Cristina de Middel
// 31/10/2016
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Cristina de Middel. La búsqueda de la realidad.

por Guillermina Perales

 
 

Walter Benjamín en su Breve historia de la fotografía, destaca una frase del fotógrafo Moholy-Nagy: “El analfabeto del mañana no será aquel que no sepa leer o escribir, sino aquel que no sepa nada de fotografía”. En sus escritos Benjamín reflexiona sobre ese cambio de paradigma de las primeras décadas del siglo XX, en la concepción de la obra de arte, desde la imagen única, con un aura de exclusividad, a la obra reproducida en masa.

Hoy la fotografía se ha convertido en uno de los medios de dominio masivo que mejor explica o refleja nuestro tiempo, como lenguaje en pleno desarrollo que se va redefiniendo constantemente, y en el que confluyen diferentes áreas de conocimiento y diferentes medios, tanto de producción como de difusión. Es la imagen del presente, es la inclusión de la vida contemporánea en la obra, pero también es heredera de una historia, de unos conceptos y formas de interpretar tanto la técnica, las modalidades de percepción, de comunicación, la lectura de la realidad, del arte…
Es el medio que más directamente evidencia este debate y constante proceso de autodefinición, de inclusión de diferentes maneras de interpretar, que no solo se da en la fotografía, también en las otras artes. Constante definición, cuestionamiento, desde el concepto del objeto o acción artísticos, hasta su concreción material, el proceso de creación, la idea de lo que es ser artista.

Cuando hablamos de fotografía, tampoco podemos obviar que en la era digital, Internet ha absorbido los mass media para condicionarlos hasta convertirlos casi en una plataforma pública participativa, a través del texto y de la imagen. Y en este proceso la fotografía se ha situado por encima de las convenciones académicas de las bellas artes tradicionales, pero también de su esencia técnica, como reproductora fiel de la realidad, cambiando así también la forma de pensar de los artistas o el modo en el que construyen su obra. O construimos nuestra propia imagen, personalidad, nos comunicamos.

Así es plenamente vigente la frase de “El analfabeto del mañana no será aquel que no sepa leer o escribir, sino aquel que no sepa nada de fotografía”.
Moholy-Nagy fue un investigador inmerso en la exploración de la complejidad espacio-tiempo en la fotografía, en correspondencia con los avances científicos de la época, en esa búsqueda de una imagen objetiva, fuera de los esquemas tradicionales, del ilusionismo de la fotografía más pictórica. Fue un visionario que ya intuyó con claridad que la fotografía iba a formar parte de la vida del ser humano. Se da cuenta de su potencialidad, como los artistas de la vanguardia rusa, que la aplicarán al cartel publicitario, al cine, como otros autores europeos, el valenciano Joseph Renau, la Bahaus. A través de los cuales se generó toda una serie de nuevos recursos en el lenguaje de la imagen, de la comunicación de masas, en la construcción de un nuevo hombre y una nueva mujer, que los tiempos demandaban.
Una afirmación totalmente premonitoria cuando aún no se había desarrollado el fotoperiodismo, ni había tenido lugar la eclosión de las revistas ilustradas, etc.
Hoy asistimos a un total dominio de la fotografía, se ve más a través de la imagen fotográfica que desde la real, interactuamos más… Y tenemos al alcance los instrumentos para construir nuestra propia imagen en los medios de comunicación, en las redes sociales, para ser lo que queramos…

Pero quién es Cristina de Middel. Cristina de Middel viene de la prensa escrita, trabaja durante años para el periódico Información de Alicante. Viene del fotoperiodismo, de un medio que ha sido el dominador de la comunicación, el más potente generador de opinión, hoy ya un poco en decadencia. Ella durante años vive en ese mundo frenético, en esa premura de captar y plasmar la imagen del día. Cristina no sale de la experimentación de Nagy, aunque evidentemente la conoce por su formación en Bellas Artes. Tampoco es una periodista al uso, tiene otra información mucho más densa que la hace ser más crítica con la relación que se establece entre imagen y texto en la construcción de la realidad que se trasmite a través de la prensa diariamente.

