Christina Poveda
// 08/08/2020

SOMOS INMENSIDAD COTIDIANA

«Suprimir lo que carece de interés. No conservar sino lo esencial”

Kumi Sugai

El destino de cada uno de nosotros está en nuestra mano y nos predispone a la acción, a
no vivir de sueños, de esperanzas, a dejar de lado nuestra miseria y realizar nuestro
proyecto: el héroe no nace héroe, se hace héroe;
Somos responsables de nosotros mismos porque lo que somos depende de lo que
hemos querido ser, no de un destino divino, ni de una circunstancia social, ni de una
predisposición biológica o natural; pero somos también responsables de los demás
porque al elegir unos valores, elegimos una imagen del hombre tal y como debe ser;
“nuestra acción compromete a la humanidad entera”.

La libertad humana individual trae consigo los sentimientos de angustia, desamparo y
desesperación ante el hecho de que es uno el responsable de sí mismo, de que esa
condición se soporta en soledad, sin una tabla de valores en la que apoyarse, ni ningún
signo que nos indique la conducta a seguir y, también, porque no es posible un control
completo de la realidad en la realización del proyecto, porque siempre hay que contar
con factores imprevistos, con la posibilidad de que se truequen nuestras buenas
intenciones en malos efectos.

La vivencia adquirida pasa a ser el eje al que el individuo se aferra para mostrarse al
exterior, al resto. La carga personal de moral y ética se van sumando en el transcurso de
la vida y condicionan lo visto y lo dicho y, por tanto, lo que dicen y ven de uno mismo los
demás.

El concepto de realidad transformadora adquiere un nuevo significado y cambia la forma
en que veo el mundo después de un año viviendo y trabajando en Doha (Qatar), una
ciudad donde los contrastes culturales y morales son obvios. La lucha por permanecer
libre en un país donde no se te permite serlo dio cabida a esa desesperación bañada de
soledad por no poder tomar tus propias decisiones. Todo esto me condujo a replantear la
definición de realidad que traía como individuo libre, transformándola y tamizándola bajo
un proceso catártico por el que pasaron mis propios valores personales.

IGNACIO CHILLÓN


EL CONTROL DEL GESTO

Ignacio Chillón incita a una reflexión sobre los diferentes registros del dibujo como boceto,
ilustración, ensayo y obra de experimentación, obra definitiva, diseño… Diferentes concepciones
que la obra de arte asume en la actualidad, a partir del cuestionamiento de la tradición de esta
técnica artística y por lo tanto de la pintura. Chillón, en esta exposición, construye el espacio de
la pintura a partir del papel en blanco, material que le facilita una factura que, no siendo
totalmente de acción, es de gesto, utilizando un recurso o dibujo con un movimiento que se
repite en sus obras. El blanco sin matizar ayuda al elemento compositivo, actúa creando un
fuerte contraste entre su superficie y el gesto que introduce. En la plástica del XX, la pintura
plana adquiere nuevos valores en la mirada de pintores que incorporan el lenguaje de la
publicidad, del cómic, de la ilustración, de los medios de comunicación… En cuanto a la
ejecución, el papel acorta los tiempos de secado y manipulación de la pintura, lo que requiere de
la inmediatez y la no rectificación, dando lugar a una frescura y limpieza que difícilmente se
puede conseguir en otro medio. Al papel tradicionalmente se le ha identificado con el boceto, un
paso intermedio, que no importaba como obra sino como instrumento para pensar. Solo cuando
el dibujo era muy bueno, el artista lo conservaba, pero siempre tenía la connotación de creación
menor, ante el lienzo o la escultura. El dibujo se constituye para el ensayo de nuevas ideas,
fragmentos inacabados, sin composición académica. Pero estos errores o aciertos, o ensayos,
son seleccionados por el artista para construir su lenguaje plástico. Chillón, en su diálogo con el
espacio, hace su lectura a partir de unos elementos que conforman una apariencia de volumen
en contraste con lo plano. Algunas líneas más o menos abstractas tratan de romper la dinámica
plástica del arrastre del pincel. Su obra gira sobre los mismos principios, el contrapunto entre el
plano, el contraste y el gesto.

