro González Iñárritu. Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo. Música: Antonio Sánchez. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Reparto: Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Amy Ryan, Andrea Riseborough, Lindsay Duncan, Merritt Wever, Joel Garland, Natalie Gold, Clark Middleton, Bill Camp, Teena Byrd, Anna Hardwick, Stefano Villabona. Productora: Fox Searchlight Pictures/New Regency Pictures. Género: Comedia. Drama | Teatro. Sátira. Comedia negra. Web oficial: www.foxsearchlight.com/birdman/


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