La fotografía ya desde sus orígenes, plantea el debate, el constante cuestionamiento de su legitimación como técnica artística. Este debate se intensifica con autores de indudable calidad técnica, que al tiempo que dominan los géneros tradicionales de la imagen impuestos por la retórica pictórica, también tienen la capacidad de captar la imagen novedosa, sin una composición previa, la imagen cotidiana de las nuevas ciudades en plena industrialización. Como Stieglitz, quien creará revistas como American Amateur Photografer, (1892), Photo Secesión, (1902), Camera Work, (1902). Autores que ya a principios del XX avanzan en las propiedades creativas de la fotografía, con un enfoque predominantemente visual, fotos de gran calidad, casi independientes de la realidad, que se trabajan mucho en el laboratorio, en el proceso de positivado y revelado, con el enriquecimiento del papel, con pigmentos, en el que se trabaja de manera individual cada pieza, como una pintura, como una obra única. No interesa tanto la reproducción fiel de la realidad, aunque eso es algo que está ahí inevitablemente, como la visión artística de esa realidad. Ante la postura de pintores y críticos como Ingres, Delacroix, Baudelaire, que negaban públicamente la validez artística de la fotografía, considerándola la imagen producida por una máquina no por la inspiración del artista.
Visto desde la actualidad este debate, nos percatamos que ya desde estos inicios ni la fotografía ni la pintura buscan la imitación de la realidad. No olvidemos que cuando la pintura empieza a despegarse también de este condicionante con los impresionistas, es un fotógrafo, Nadar, el que mejor entiende sus inquietudes y les proporciona un sitio para su primera exposición en París, en el boulevard des Capuchins. La famosa exposición de donde surgirá el propio nombre, impresión, como algo negativo. Es la visión del arte no de la realidad.

La revolución rusa. Rodchenko promoverá uno de los momentos en el que la fotografía se puso a trabajar a un nivel distinto, con voluntad de separarse de la imagen burguesa, pictórica, lo que se viene a conocer como la Nueva Objetividad, la Nueva Visión, una manera distinta de observar el hecho fotográfico y la realidad. Es el momento de la supremacía de la ciencia, de la máquina, y su función en la creación de mejores condiciones para la vida.
A través de la objetividad de la máquina, de la tecnología, se busca la captación de la imagen sin manipulación, una fotografía directa, autónoma como medio de expresión. En el que la percepción de la realidad no se vea alterada por ningún tipo de convención cultural o formal previa. Una imagen sin precedentes. La cámara reproduce una imagen puramente óptica, con una existencia óptica real. Sin asociaciones intelectualistas, sicológicas, sin retóricas que remitan a una ficción. Lo importante no es el modo de percepción: mecanismos sensoriales, mentales, espirituales; ni el ilusionismo del arte académico. Representa el reflejo fiel, objetivo, producido por el dispositivo óptico de la cámara, ningún impulso subjetivo falsifica la imagen del mundo. El aparato ofrece garantía de objetividad. La realidad se manifiesta en forma de construcción, no de ilustración. Y sobre todo es que hay una nueva realidad que reflejar, un nuevo orden.

Rodchencko: “Los diferentes ángulos desde los cuales se fotografía un objeto suponen un nuevo terreno de hostilidades cuyas cualidades formales modifican el contenido semántico”. Está hablando de la construcción de un nuevo lenguaje desde la objetividad de la visión.

