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// 09/11/2020

En el ámbito de la fotografía destaca la circunstancia que une a un grupo de fotógrafos excelentes que tienen su propia idiosincrasia, su personalidad concreta, su modo de trabajar utilizando un lenguaje único con su inherente elegancia y talento, con su forma de mirar a través del color o el blanco y negro lo que le ofrece el encuadre y sus formas distintas de componer, que, a pesar de consagrarse a los mismos temas: fotografía de modas, retrato, desnudo,  paisaje y publicidad, tienen sorprendentemente una forma distinta de abordar estos conceptos, lo que les hace artistas únicos y se les reconoce individualmente por sus características personales y naturales. Y, a pesar de estas semejanzas resultan inconfundibles. Pienso en Richard Avedon, Horst P. Horst, Cecil Beaton, Jaques Henri Lartigue, Norman Parkinson, Helmut Newton, Guy Bourdin, Bruce Weber, Steven Meisel y Steven Klein, entre otros que son los que forman la nómina más importante de este tipo de registros fotográficos.

El fotógrafo que presentamos hoy en Hünter Art Magazine es Jean Loup Sieff (París, 1933 -2000), uno de los grandes de todos los tiempos. Empezó fotografiando muy joven, de forma amateur que es otra de las características habituales. Su amistad con Richard Avedon le lleva a hacer de modelo junto a una de las mas grandes Top models, Jean Shimptron, antes de que se acuñara el término. Esta unión les procuró un gran trabajo, a mitad de los años sesenta, realizado en Grecia.

Antes, en 1954 había debutado para varios periódicos como reportero gráfico, así llegó a las puertas de la revista Elle, donde continuó realizando reportajes para luego acceder a fotografiar las colecciones de moda, después de pasar por la Agencia Magnum y Jardin des Modes. En 1959 recibe el premio Niépce, el mas importante de cuantos se entragaban en Francia, destinado a premiar la mas elevada excelencia fotográfica.

A raíz de este premio, consiguió trabajar en 1961 para Harpers Bazaar que era, junto a Vogue, una de las biblias de la Moda, las editoras donde todo fotógrafo aspiraba a acceder. Para ello tuvo que establecerse en Nueva York, donde trabajó, además para otras grandes revistas de la época como Tween, Look y Esquire. Cuando regresó a Paris, a finales de los sesenta, las revistas mas destacadas le abrieron sus puertas.

Sus imágenes representan un cuidado estudio de la iluminación, expresando determinadas emociones captadas en los momentos de inspiración durante las sesiones fotografías o bien durante las reflexiones personales.

Gran amante del cine, una de sus series más importantes fue la realizada con Alfred HItchcok persiguiendo a la modelo Ina Balke, haciendo guiños a la película “Psicosis”. Cuando Sieff le propuso la idea, el maestro del suspense estuvo encantado: Excelente –dijo-, me encanta estrangular jovencitas a primera hora de la mañana, me pone de buen humor para todo el día, puede usted contar conmigo. Fue este un periodo que satisfizo mucho a nuestro fotógrafo pues disfrutaba trabajando con un amplio sentido del humor, donde se fotografiaba algo más que vestidos anodinos, según su propia confesión.

Concebía la fotografía como géneros abiertos, los que mezclaba bajo su mirada entre la vanguardía y el clasicísmo, consiguiendo traspasar los limites de la ortodoxia. Siempre pensó que el desnudo era una forma de paisaje.

Cultivó infinidad de disciplinas, utilizando el gran angular como elemento de transgresión, así sus fotos no resultan en modo alguno fuera de contexto pues sus composiciones aparecen dotadas de exquisita elegancia.

Muchas de sus fotografías se han convertido en iconos donde se destaca una sesión que realizó para Ives Saint Laurent en la que fotografió al celebre modisto desnudo, lo que era impensable para 1971.

Poseedor de importantes premios, en 1990 le es otorgado el título de Caballero de la Legión de Honor; un año después fue el encargado de fotografiar París para Médicos sin Fronteras, recibiendo el gran premio nacional de fotografía que entrega anualmente el gobierno francés.

Su hija Sonia Sieff recogió el testigo de su padre en la fotografía, cuando este murió de cáncer en el año 2000, a la edad de 67 años.

Consiguió una genuina visión de la publicidad y de la moda como testimonio de su época, dominada por el espacio y la figura, mostrando la influencia del surrealismo y de la nueva objetividad.

Modelo en interior y exterior. La sofisticación de sus imágenes, inevitables en estos campos resultan realistas y naturales.

Pepe Calvo
Editor

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