Carmen Marimón Llorca
// 15/07/2019
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Imagina mi alma
-Sinopsis-

Una historia de amistad. Un hombre que lucha contra el secreto que lleva dentro. Una casa encantada. Dos enamorados rodeados de fantasmas. Un bebé abandonado en una cueva. Una abuela encantadora. Las vueltas del collar de la Reina. Una fotógrafa intrépida entregada al sexo en cuerpo y alma.  La mujer más bella del mundo y el delincuente artista. Nadia, la sexy y madura stripper entregada a una pasión. El hombre más desconcertante, bello y malvado. Dos millonarios maquiavélicos en una aventura inquietante y peligrosa. En Nueva York dos jóvenes corren desnudos bajo la lluvia para darse de bruces con un misterio.

Drama, acción, sexo, thriller, violencia, amor y crimen, aventura y comedia.

Entre la saga y la novela-rio, Pepe Calvo construye una sorprendente historia, llena de momentos cumbre.

Una novela rebosante de arte visual y pasión cinematográfica, repleta de sensualidad, que te atrapará desde la primera página.

El personaje de Bartolo Carrasco es una auténtica creación literaria.

El autor teje una tela de araña donde se entrecruzan tramas apasionantes.

Una novela que te cautivará y no desearas acabar de leer jamás.

Cuando Bartolo recobró la consciencia estaba atado y bien atado. Le habían encerrado en el maletero de un coche que circulaba a toda velocidad. Llevaba puesta una mordaza que le sujetaba el cuello de tal forma que resultaba difícil moverlo. Habían hecho un lío con su cuerpo, atándole las manos y las piernas hacia atrás. Sentía una extraña impresión en aquel habitáculo oscuro y vibrante. El destino de este viaje sabía cual era. Steel y Dan le estarían esperando en ninguna parte. Comprendía que la venganza estaba cerca y que iba a ser bestial. Los dos holandeses guardaban en su interior los peores sentimientos que el ser humano puede albergar e iban a derrocharlos sobre él. Eran fuertes, obstinados y crueles. No se rendirían jamás. Bartolo tenía un presentimiento de adiós hacia todas las cosas. Nunca saldría de allí. Su vida se acabaría con Steel y Dan.

El coche  paró, habían entrado en una casa con jardín, notaba el ruido de la gravilla bajo las ruedas del vehículo. El maletero se abrió y dos hombres lo sacaron arrojándolo en el suelo como si fuera un saco viejo lleno de trastos.

La gigantesca figura de Loïc se le acercó y tirando de las cuerdas que le sujetaban, con toda su fuerza bruta lo levantó por los aires colocándole de rodillas ante él y con un gesto indicó a  los otros dos que cortaran las amarras que le sujetaban las piernas.  Tú, ponte en pie y camina – le ordenó. Esta frase que sonaba a resurrección, servía ahora para enviarle al cadalso.

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PRESENTACIÓN
CARMEN MARIMÓN

En el año 2012, el fotógrafo y artista Pepe Calvo nos sorprendió con la publicación de su primera novela, “La flor oráculo”. Un relato breve pero en el que aparecían muchos de los rasgos que pueblan el universo creativo del autor: personajes erráticos, escenarios sofisticados, tramas impredecibles, presencia de lo maravilloso en las vidas cotidianas, referencias estéticas… Con esta obra, Pepe Calvo se atrevió a dar un salto nada sencillo: cambiar de lenguaje narrativo; dejar la imagen como instrumento para contar historias y elegir el verbo, la palabra, como nuevo medio de expresión. En ese cambio, las imágenes visuales pasaron a ser imágenes verbales por lo que éramos ahora nosotros, los lectores, los que teníamos que ver a través de su relato, y él, el ahora escritor, el que tenía que “hacernos ver” su mundo de imágenes y acciones con sus palabras. La experiencia resultó más que satisfactoria y, mucho más dueño ya del lenguaje narrativo, Pepe Calvo nos presenta ahora su nueva novela,  “Imagina mi alma”, una obra de más de cuatrocientas páginas en la que el autor se concede suficiente espacio para colmar su necesidad de contar.