Rodchenko, retrato de Lili Brik e ilustración del libro de poemas de Mayakovski, Pro Eto “Eso es lo que”. Once ilustraciones, la relación imagen texto. El diseño gráfico. La imagen fotográfica dentro de un contexto poético. La Rusia posrevolucionaria. Libro de poemas sobre el amor, la traición, y también de protesta política ante las últimas reformas y decisiones de Lenin. Imagen y texto, diseño gráfico, imagen y poesía, fotografía y pensamiento, denuncia, crítica social, política, expresión de sentimientos, de culpas, la relación humana, de la comunicación de una nueva sociedad, individuo.
Antecedente importante de los libros de fotografías.
De los que Cristina de Middel es hija. Siempre hay un antecedente.

La fotografía es ante todo una cámara reproductora de la realidad, a través de elementos físicos como la luz y el tiempo. Una caja con un agujero y un papel sensible. La condición fundamental de la fotografía es ser reflejo de la realidad.

Reflexión que recogerá Roland Barthes para definir la fotografía frente a la pintura.
Una comparación mía. La famosa fotografía en la que se capta el momento en el que en plena calle, en un estado de sublevación o de guerra, en Saigon, un hombre va a ajusticiar a otro, con un tiro en la cabeza. Este instante captado por la mirada del periodista, de la actualidad, no es lo mismo que el Fusilamiento del 2 de mayo de Goya. En la pintura se refleja un hecho histórico, pero sus personajes son anónimos, el dramatismo se produce a través de la pintura, de la factura del creador. Quizá la mancha de sangre, una especie de gesto o borrón en el suelo, es más sangre, más muerte, que la real, pero es pintura. En la fotografía no hay anonimato, al segundo siguiente del clic de la fotografía ese hombre caerá muerto. Es la foto de un instante de la realidad. Que aun hoy, después de muchos años, nos conmueve pero como realidad, no como un hecho artístico.
La fotografía es la congelación de un tiempo, de un lugar, de un espacio. Cuando uno hace una imagen fotográfica, al siguiente minuto lo que queda reflejado en la imagen es pasado. Si es un autorretrato, dentro de dos minutos sigues siendo tú, dentro de 20 años no. El tiempo es un factor.
Indudablemente estoy hablando de la obra de Cristina de Middel, pues en su obra se cuestiona toda esta evolución de la mirada hacia la imagen, y de cómo la imagen construye nuestra mirada, nuestra realidad.

Gorgia Okiff, la Monalisa. La introspección del retrato.

Pero Yves Klein, años sesenta, en la famosa foto en la que salta al vacío, nos plantea un discurso muy diferente. Yves Klein no es fotógrafo, solo utiliza la fotografía para documentar sus acciones, cuando aun las actitudes contemporáneas no se han convertido en formas. Algo que ocurrirá poco después con la consolidación de las performances, happenings, incluso el Arte Pop, la imagen de los medios como motivo de galería de arte… Pero sin embargo, hoy las fotografías de sus acciones artísticas son una parte de esa concepción artística. En sus acciones, donde hay un público bien situado, la imagen está provocada por una acción acompañada de un concierto de música de cámara, todo está medido al milímetro, que si no se fotografía no se hubiera llegado a captar todo el sentido de sus obras, Antropomorfias.
Y sigo hablando de Cristina de Middel, ella tampoco improvisa, ni en el momento del clik de la captación de imágenes que luego va a seleccionar. Siempre es un material intuitivo guiado por su conocimiento de la imagen y de la ambigüedad de la realidad que quiere poner en cuestionamiento. Hay una decisión, una selección de la realidad que se quiere contar, de la mirada al arte que se establece previamente.

Aparentemente en la foto del salto está representando un suicidio, se está suicidando, aunque muy alegremente, es más un vuelo, incluso con un ciclista, evidencia que está en una calle transitada, hay un transcurrir de vida. Lo que enriquece esta imagen, el acto. Pero en el montaje ha eliminado los colchones. En realidad plantea que si esa instantánea fuera real, él se mataría. Está jugando con el tiempo, con la imagen, con la verdad, con la falsedad, con la mentira, el hecho real tergiversado por la manipulación artística. Como fotógrafo te está engañando, como artista está buscando el engaño del arte. El arte siempre plantea el engaño, el cuestionamiento de todo. Plantea con la creación de la imagen que a la fotografía de la realidad se la puede engañar.

