críticas
// 04/04/2017
La casa del Propósito especial, pepe calvo,

 
 
 

BOOKCROSSING

LIBERANDO LIBROS: Patria de Fernando Aramburu y La casa del Propósito especial de John Boyle

PERSONAJES, MENTIRAS Y ESTEREOTIPOS

 

Los personajes literarios no son personas, a pesar de que algunos escritores insistan en considerarlos como tales. Por el contrario, un personaje es la ilusión de una persona. Es como una marioneta; está fabricado de tela, madera y cartón. Los hilos con los que se manipula siempre están a la vista. Si el artista es bueno, sin embargo, el espectador se olvida de todo lo demás: de los hilos, de la felpa y, sobre todo, del propio marionetista. Mientras dure la función, el títere estará vivo.
 
 
Los personajes de una obra de ficción son simplificaciones más o menos estandarizadas de personas de carne y hueso. Son la reducción mínima de una persona, la representación de características suficientes de modo que pueda reconstruirse de forma creíble. En el fondo, los personajes que se transforman en estereotipos son fruto de la pereza del escritor, una comodidad más. El detective fracasado y alcohólico de la novela negra, el científico loco de la literatura de terror, la femme fatale, el rebelde sin causa, el friki granujiento con problemas sociales… Todos ellos son plantillas de personajes, atajos más o menos burdos hacia la imaginación del receptor. Acostumbrado al truco, el lector rellenará de forma inconsciente los espacios que el escritor no haya podido o querido cubrir a lo largo de la narración.
Los estereotipos nadan siempre en la misma dirección. En cambio, las personas reales son complejas y muchas veces manifiestan emociones contradictorias.
Recojo en un banco anónimo PATRIA, DE FERNANDO ARAMBURU un auténtico “tochazo” de seiscientas páginas que casi se me cae de las manos. Si la literatura es una lucha contra el cliché, en Patria asistimos a una derrota al menos parcial de la misma porque la mayor parte de los nueve personajes son, en lo fundamental, estereotipos, reconocibles inmediatamente que apenas cambian a lo largo de la obra, salvo en su superficie. Están, por supuesto, las dos madres, perfectos modelos del matriarcado vasco; lo único que las diferencia son su posición política (a partir del acoso a que es sometido Txato por el entorno abertzale y del paso a la clandestinidad de Joxe Mari) y el hecho que, si bien Miren sigue siendo una beata, Bittori pierde la fe ante la connivencia de la iglesia vasca con la izquierda abertzale. Los dos padres están cortados por el mismo patrón: club cicloturista, partida de mus y son esos calzonazos con los que nadie cuenta en casa, aunque Txato es un emprendedor, y Joxian un hombre sin iniciativa que seguirá siendo obrero en una fundición hasta su retiro. Joxe Mari, por otra parte, responde al tópico del hombre de acción de ETA, con poco cerebro, mucha testosterona y nula capacidad de análisis sociopolítico, es decir, fácilmente manipulable por los políticos de la izquierda abertzale, primero, y por la dirección de la banda, después. Su proceso de desencanto con la lucha de ETA se resuelve rápido. Arantxa, la hija díscola podría haber resultado un personaje más profundo e interesante si no fuera porque, en beneficio de melodrama, acabe atada, vía ictus, a una silla de ruedas y forzada a comunicarse malamente por medio de frases breves que escribe en un iPad. De Gorka, el hijo escritor y homosexual que se “autoexilia” a Bilbao, baste decir, en relación a la cuestión de los clichés, que el modo en que se nos muestra su relación con Ramuntxo, su pareja, es a través de las sesiones de masaje que se dan mutuamente (a veces “con final feliz”, como el propio autor horriblemente se encarga de aclararnos).
En cuanto a los hijos de Txato y Bittori, Xabier y Nerea, lo significativo, en relación a su reacción tras el atentado contra su padre (es decir, a su desarrollo como personajes), es la inversión en paralelo de sus respectivos roles de género (tradicionales, por supuesto: Xabier se niega toda felicidad, y eso lo lleva a romper con su amante Aránzazu y a convertirse en un hombre sin deseo ni actividad sexual alguna, mientras que, por el contrario, Nerea empieza a llevar una vida sexual muy agitada el mismo día en que asesinan a su padre le pide a José Carlos, un chico con el que apenas tiene relación, que pase la noche con ella y hagan el amor: “¿De verdad que te apetece?”