Portfolios
// 05/03/2020
Sandra Paula, Hünter Art Magazine, feminismo,

De todxs o no lo será ¡¡¡

Este país tan extraño en el que vivimos, el pasado 8 de marzo vivió uno de los días más bellos de su historia. Por primera vez, y casi de una forma espontánea, millones de mujeres de todos los estamentos pararon en sus trabajos y tomaron las calles con un grito unánime de igualdad que hizo tambalear de una manera, y esperemos que definitiva, los cimientos en los que se asienta el sistema. Y es que nuestro mundo no debería ser el mismo desde ese día. Tres meses más tarde hubo un cambio de gobierno que sin pudor decidió llamarse gobierno feminista, confundiendo el número de mujeres representadas en las carteras de poder con el de las verdaderas reclamaciones de esta lucha.

Ese 8 de marzo nuestro país demostró al mundo que la única revolución real a la que se debe sumar toda la humanidad es la que viene de la mano de la mujer, la que partiendo de la reflexión sobre milenios de desigualdad e injusticia asumida en sus propias vidas, está ahora perfectamente capacitada para tomar el testigo en la confección de unos valores más amplios y justos para el desarrollo de la civilización; una civilización, por cierto, creada a través de unos principios de desigualdad y subjetividad donde prevalece siempre el interés de lo masculino, de un hombre que por el simple hecho de nacer con un género asociado ya recibe una prebenda de superioridad en todos y cada uno de los ámbitos en los que se va a desarrollar su vida. Ese 8 de marzo en las calles se volvió a gritar de nuevo «No Pasarán» y con ello se retomaba el ansia de lucha por un mundo más justo para todas las personas de todos los lugares. Y si, ese día nuestra extraña y contradictoria España volvió a ser la absoluta vanguardia de un mundo que ya sabemos que solo podrá subsistir a su absoluto y vergonzoso fracaso si toma la senda que marcaron esas voces sin fin. Ante el adormecimiento general que impone un ser humano ensimismado y atolondrado en sus hueros y banales privilegios, se impone un camino nuevo en el que la humanidad se debe desprender de su viejo atuendo putrefacto y toda ella reconozca que hay una salida pero que son ellas quien tienen que indicar la ruta a seguir. Un 8 de marzo de 2018 que encendió las luces de la esperanza para todas aquellas personas del mundo que ansiamos un verdadero avance por una nueva senda en la que podamos cuestionar y superar tanto mal heredado sin dejar de mirar lo aún por conseguir. Un 8 de marzo inmenso y sin fin.

«Todxs a una. La revolución se hace a golpe de aguja», como una fotografía, es la huella de un momento y un lugar concreto. Es una obra que es fruto de aquel día; nació allí y sigue portando viva la llama que allí se prendió. Es una obra de tela pero no es una bandera, pues las mujeres, como decía Virginia Wolf no hemos inventado la guerra. Tiene textos pero no configuran ningún libro ni panfleto alguno. Las mujeres no han escrito las biblias. Tiene muchos colores pero no son una trampa. En la naturaleza la seducción y el colorido está casi siempre en lo masculino. Está realizada con millones de puntadas pero no quieren fijar nada pues aspira a ser parte del viento de esas voces que un día estallaron y que ya jamás nada ni nadie las debería apagar.

Esta obra es la traducción particular que Sandra Paula Fernández ha hecho como testimonio de un sentimiento inmenso, un sentimiento necesario que personalmente comparto con ella. Es una obra absoluta que no deja a nadie fuera. La ironía, la agudeza y la rabia se conjugan con los sueños y el ansia de una verdadera y nueva justicia que pasa por el primer capítulo ¡¡solo primer capítulo¡¡ de la igualdad entre los seres humanos. Una consigna sencilla, directa y necesaria: igualdad, igualdad de todas las personas que han llegado a la vida con independencia de cualquier tipo de taxonomía que como civilización nos imponemos. Pero una igualdad que sería inútil si no es capaz de generar por si misma el verdadero cambio que es el que se debe producir más allá de nuestra propia piel: una igualdad que no se detenga en el género y que deba abarcar a la vida misma como objetivo prioritario para que tenga sentido; una igualdad que nos hermane de una vez por todas como personas que viven en un mundo en el que debemos ser uno más de sus habitantes y no el habitante. Por eso sería triste que la verdadera revolución que ansiamos se anclase en esta primera meta y no fuese capaz de planificar un verdadero y nuevo mundo con unos valores donde la dignidad y la plenitud de vivir sean reconocidas como su gran objetivo. Pues no se trata de cambiar los roles ni los cetros, no se trata de equilibrar solo entre nosotrxs, se trata de avanzar hacia un nuevo estadio de conciencia en el que recobremos el equilibrio de sentirnos dichosos de vivir en un mundo que no solo nos pertenece a nosotrxs. Por eso, este grito con tantas aristas no es válido si se desprende de la ambición de estar lanzado solo para los hombres y mujeres de nuestra especie. La revolución debe ser feminista o no lo será. Claro que sí ¿pero de que vale si esa revolución no viene a cambiar las pautas de un mundo egocéntrico y enfermo que nos está abocando de una manera objetiva al borde de la extinción? ¿De que vale que nos reconozcan los derechos y las formas si no somos capaces de soñar con un verdadero cambio que rompa las estructuras y valores en los que se basa el fracaso y degradación que somos? Es por eso que es necesario pasar el testigo para escribir la historia a las manos, hasta ahora negadas, de las mujeres, pero de la misma forma es necesario reclamarles a ellas la total ambición de un cambio hasta la raíz que nos hermane de nuevo con el mundo que hemos violado como especie, un mundo en el que lo material y banal deje de campar cegando a la humanidad del dolor insondable que nos hacemos a nostrxs mismxs pero sin olvidar el aún infinitamente mayor dolor que hacemos a los que hemos decididos que son los eternos otrxs: el resto de seres vivos.

En esta obra, hilván a hilván, han sido bordadas las consignas gritadas ese 8 de marzo, casi todos ellas mirando y denunciando la inminente injusticia del presente, las constantes agresiones que las manadas y jaurías humanas comenten hacia todxs impunemente. Esas consignas son importantes, muy importantes; pero, más importante aún, las necesarias, son aquellas que rezan un cambio de paradigma, un nuevo umbral en el que la humanidad reconozca sus crímenes contra siempre esos «otros y otras», que ahora debemos soñar incluir entre nosotrxs pues ellxs son la vida de la misma forma que nosotrxs lo somos. Y es que la revolución debe ser inclusiva con todxs lxs seres sintientes con los que compartimos mundo o si no es así que no lo sea.

Rafael Doctor Roncero


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