Debería haber titulado esta conferencia sobre Middel, el arte o la huida de la realidad.

Eso es el arte, siempre ha sido así, es la interpretación de la realidad.
“La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia. Es allí donde reside su auténtica realidad, no en su aspecto externo”, Aristóteles.

Yves Klein plantea que hay que cuestionar la verdad de la fotografía y en ese momento decide que hay que hacerlo conceptualmente. Esa es la base de su trabajo. En propuesta monocroma pinta de azul a las Venus, le da una textura casi de polvo, de fieltro, a esa imagen colectiva del mármol clásico. Te quiere atrapar con la modificación de la realidad de ese icono. Que es lo que está haciendo Banksy en estos momentos. Ha cogido el David de Miguel Ángel y le ha puesto una especie de armadura de héroe de videojuego o terrorista suicida. Ha cogido una imagen iconográfica y le ha dado otro contexto, otra vestimenta. Como en su graffiti en el que una criada de uniforme, prototipo de alto standing, levanta la piel que recubre la fachada o pared de un edificio, todavía más ficción, para esconder la basura de la calle, crítica social. En la línea surrealista de Dalí que levanta el mar como una sábana. Pero con otra crítica, planteada por el estereotipo de la imagen, su contexto en la calle. Estamos en esa idea de Rauschenberg pintando encima de una obra de de De Kooning, una acción de borrado, “esto se ha acabado, ahora viene otro tipo de arte, aunque parte de lo hecho”. Pero esto es otra reflexión que requiere de un espacio más dilatado.

Pero qué es Cristina de Middel. Cristina de Middel es fundamentalmente una artista y como tal se cuestiona todo, a pesar de que ella afirma que no es artista, pero creo que esto es una pos artística, es decir, está ironizando, utilizando uno de sus recursos fundamentales o más evidentes, la ironía, con el que está planteando un debate sobre lo que es el arte, y lo que es ser artista. En su mirada a la noticia ya plantea esa ironía.

¿Afronautas Zambia, (1964), es el espíritu de un pueblo, que sueña cuando obtiene la libertad y quiere más, quiere llegar a la luna, o es la realidad de un pueblo que quiere mejorar, aunque sabe que no tiene las condiciones para ello? o ¿es la mirada del otro hacia un hecho que no entiende porque se cree culturalmente superior? Cristina analiza esa historia. Siempre parte de hechos reales o de historias inventadas pero que construyen un contexto real. Siempre parte de historias que se difunden en los medios de comunicación, propias de estos medios, de la actualidad, noticias o hechos de interés público, que generan el debate de la opinión pública, de la construcción colectiva, en el medio del juicio y la valoración del público mayoritario. Incluso su último trabajo, Party, presentado sobre el libro rojo de Mao, es la mirada sobre un icono de la cultura de masas, de los medios, es una postura periodística, un análisis periodístico que al mismo tiempo es sociológico y artístico. Viaja a China y no encuentra otro pie para sus imágenes que el libro de Mao. Relaciona la realidad que ve, que fotografía, con el texto que ha hecho a ese país ser lo que es hoy. Siempre el contraste entre el texto y la imagen. El texto está tachado, para dejar solamente determinadas palabras, frases que se identifican con la imagen. Va creando un texto a partir de otro texto.
El libro de Mao es un texto poético, filosófico, que tiene que ver con el alma de lo que ahora es China. El texto no puede evitar la evolución real, de ahí el contraste, pero es su referente, es su alma.
Voy a hacer el paralelismo, salvando las distancias, con Walt Whitman (1819-1892), poeta, periodista, entre otros muchos oficios, y Hojas de hierba (1891-92), en este libro de poemas el autor está expresando el espíritu del pueblo americano, que luego éste asume, es el mismo pueblo el que reivindica este pensamiento. El poeta escribe, transmite, la expresión de un pueblo, que no sabe lo que es hasta que no lee al poeta. Lorca entiende al pueblo americano a través de Whitman y crea una de sus grandes obras, Poeta en Nueva York. Es el Party de Middel. Lorca cuando llega a esta ciudad monstruosa no entiende para nada su cultura, solo a través del poeta. La relación es la misma. El artista va a los orígenes, a la creación del pensamiento desde el pensamiento.
El artista busca plantear el debate intelectual, conceptual de lo que significan los elementos con los que construimos nuestras vidas. El arte siempre lo ha planteado hasta en sus épocas más descriptivas. Cuando se libera de lo superfluo, de lo convencional, o de lo académico, lo que queda es el pensamiento, la preocupación de saber quienes somos.

