Beatriz Jiménez
// 11/12/2017
Joaquín Phoenix, pepe calvo, en realidad nunca estuviste aquí,

 
 
 

En realidad, nunca estuviste aquí: brutal redención

 

Pocos actores pueden interpretar de manera tan perfecta a aquellos que conocen el infierno y han vuelto para enfrentarse a ello. Seguramente, no había más opción que optar por la fuerza interpretativa de un Joaquin Phoenix que se funde totalmente con su personaje. Un personaje profundamente dañado que encontrará su motivo para vivir en otro ser tan dañado como él mismo.
Todo en esta En realidad, nunca estuviste aquí es crudo y directo, tanto la puesta en escena como la historia de corrupción política de abuso de menores. Una producción no apta para personas fácilmente impresionables, donde sin duda destaca el peculiar tratamiento de la violencia por parte de Lynne Ramsay, la directora. Una violencia que se muestra solo a veces, brutal, con un enfurecido Joaquin Phoenix con martillo en ristre, pero siempre lejana, sin que la sangre salpique la pantalla; o una violencia que se sugiere, sin mostrar, con todas sus consecuencias.
No hay nada amable en este filme, porque no puede haberlo. Cuando se bucea entre lo peor de la sociedad, solo se puede encontrar oscuridad. Esa oscuridad que tan bien sabe personificar un Joaquin Phoenix inmenso, que ofrece una admirable interpretación, que merecidamente le granjeó el premio a mejor actor en el festival de Cannes.
Festival que también laureó a la realizadora, pero esta vez por su labor como guionista. Qué gran trabajo ha hecho Lynne Ramsay, tanto detrás de la cámara como en la adaptación de la historia. Maravilloso el juego de contraposición que hace Ramsay, que elige esas canciones tan típicas de los años 50, que simbolizan la felicidad más despreocupada, para mostrar algunas de las escenas más terribles del filme. Mientras por otro, la inquietante música de Jonny Greenwood, del grupo Radiohead, consigue pegarte literalmente a la butaca, creando una angustiosa sensación de tensión y de anticipación.
La crudeza, la violencia, las contraposiciones de luz versus oscuridad se ven complementadas por unas imágenes de gran fuerza visual, sorprendentemente bellas en ocasiones (como la escena del río) creando una producción que no dejará indiferente a nadie y que bucea de manera descarnada en los abusos, el suicidio y, finalmente, la redención.
Lo mejor: esos ojos de Joaquin Phoenix mirándose en los espejos.
Lo peor: por decir algo, la escena del diente quizás no fuera necesaria.

Beatriz Jiménez Lobato
www.bollacos.com
 
 
 

Categories
Beatriz Jiménez, Cine