El título de la novela resulta de entrada, atractivo y provocador. El autor nos invita a imaginar el interior profundo de alguien -quizá de él mismo-, eso que nos hace quienes somos pero a lo que tan difícilmente llegamos. La novela, es verdad, tiene mucho de las vivencias familiares y personales de su autor, pero no es en absoluto una autobiografía. Como en uno de sus collages, Pepe recorta de su vida fragmentos, recupera personajes, reconfigura amistades, evoca lugares reales y recrea experiencias, y todo ello lo mezcla con vidas, personajes, lugares y experiencias que sólo están en su imaginación. Conforma así un universo totalmente personal, a la vez reconocible e imposible que envuelve al lector desde la primera página y lo conduce a través de historias y peripecias muy difícilmente previsibles.

La novela está construida en dos partes muy diferentes entre sí pero que se conectan a través del hilo conductor de distintos personajes y tramas. La primera “Historia de dos familias” es, como su nombre sugiere, el relato de la génesis de los protagonistas. Juan Carlos y Bartolo, Isa y Nicolás son los personajes jóvenes sobre los que recaerá el peso narrativo de la segunda parte y son, también, los personajes del primer capítulo de la novela. Pero, para sorpresa del lector, el relato cambia  inmediatamente  de protagonistas para centrarse ahora en la historia de sus familias. Comienza, así, una suerte de novela costumbrista que, sin embargo, como el lector notará enseguida, no tiene nada de convencional. En efecto, junto a deliciosas historias de la infancia, de la abuela de amor y estómago inmenso, de paseos por una ciudad de provincias, pronto descubrimos lo no convencional, lo extraordinario que se esconde en el alma y en las vidas de personajes, aparentemente “normales”, pero que guardan secretos, protagonizan situaciones insólitas, tienen pulsiones perversas. Junto a esto, el azar como elemento constructivo, y, el sexo, como impulso vital que lo mueve todo, construyen una primera parte de una narratividad por otra parte clara y lineal, con vueltas atrás perfectamente ensambladas y recuperables que conducen al lector sin pérdida hacia el resto de la novela. Se trata de un relato encantador y sorprendente que rezuma un encanto evocador plagado de sorpresas.

“Bartolo”, como se llama esta segunda parte, centra toda la atención en este personaje desquiciado que arrastra la novela hacia el exceso y el delirio. Estamos ante otros escenarios y otras narrativas. Ahora todo ocurre muy rápido, a un ritmo vertiginoso. Se suceden escenas violentas, nuevos escenarios (Barcelona, Nueva York), muchos personajes distintos y estrafalarios, desgraciados y desequilibrados -Steel y Dan, Oriol, Nadia, Las Violetas…- que nos hacen sentir que estamos en otra novela sin haber dejado la anterior. El autor ahora lleva las situaciones al extremo y, con una habilidad de maestro, sabe salir airoso de cada riesgo. No deja Pepe Calvo ningún cabo suelto, resuelve cada enigma y da por cerrada cada situación,  por inverosímil que pueda parecer. Una novela así, no hay duda, exige un esfuerzo de reconstrucción y de atención constante por parte de un lector, que, por otra parte, no puede dejar de seguirla hasta el final. No es fácil crear interés, exige pulso narrativo y pericia como escritor, virtudes ambas de las que el autor está más que sobrado.

Y todo esto nos llega narrado en un estilo muy personal, con un manejo del vocabulario abundante, preciso e insólito, sin complejos ni restricciones, lo que le da a la novela un aire de verdad por encima de la fantasía y la imaginación que desborda. La novela, fundamentalmente, es narración y diálogo vivo. A veces artificioso, en consonancia con la sofisticación y la extravagancia de las situaciones y los personajes; pero otras sencillo y popular, gracioso y ocurrente cuando la historia lo requiere. Toda la obra rebosa muchísima personalidad, un mundo propio, rico y cultivado, poblado de referencias artísticas, musicales, estéticas que son, en realidad, las que forman parte de la historia sentimental, artística y experiencial del autor.

A Pepe Calvo las palabras y las historias le fluyen imparablemente y es esa naturalidad con la que personajes y acciones se desenvuelven otro de los ingredientes que proporciona al autor la identidad como narrador que ha acabado de cimentar con esta novela. Con “Imagina mi alma” Pepe Calvo se ha construido una voz narrativa propia, ha dado una muestra de lo inagotable de su imaginación y de la abundancia de recursos que es capaz de manejar. Como si siempre lo hubiera estado haciendo, Pepe ha cambiado la imagen por la palabra y todos, él y nosotros, hemos sumado una forma más de asomarnos a su alma.