La elección del libro de Mao, del título, Party, es brillante. Es una mirada a nuestro tiempo. Una reflexión sobre la libertad de expresión, la construcción de la imagen, a través de los medios. La lectura de la imagen a través del arte. Las imágenes se siguen creando desde determinados centros de poder, las redes inciden en ellas, las expanden hasta los límites. Conceptos como el de autoría se desdibujan. China es un país emergente, sus periodistas y pensadores están encerrados en las cárceles o exiliados.

Pero quién es Cristina de Middel. Cristina de Middel es una periodista que ha pasado por Bellas Artes, que ha adquirido unos conocimientos sobre la historia del arte. O una artista con una experiencia dilatada, activa, en el fotoperiodismo.
Pero sin duda el trabajo que más la ha condicionado, evidentemente, es el de la profesión de reportera gráfica. Los periodistas son personas supeditadas a unos horarios de locura, a la oportunidad del día, siempre en pro de una noticia que prácticamente le viene impuesta por la actualidad, en esa recepción mayoritaria. Un ejercicio que en teoría también plantea la multiplicidad ofrecida por la captación de los diferentes aspectos y tratamientos de una imagen, de un hecho. Aunque la realidad de un periódico impone unos criterios. Esto ha hecho que su mirada sea fundamentalmente informativa. Evidentemente su información, su formación como artista, le da la posibilidad para que con medios pueda investigar los diferentes registros de la imagen, otras concepciones y desarrollos.
Ella sabe muy bien que el periodismo tergiversa la noticia, no es realmente un reflejo de la realidad, siempre hay una ideología, un interés, detrás. La imagen que pone ABC aun siendo la misma que la del País es diferente, el texto es diferente. Solo tenéis que contrastar las portadas con la derrota de la Selección de fútbol, la Roja, el símbolo de un país en crisis.
En esa fuente de contradicción constante es donde ha vivido Cristina de Middel, en un medio que siempre va a aplicar su manera de ver el mundo. El artista hace lo mismo, evidenciar una de las partes, o sus diferentes partes, una óptica diferente para interpretar la imagen, delimitar otro espacio de visión.
Ante la humillación, El País, o la esperanza, ABC, la palabra juego, pe., impondría otra mirada a este hecho determinado. Una palabra como juego te libera de todo ese discurso político. Cristina domina todos esos registros y sabe aplicar el contraste entre el texto y la imagen. En ese mundo se encuentra como pez en el agua, puede jugar con nosotros que es lo que hace el arte, un juego de realidades, de distintas realidades.

En su obra, Cristina evidencia esta mirada a la realidad que construimos. La imagen puede dar un sesgo diferente a la noticia, y a la inversa, el texto dar una interpretación a la imagen. A partir de ahí Cristina plantea su trabajo. Su imagen o más bien el relato construido en una sucesión de imágenes, una serie, corre paralela a un texto, poético, irónico, con referencias a diferentes tradiciones literarias, también evocando los diferentes niveles de realidad que sugiere la literatura.
Cristina de Middel está muy capacitada para ponerle pie a sus propias fotos, crear el contraste entre diferentes interpretaciones e imágenes, con la construcción del contexto, con la creación de una ficción. Ese es su valor.
Por lo que el paso al foto libro es lógico. También como un canal de distribución, de comunicación muy diferente al periodístico. Entre la galería de arte, la revista ilustrada… pero con una mayor independencia para expresar sus ideas sin agentes intermedios, y la posibilidad de crear una obra autónoma, una obra artística.