. “, sucumbe al amour fou con un estudiante alemán, y acaba en una relación “abierta” con su marido Quique. Bastante lio que uno no acaba de comprender en lo mas profundo. Y si volvemos a las madres son dos mujeres van camino de enfrentarse a un duelo de verduleras en Villasangría por culpa de que una es una etarra madre de etarra y la otra es viuda de víctima del terrorismo, víctima a su vez, porque estas cosas han ido siempre un poco de la mano. En el pasado fueron amigas. Tomaban chocolate con churros. Enfins así y todo reconozco que la novela se lee muy bien, y es entretenida y si tuviera que describir plásticamente su mecanismo narrativo diría que funciona como una galaxia: la novela se mueve y avanza en espiral, trenzando sus hilos elegantemente en un mundo de sombras. Obviamente, Patria al final, se va hacia lo políticamente correcto de la reconciliación y la necesidad del perdón para curar heridas. Se nota un intento de terminar con un final feliz y esperanzador después del dramón descrito, algo que se ve venir ya desde cierto punto de la novela. En cuanto a la prosa y la narración son bastante libres, pasándose de la tercera persona a la segunda o a la primera, como si fuera un cuento; de un tiempo verbal a otro (presente, pasado), que le da a la novela un aire atemporal. El lenguaje es muy coloquial, con la inclusión además de vocablos vascos (hay un glosario al final para comprensión del lector) y localismos (en los tiempos verbales). En cuanto al tono, destila un cierto humor, si bien las cosas narradas son bastante truculentas.
Acabo de dejar al lado de un árbol y enfrente de casa un libro publicado hace tiempo :La casa del propósito especial de John Boyne que habla de la muerte de los Romanov siempre vista como un terrorífico cuento de hadas. El asesinato de la familia real en un sótano ha inspirado ficciones tan truculentas como improbables, donde se especulaba con la supervivencia de alguna de las víctimas o se fabulaba sobre las últimas horas de una estirpe maldita. Los Romanov encarnan el fin de una época que discurrió entre la delicadeza y la brutalidad, el refinamiento y la degradación moral. La novela tiene como protagonista a Georgi Danilovich Yáchmenev, desde el día en el que debe abandonar su pueblo natal en Rusia, para formar parte de la guardia personal del hijo del zar Nicolás II, hasta sus días como anciano en los que acompaña a su mujer en sus últimos días en el hospital, siempre a la zaga de un gran secreto que nunca ha podido desvelar y que ha marcado su vida.
La obra, desarrollada a base de planos narrativos entrecruzados, avanza y retrocede según el narrador y protagonista masculino evoca sus años de infancia y juventud o se refiere a su realidad presente en Londres como funcionario y jubilado, abuelo feliz y marido atribulado por la situación terminal del único amor de su vida. El autor maneja bastante bien esta complicada técnica novelística. Los personajes no resultan muy verosímiles, por la súbita transformación de un campesino ignorante en compañero inseparable de los hijos del zar y luego en eficaz bibliotecario del Museo Británico, y por el modo en que una gran duquesa se convierte en ama de casa de pocos recursos económicos. Aunque el fondo histórico corresponde a una época de violencia sanguinaria, no hay descripciones minuciosas, se pasa de puntillas , y la conducta de los personajes es intachable en todos los sentidos. Cosa improbable. La casa del propósito especial emplea los mismos recursos narrativos que El niño del pijama de rayas: una prosa fluida -eficaz, pero despreocupada por el estilo-, una intriga policiaca, la revisión de un acontecimiento capital en el devenir de nuestra cultura, personajes con los que resulta fácil simpatizar -aunque escasamente creíbles-, una tendencia persistente al melodrama, un desenlace impactante. A semejanza de otros escritores de su generación, Boyne se dirige a un público amplio y reacio a las dificultades. ¿Por qué no ha terminado de llenarme esta novela? Varias son las razones además de el diseño de personajes. La historia de amor me ha resultado poco creíble. Ese “gran secreto” que intenta ocultar a lo largo de la obra, fácilmente se averigua cual es. En todo momento, y a pesar de los intentos del escritor por mostrar algo de tensión y suspense, sabes lo que va a suceder ¿Quién no conoce el trágico desenlace de la familia Romanov? Tampoco me convence -como escribía antes- el hecho de que un pobre campesino sin formación alguna , se convierta en el responsable directo del Zarevich. Cuesta mucho trabajo creerlo.
Boyne transita por el mismo camino que Dickens, eludiendo esos paisajes desolados que nos hacen pensar que Shakespeare no se equivocaba, cuando afirmaba que el mundo es un cuento contado por un idiota. Dos libros que hay que leer, como yo he hecho, para después volverlos a dejar en un banco o en el hueco de un árbol.

Lola Vega
Periodista, escritora.