Cada artista trabaja a partir de la información que posee, que le ha marcado, buscando la
concreción de su visión del espacio. Y en Chillón encontramos la referencia a Philip Guston
(Montreal, 1913- Montreal, 1980), uno de los primeros autores que, en los años 60, asimila
algunos conceptos del cómic, para la creación de una figuración que estaba buscando desde
hacía años, pasando por la abstracción expresiva. Así magnifica los elementos de esta figuración
a través de un gesto construido que se basa en una escritura automática, que pintores realizados
en el primer surrealismo como Arshile Gorky (Armenia, 1905- Connecticut, 1948) habían
desarrollado. Con gran conocimiento del arte, Guston puede jugar tanto con el cómic como con
Picasso, de

Kooning o Gorky, pero crea una imagen propia, un lenguaje propio, con un gesto
que identificamos producto de esta expresión personal de su conocimiento del espacio pictórico.
Chillón, como muchos otros autores de su generación, está inmerso en esta investigación,
impactado por la esencial imagen de sus maestros.

GUILLERMINA PERALES


Hay en el trabajo de Ignacio Chillón (Murcia, 1974) algo de esquivo, de juego de aparición y
desaparición que hace que su obra se nos presente en ocasiones a borbotones y casi de forma
avasalladora para luego sumirse en un letargo, en un silencio en el que el artista permanece en
la sombra esperando el momento ideal para volver a cogernos desprevenidos y desbordarnos.
Esa es su regla del juego y queda a la discreción del espectador el tomarlo o dejarlo, el aceptar
sus normas dejándose llevar por ese torrente creativo caprichoso y voluble.

El planteamiento de la exposición que nos presenta Ignacio Chillón en esta ocasión sigue
fielmente este alevoso modus operandi. En palabras del propio artista afirma; “Elimino títulos,
elimino marcos, quiero marear al espectador”. Ignacio no sólo nos muestra y desvela su trabajo
cuando le place sino que además renuncia de forma taxativa a aportar clave, texto o título
alguno sobre las obras y menos aún soluciones sobre el enigma que nos plantea,
escatimándonos toda referencia que nos sirva de asidero y nos ayude a situarnos ante lo que
contemplamos.

Cada nuevo proyecto de Ignacio Chillón responde a un momento catártico en su vida y como tal
nos es planteado y presentado; A mansalva, a bocajarro. Su método de trabajo es extremo como
lo es la experiencia creadora que lo desencadena. Pinta compulsivamente rozando en ocasiones
la pintura automática, depura inmisericordemente y destruye sin compasión aquello que
no le convence transformando el acto de pintar en un proceso de selección natural en
el que él se erige en ente a la vez creador y destructor. Hasta llegar a lo que él llama el
“momento final” a partir del cual la pintura fluye, el pincel se desliza ahora más
plácidamente aunque sin abandonar la premura ni la tensión y las obra se desencadena,
comienza a aparecer ante nuestros ojos como aguas plácidas que transcurrentras un
trayecto previo plagado de turbulencias y remolinos. Y eso es lo que Ignacio busca a

toda costa en su trabajo, el llegar a ese momento de ataraxia en el que nada ya puede
pararle y las pinturas cobran forma casi de manera natural.

Nuestra vista se desplaza entre un marasmo de grafito y acrílico. A caballo entre la
abstracción y la figuración innumerables formas nos instan (y obligan) a poner en
marcha todos los mecanismos de organización perceptual con los que defendernos del
bombardeo realizando a duras penas el proceso cerebral adquisición de datosextracción
de características-reconocimiento de patrones-toma de decisiones que nos
arroje luz sobre las obras en una experiencia casi sinestésica.

CHRISTINA POVEDA
galería ARANAPOVEDA