Como en Vida y Milagro de Paula P

Texto de Vida y Milagros de Paula P.
-La verdadera historia de una falsa prostituta.
-EL PARAISO
En el principio fue la infancia.
Y su tierra estaba ordenada y repleta de sueños por cumplir.
Y Paula dijo “sea mi vida”. Y su vida fue.
-Pero la pequeña vida que tenía y los sueños con los que contaba
Pronto sufrirían un daño irreparable de la mano de un padrastro.
Y Paula se vio forzada a morder la manzana
Cuando aun estaba verde y agria.
-EL PARAISO
Y conoció al buen ladrón y con él comenzó a provocar
Su propia multiplicación de los panes y los peces.
Y un día, mientras multiplicaban en una sucursal bancaria,
Comprendió que las armas las carga el diablo y con las manos manchadas de sangre tuvo que huir del encierro
Que anunciaban las sirenas.
Y en esa fuga cruzó fronteras y mares hasta llegar a otra tierra
Prometida.
-Y Paula se convirtió en Paula P. y todo se volvió secreto.

Las referencias a la literatura, a la novela negra, al cine, al guión de cine, se hacen claras en Poly Spam. Aquí el proceso es a la inversa, se carga todos los principios del reportaje y construye la imagen sobre un texto previo, seleccionado por el manejo que hace de los clichés, de los estereotipos, de las esperanzas, del engaño.

En la evolución de su trabajo, en la serie de Poly Spam, tiene muchas connotaciones con su trabajo anterior, pero hay varias cuestiones que la diferencia de otras series. En Poly Spam crea la imagen a partir de un texto falso, literario, a lo Gregory Crewson.
Su registro ya no es documental, como podría ser el de Vida y Milagros de Paula P, hay una evolución, son escenografías, con una mayor construcción en las texturas, la iluminación, el color, los objetos… cuida los detalles, la composición. Tiene que buscar el espacio, el atrezo, como un cineasta, son fotos que por si solas cuentan una historia, que previamente ha tenido que asumir y que forma parte de la imagen, o del trabajo artístico. Como también lo hace en Afronautas, aunque aquí parte de una historia real o más mediática.
Su método es buscar el texto a la imagen, ahora construir una imagen al texto. Y ahí funciona su inteligencia.
Los fotógrafos, como los cineastas, los novelistas, que están inmersos en las noticias humanas, saben clasificar las imágenes de estas noticias, conocen sus características, su tipología. Como la visión del humorista, que conoce los clichés humanos para caricaturizar, rasgos entre el conocimiento del medio y la intuición. Pero también como el novelista o el cineasta.

El conocimiento del arte en esta autora es evidente, lee e interpreta a los autores que le preceden y a sus contemporáneos. No hay nada inconsciente en ella.

Otros artistas fotógrafos, que también se basan en la esencia documental de la imagen fotográfica, como Nan Goldin, García Alix se basan en el registro de una fotografía social, pero muy circunscritos a un círculo de amigos, a una realidad íntima, cercana, al retrato de una generación, de sus esperanzas y contradicciones.

