Eduardo Lastres
// 22/05/2017
Louise Bourgeois

 
 
 

Louise Bourgeois

 

Se estima que el arte hecho por mujeres comenzó a tener relevancia a partir de los años sesenta y setenta, justo cuando una de las mejores artistas del siglo, incluidos los hombres, entró en el MOMA de Nueva York a los setenta y un años de edad. Este hecho revela una actitud social en la que se desvaloriza el trabajo intelectual de la mujer, por supuesto también el artístico. En el campo del arte, la presencia de la mujer se ha visto mucho más restringida que en cualquier otro campo. Hasta el siglo XX, la historiografía dedica muy pocas páginas a las mujeres influyentes en el arte, con figuras destacadas en el Barroco y Renacimiento como Rosalba Carriera, y Artemisia Gentilleschi. Con las revoluciones sociales del XIX, y ya en el XX, las mujeres tomarán de alguna manera mayor protagonismo en el trabajo artístico, siendo siempre una minoría, Marie Cassatt, Maria Blanchard, Berthe Morisot, Maruja Mallo, Camile Claudel, y muchas más. Las mujeres colaboraron en el surgimiento de las vanguardias, antes y después de las guerras mundiales. Movimientos como el Dada, el cubismo, el futurismo, replantearon el trabajo de la mujer, aunque en aquellos momentos no fue valorado en su justa medida, o en igual medida al de los hombres. Trabajos como el de Hannah Höck, cuyos collages son una de las más importantes aportaciones artísticas del momento, no han sido tratados con la relevancia que se merece, por la crítica, los historiadores… A lo largo del siglo XX, aunque las mujeres artistas empezaron a tener cierta relevancia y consideración, era muy complejo que su actividad se realizara en igualdad de condiciones con el hombre. En el caso de Louise Bourgeois, el traslado de su París natal a Nueva York fue definitivo. No cabe duda que en ella arraigaba un fuerte espíritu de libertad y de ganas de trascender, a pesar de los obstáculos. Y sería la sociedad cultural de Nueva York la que no tuvo más remedio que aceptar la fuerza expresiva de esta artista, dándole su mayor reconocimiento a los setenta años. Como precedentes la apoyaban las figuras de escritoras que ya, desde el XIX, estaban siendo reconocidas. Pero en la trayectoria de las mujeres artistas pesaba el que ni los grandes museos ni las galerías más importantes las tomaban en cuenta. Sin embargo, Louise Bourgeois, sí pudo ejercer su gran sabiduría y su conocimiento, con una visión personal, radicalmente distinta, un aire nuevo que revolucionó muchos de los principios asumidos en el arte. Esta artista es receptora directa, a partir de los años sesenta, de la información que llegaba desde Europa, con movimientos como Fluxus, la obra de Beuys, y las experiencias que en el terreno del Land Art y de la instalación se producían en Estados Unidos. De todo ello fue desarrollando sus propias conclusiones, con la creación de espacios donde se habilitaban determinadas sugerencias autobiográficas, que remitían no solo al objeto sino al espacio que contenía los objetos, espacios como celdas, habitáculos, donde pendían camisas, espejos, figuras… Todo un laberinto de memorias que pudimos ver aquí en España en la primera gran exposición que le dedicó el Reina Sofía, quizá su obra más difundida. Pero no podemos olvidar la gran trascendencia que tienen en su trabajo las piezas realizadas en bronce y en mármol, en las que recurre a la parte irónica de la condición humana, tanto de la mujer como del hombre. El sexo, la vagina, el pene, se funden en una eclosión que se traduce en formas bellamente trabajadas. Obra admirada por artistas como Willem De Kooning, Mark Rothko y Jackson Pollock, así como el fotógrafo Robert Mapheltorpe, quien le hace un homenaje en la famosa fotografía, donde la artista francesa sujeta una de estas esculturas pene, Fillette, (1968).
Su obra en dibujo y pintura figura entre las experiencias e investigaciones mas relevantes que tienen como principio el expresionismo abstracto pero también una mirada interna hacia el mundo femenino. La casa, Femme Maison (1947), la sujeción a la casa, la mujer como contenedora de valores eternos, con los que la sociedad la subyuga, son condiciones que ella critica y cuestiona. Sus grabados y dibujos forman parte de toda una estética de la reivindicación femenina, una nueva mirada de la que han ido alimentándose las sucesivas generaciones de mujeres y hombres artistas. Louise Bourgeois no renunció a establecer una relación con su propia biografía, de dónde venían sus ancestros, cuáles eran los conocimientos que sobre algunas materias tenían, las alfombras y tapices, su restauración en la fábrica familiar, es decir, el textil forma parte de su mirada a través de la figuración de muñecos, femeninos o no, que juegan con una fisonomía que recuerdan a las venus del paleolítico, en un concepto extrañamente similar a los de las culturas antiguas, como las precolombinas, las hindúes. La investigación de Louise Bourgeois se caracteriza por la búsqueda de elementos que significativamente tienden a magnificar la idea del volumen, sin embargo, siempre hubo en ella la necesidad de crear un refugio personal, íntimo, a veces inquietante, por esa misma intimidad plagada de significados, memorias, preguntas. Espacios que le llevaban a hablar de un concepto de la naturaleza humana, enraizado en el mundo animal. De ahí surgen sus famosas arañas, Mamam, cuya gran dimensión es muy significativa en el espacio escultórico, por la sobre expresión que supone llevar un diminuto animal a tamaño gigantesco. Esta sobredimensión, el paso hacia una imagen externa, que puede competir en un espacio público, una plaza o museo, sin duda, fue uno de sus últimos aciertos, aunque la idea estaba contemplada desde sus inicios, incluso en sus formulaciones más abstractas.
Una de las cuestiones más importantes que plantea en su obra es la asunción de los diferentes caminos que el arte ha iniciado y desarrollado durante toda la historia del ser humano. Sabiendo aplicarlos sin ningún tipo de rubor ni prejuicio, con una valentía inusual en el mundo del arte, no asumiendo los roles dictados por la moda. De esta manera Louise Bourgeois puede valerse del mármol, de su acabado pulido, para la escultura, o de otros materiales considerados antiguos como el bronce, para su revolución del arte contemporáneo. Ella es capaz de reestructurarlos haciéndolos validos, críticos, bellos, dándoles nueva vida. La mixtura en sus instalaciones de contenedores semitransparentes, metálicos, telas, objetos, figuras, supuso una apertura grandiosa a la expresión conceptual y plástica del arte. No prescindió de su conocimiento a la hora de jugar con la geometría en las esculturas públicas, aludiendo también al recurso de la ruptura orgánica, estructural, del propio material, como el mármol.
Louise Bourgeois se mantiene, a causa de su gran influencia en la cultura plástica actual, como un gran icono universal para todo el arte, pero fundamentalmente como el gran estímulo, la gran fortaleza, capaz de abrir puertas y caminos nuevos a la creación. Referente seguido por miles de mujeres artistas que han surgido a su amparo, que han podido desarrollar un trabajo único, donde sólo figura la expresión libre de la mente, hacia un arte en el que no haya distingos entre arte masculino y arte femenino.

Eduardo Lastres
Artista visual
www.eduardolastres.com
 
 


 
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