Carmen Marimón Llorca*

Universidad de Alicante

*Carmen Marimón Llorca, Profesora Titular de Lengua española en el Departamento de Filología española, Linguística  general y Teoría de la Literatura de la Universidad de Alicante. Ha realizado trabajos sobre retórica y discurso y, en general, sobre diversos aspectos de la textualidad y del análisis gramatical y pragmático del español, fruto de los cuales es su libro Análisis de textos en español. Teoría y práctica (2008). Es coeditora del volumen Intercultural Business Communication and Simulation and Gaming Methodology, 2009, Peter Lang que recibió en 2010 el “First Researching Award Enrique Alcaraz”. Es profesora colaboradora del Instituto Cervantes para el que ha impartido cursos de Metodología y Análisis del Discurso. En la actualidad es IP del Proyecto I+D FFI2015-65917-P, “El discurso Melingüístico en la prensa española (1940-hoy). Análisis Multidimensional y caracterización genérica. METAPRES”. En este último tema ha publicado recientemente “Rhetorical Strategies in Discourses about Language: The Persuasive Resources of Ethos”, Res Rhetorica, (2016), “La Academia española trabaja”. Actitudes lingüísticas y estrategias valorativas en las Columnas sobre la Lengua (CSL), Cuaderno AISPI (2018) y es coeditora junto con Isabel Santamaría del volumen Ideologías lingüísticas y medios de comunicación escritos. El caso del español, Peter Lang, 2019.

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PRÓLOGO
PERE PARRAMON

Imagina mi alma: un cóctel manierista

Realmente, mi único vicio es la cultura. Sí, la cultura, por raro que parezca. Mi adicción es máxima. Toda mi vida está dedicada a ella. Cine, arte, libros, música… esos son mis vicios.

Pepe Calvo, La flor oráculo (2009).


Silencio, la película da comienzo. Un automóvil deportivo de color amarillo a toda pastilla entre torres de perforación petrolíferas. El conductor (interpretado por Robert Stack), tras un arriesgado rosario de volantazos y sin dejar de sorber de una botella, acaba deteniendo el cochazo ante la columnata de entrada de una gran mansión. Su estruendosa llegada despierta a los diferentes ocupantes de la casa, a quienes conocemos mediante teatrales y singulares encuadres: un apuesto caballero (Rock Hudson) tras los cristales de la ventana, con una dama (Lauren Bacall) al fondo, desplomada en la cama, y una sensual señorita (Dorothy Malone) acercándose también a otro ventanal de modo que, entre las sombras, sólo quedan iluminados sus ojos maliciosos. Cuando el conductor borracho abre la puerta principal de la casa, las hojas que arrastra el viento entran en el elegante vestíbulo como reclamando algo. Así da comienzo Escrito sobre el viento (Written on the Wind, dir. Douglas Sirk, 1956), uno de los más logrados melodramas del séptimo arte, amén de epítome de eso que se ha dado en llamar cine manierista.

Es decir, un cine abarrocado, audaz en sus planteamientos visuales, de colores saturados, puntos de vista nada canónicos, y con argumentos complejos dedicados a hurgar en las contradicciones, claroscuros, rarezas y miasmas de la psique humana. Dicho de otro modo, allí donde el clasicismo de Hollywood se encarga de establecer juicios morales y pautas de comportamiento alineadas con lo normativo, este otro tipo de cine cultivado por nombres de la talla de King Vidor –en Duelo al sol (Duel in the sun, 1946), por ejemplo– o Nicholas Ray –con su Johnny Guitar (1954)–, tiende a ponerse al lado de las vulnerabilidades, de los problemas sin solución, del dolor. Y lo hace con una conciencia de estilo muy clara, llevando al máximo todos los recursos expresivos a su alcance. De ahí la denominación de “manierista”.