Cindy Sherman en su relectura de la Fornarina de Rafael plantea ese cuestionamiento de la realidad, de los estereotipos y clichés, tanto del arte, como de la ficción contemporánea, sobre ella misma, en ese diálogo sobre la construcción de la identidad, con su propia transformación y la recreación de escenas y la iconografía del cine y del arte. Pero está utilizándose a sí misma. Construye una realidad a partir del cuestionamiento de la identidad, de la máscara. Algo que recogerá Joan Fontcuberta también. Su imagen, la historia de la imagen de la mujer en el cine, en el arte, la crítica de sus estereotipos, utilizándose a ella misma como expresión de la mujer contemporánea.
Cindy Sherman es una de las primeras en recrear la historia con la fotografía, en jugar con su identidad, aunque se sitúa en una escena, en un lugar estereotipado, el tiempo y el espacio quedan difuminados en virtud de contar una historia.
Cindy nos remite al cine sobre la ciudad de Nueva York, en esa idea del que llega a la gran manzana a triunfar. Nos remite a la creación de la imagen en los medios de comunicación.
Una reflexión en la que las coordenadas concretas de espacio y tiempo se pierden. No es una foto testimonial.

En la serie de Benidorm, Cristina de Middel hace un reportaje a lo Martin Parr, uno de sus mentores, trabaja para documentar una realidad, con el mismo sistema que emplea cuando trabaja para el periódico, pero en su mente ya no está pensando para el periódico sino en una serie que cuenta una historia, seguramente qué es Benidorm. Reportaje fotográfico, aparentemente, pero da una visión que va más allá, en el sentido de que no busca la imagen única que sentencie una visión sino que crea una mirada crítica, distanciada, y es la serie de imágenes la que crea la obra. Son imágenes con una mirada más amplia, más crítica. Son fotos muy elaboradas conceptualmente, de hecho ya busca con el ojo una escena determinada, diferente. Cristina busca reflejar de una manera diferente la realidad, busca la realidad del arte.

Evidentemente tenemos que hablar de la tradición que recoge de Martin Parr, uno de los más potentes impulsores del libro de fotografías, ferias, editoriales, público, que recoge esta tradición y la renueva, desde sus primeros trabajos, asumiendo a los fotógrafos ingleses que le precedieron y ahora impulsando la obra de jóvenes artistas como Cristina.
Los inconformistas, Martin Parr. Tony Ray Jones, (1967).

En una entrevista para El País, en 2008, con motivo de su Premio PHotoEspaña Baume & Mercier 2008 dice:
“No trato de sermonear. Uso la dramatización que hay en la propaganda que nos rodea. Estamos rodeados de cosas que nos mienten. Si compras comida en un supermercado, la foto del envase no tiene nada que ver con lo que hay dentro. Es una mentira básica a la que estamos acostumbrados. En los folletos de viajes todo parece bonito, pero la realidad es muy diferente. La mayor parte de las fotografías que nos rodean son una forma de mentira. Y creo que es importante que los fotógrafos luchemos contra eso y sirvamos como de antídoto. Yo entiendo las reglas del juego de la propaganda y las subvierto, las rompo a propósito. Los prejuicios, los clichés, los uso como punto de partida. La mayoría de la gente no se da cuenta de que está rodeada de propaganda.”

Lo artístico es la creación de un contexto diferente.

La fotografía esencialmente es la documentación del lugar, del tiempo, y del espacio. El lugar geográfico, dónde estás, el espacio exterior, interior, la hora del día, la época histórica, la circunstancia, la relación… El tiempo, es la captación del presente, de un instante, del transcurrir, es el paso del tiempo por ella. Si eliminamos el tiempo se congela la imagen, nos quedamos con el lugar y el espacio. Solo la imagen por si misma sin referencias externas más que a sí misma, puede ser el salto de Klein.
También la pintura ha jugado con estos elementos. Monet pinta la catedral de Rouen, cuando ya existía la fotografía, intenta jugar con el tiempo, pinta la catedral a diferentes horas del día, en diferentes estaciones del año, lo que implica un espacio de luz diferente, el lugar no se modifica, es la misma catedral, incluso el mismo enfoque.
En sus fotografías de las fábricas alemanas, los Becher han eliminado el tiempo y el espacio, son imágenes neutras, siempre desde el mismo ángulo, desde la misma distancia, en una composición serial, en las que no se sabe la hora del día, la luz es neutra, plana, han eliminado la referencia al espacio y al tiempo, solo queda el símbolo del lugar.
Cuando Yves Klein se lanza al vacío, el espacio queda desdibujado, el lugar se identifica con una casa y calle determinada, pero hay un engaño en el tiempo, no muere. Es una ruptura. Esa ruptura es a lo que tiende la fotografía, a liberarse de los condicionantes que la sujetan a la realidad. No pretende reflejar una época, no es documento social.

En las fotos de Benidorm, tenemos el lugar, el espacio, el tiempo, sabemos las fechas. Cristina parte de lo testimonial, juega con el espacio, con el tiempo, con el lugar. Lo que identifica estas imágenes como artísticas es cuando la saca del contexto informativo convencional, pierde el factor tiempo, forma parte de una historia, de un libro.

Fontcuberta falsea el tiempo, el lugar y el espacio aunque utiliza el registro del documento que se basa fundamentalmente en estos tres componentes. Pero los convierte en máscaras.
La fotografía cuando es documento remite esencialmente a un lugar, a una fecha… hay una completa identificación de estas tres coordenadas, es decir, son su principal justificación, aunque evidentemente también jueguen con elementos de composición, formales, incluso sean bellas.
Pero la voladura de los grandes budas, en Paquistán, o la niña quemada por las bombas de NAPALM, es documento esencialmente. Todavía se identifica a la protagonista. Y el documento es veraz. El artista rompe con esa veracidad.
El arte en la fotografía no puede escaparse del todo del hecho, pero sí mediante estrategias, que son las del arte, las de la ficción, las que sirven para contar historias, la poesía, la literatura, la invención de una imagen con la que identificamos nuestros deseos, miedos, sueños, la invención, la metáfora.
Hoy los mecanismos de la invención, del diseño, de la imagen, de una información prácticamente están expuestos diariamente en los medios, los vemos evolucionar, participamos en su construcción y en su difusión. Pero su lectura inteligente es a través del conocimiento que ofrece el arte. La crítica.

Joan Fontcuberta inventa animales, plantas, para reconstruir la historia “real” de un naturalista neodarwinista, que buscaba excepciones a la teoría de la evolución, o da imagen a la historia totalmente censurada por el estado soviético para camuflar el fracaso que supuso la pérdida del coronel Ivan Istochnikov, en su carrera al espacio. Todo el despliegue que propone está basado en el formato del documento, apuntes de trabajo de campo, fotos con la estética del momento, planos, noticias de prensa… Se puede falsear el valor de documento. Como la leyenda de que Kubric rodó la llegada del primer hombre a la luna, para dar credibilidad a este hecho que sin imágenes no hubiera tenido existencia.
Hoy el debate viene estimulado por la imagen en las redes sociales, qué es la realidad de una imagen. Cómo construimos nuestra imagen, ¿es real?

Cristina recoge toda esta herencia y conocimiento, y nos habla de la imagen del arte, poniendo de relieve un elemento esencial del lenguaje artístico, la ficción. El arte siempre se ha basado en la ficción, para aportar cosas que la convención de la realidad no aporta, desde la cierva de la cueva de Altamira, el retrato de Carlos V y evidentemente la fotografía contemporánea. La captación y representación de la imagen depende del concepto que se tenga o que se quiera transmitir de esa imagen. La realidad es una convención.
Stereo Puctum, Andy Warhol

Estamos ante una artista con la capacidad de análisis, de relación suficiente para abordar el formato, la técnica sobre la imagen que más le interese en cualquier proyecto que se plantee. No me extrañaría nada que también hiciera cine, animación…
Solo es una cuestión de medios y de situarse ante una sociedad que comprenda y asuma los productos del arte.

Guillermina Perales
Crítica. Comisaria de arte.
 
 


 
 
cristina de middel, pepe calvo,

Fotomontaje: Hünter