El adjetivo “manierista”, del italiano maniera, que traducimos precisamente por “estilo”, empieza a utilizarse como etiqueta artística cuando el crítico Luigi Lanzi en su Historia de la pintura en Italia (Storia Pittorica dell’Italia, 1792) necesita denominar ese extraño momento del arte que, entre los siglos XV y XVI, se erige en transición del equilibrio sereno del Renacimiento a la extravagancia del Barroco. Durante el Manierismo, artistas como Lorenzo Lotto, Pontormo, Il Bronzino, Il Parmigianino y Giuseppe Arcimboldo echarán mano de todas las técnicas renacentistas no para ponerlas al servicio de los ponderados ideales humanistas, sinó para la fantasía y la sorpresa. Durante centurias, el término “manierista” se ha considerado peyorativo, y el momento que designa –empequeñecido entre la solemnidad del Cinquecento y el esplendor barroco–, un episodio sin demasiada importancia. Hoy en día, sin embargo, la situación es distinta: por un lado, rendidos ante los encantos de un paseo por el Sacro bosque de los monstruos de Bomarzo –obra de mediados del siglo XVI de los arquitectos Pirro Ligorio y Jacopo Vignola–, reconocemos el mérito de las producciones manieristas y, por extensión, usamos la palabra para reconocer la capacidad de aquellos que se atreven a producir obras artísticas mediante una maniera propia.

Como prologuista, me arriesgo al abrir el texto con Escrito sobre el viento. No por su dimensión manierista, que a Pepe Calvo (Alicante, 1957) seguro que le resulta embriagador –no en vano es amante confeso del cine de Pedro Almodóvar, lleno de estilemas que son a sus películas lo que los tatuajes a un marinero stripper o la alta costura a una folclórica burguesa–. Sino porque, categorías y taxonomías aparte, el autor de Imagina mi alma (2018) es un hombre de fuertes convicciones en lo que a cine respecta, de modo que de cada título y de cada cineasta es capaz de desplegar opiniones tan propias como consistentes. Si he acertado con la cinta de Douglas Sirk, me nombrará copero de los dioses y me pondrá un piso en el Olimpo, pero como no, espero que ustedes, amables lectores, vengan a visitarme a la ladera de la montaña donde me habrá encadenado para que un águila me devore el hígado por toda la eternidad. Y no se trata en absoluto que Pepe Calvo sea uno de esos cinéfilos empedernidos que acumula ingentes cantidades de detalles con los que construye bastiones tan inexpugnables como intrascendentes, sino porque, en las antípodas de tan pernicioso fenómeno, es un espectador con conocimiento, criterio y sensibilidad –para comprobarlo, sólo hace falta dar un paseo sosegado por su espacio web www.pepecalvo.com, o por la revista digital de la cual es fundador y director, www.hunterartmagazine.com–. Tres rasgos que, más allá del séptimo arte, definen a Pepe Calvo en todos los ámbitos de una polifacética carrera que hacen de la suya, una trayectoria espectacular en el panorama artístico español.

Del cine hemos saltado a la Historia del Arte y de ahí a la mitología, ya que reflexionar sobre la novela de Pepe Calvo Imagina mi alma es aludir a las pantallas, al arte, y a la formidable capacidad mitogénica de las unas y de las otras –esto es la capacidad tanto de los fenómenos cinematográficos como de los artísticos para crear nuevos mitos–. La novela está concebida como un guion, un storyboard, la documentación de una dirección de fotografía y la de una dirección artística, todo dentro de una coctelera para convertirse en un trago largo, dulce y amargo a un tiempo, y servido en una copa de Martini, esa copa que, precisamente por clásica, jamás pasa de moda y admite todas las novedades.

Un cóctel manierista de casi cuatrocientas cincuenta páginas, con un collar de Bulgari dentro –una joya en condiciones siempre es la guinda de toda gran historia, sea el colgante de piedras escarlata en el film Vértigo (De entre los muertos) (Vertigo, dir. Alfred Hitchcock, 1958), o el broche de la novela de Mercè Rodoreda Espejo roto (Mirall trencat, 1974)–. Y no sólo, porque en esa copa de Martini cabe muchísimo más: varias familias entrelazadas en un melodrama con decenas de personajes, diversas épocas alternándose entre flashbacks y flashforwards, multitud de localizaciones –desde el Alicante natal del autor hasta Nueva York, entre tantas otras–, una zarzuela de sentimientos, emociones, y, ¿cómo no? secretos inconfesables. Secretos, por cierto, entre los que destaca uno, el más siniestro de todos, un terrible tabú que Pepe Calvo aborda con un tiento exquisito. Si Imagina mi alma fuera una película, sería una superproducción, o una serie con presupuesto sólo apto para titanes y faraones. Ahora bien, pese a tal riqueza de elementos, los lectores no se sentirán desconcertados, porque cada pieza del hercúleo rompecabezas casa perfectamente con las demás, formando un conjunto, una trama tan llena de matices como sólida en su núcleo fundamental… y con figuras que se elevan sobre las demás con terrible y divino fulgor mitogénico.

Tal capacidad para el mélange no debería resultar extraña. Figura clave de la historia de la fotografía española desde los años setenta, Pepe Calvo es uno de los indiscutibles maestros del fotocollage porque toda su obra, incluso antes de lanzarse a reinventar las técnicas cubistas, futuristas, dadaístas y surrealistas del montaje –valgan como ejemplo, entre otras, las series, Gimnasia para gánsteres (1989-1996), Ballet (1992), Suite (1993-1994), Círculo con figura (1996-1997), Interior tras interior (2002-2003), Supersex (2003-2005) y Holy Interiors (2014-2017)–, está marcada por el amor manierista por las yuxtaposiciones, las mezclas, los intersticios, las intersecciones. Esa fascinación de amante bandido le lleva a trabajar con composiciones en las que los diferentes planos visuales se superponen como si cada uno de ellos hubiera pertenecido originariamente a otra realidad –Short Human (1986-1989)–, también con asociaciones de figuras y objetos marcadas por la ironía y lo imposible –Ipso facto souvenirs (1982-1984)–, e incluso con juegos en los que las personas son cosificadas –La donna immobile (1979-1981)– y las cosas personificadas –Profesión: glamour (1983), Domvs (2010-2011)–. De ahí su extraña modernidad. Una modernidad atemporal que acerca su obra tanto a la de artistas vanguardistas e incendiarios de los años 10 y 20 del siglo XX, como a la de aquellos que en los 60 necesitaron alzar una voz contestataria, como a la de artistas que en nuestro tiempo siguen haciendo del collage y el fotocollage un modo de expresión, reivindicación y reconstrucción de una realidad que ya sabemos dislocada, alocada, líquida –son ejemplo de ello Marta Sureda (Girona, 1979) y sus imágenes de infancias interpelantemente políticas, o Randomagus (Benicarló, 1976) y sus rudos marineros en pos de nuevas masculinidades–. Tal y como pone de manifiesto Renato Bermúdez Dini en un artículo titulado “Las monstruosidades del collage: hacia una teratología del arte del siglo XX”,2 estas técnicas consistentes en unir materiales e imágenes para conseguir nuevos efectos plásticos, visuales y emocionales, entroncan con la figura del monstruo protagonista de la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein; or, The Modern Prometheus, 1818), no tanto por el hecho de estar compuesto de fragmentos de cadáveres, sino por la enorme modernidad que representa hacer algo nuevo a partir de elementos preexistentes. Precisamente, esta contemporaneidad es lo que destaca el monólogo del personaje Caliban (Rory Kinnear) trasunto del monstruo de Frankenstein, en la serie Penny Dreadful (John Logan, 2014-2016):

Con el tiempo aprendí las palabras. Di los primeros pasos con tus queridos libros de poesía. De tus anotaciones a lápiz aprendí que tus preferidos eran Wordsworth y los viejos románticos. No es extraño que huyeras de mí. No soy una creación del antiguo mundo pastoral. Soy la modernidad personificada. ¿No sabías qué estabas creando? La edad contemporánea. ¿De verdad creías que tu moderna creación podría soportar los valores de Keats y Wordsworth? Ahora somos hombres de hierro y mecanización. Somos máquinas de vapor y turbinas. ¿Realmente fuiste tan ingenuo como para creer que veíamos la eternidad en un narciso? ¿Quién es el niño, Frankenstein, tú o yo? [1ª temporada, cap. 3; la traducción es nuestra].

Así, la vocación coctelera de Imagina mi alma forma parte de una preocupación artística y vital de su autor y, al mismo tiempo, de la firme decisión de hacer un trabajo –tanto fotográfico como artístico– decididamente coetáneo a ese presente tumultuoso que es la modernidad. Y todo, en el fondo, para rendir un gran homenaje al cine, el arte, la literatura y la música que Pepe Calvo, en su novela anterior, La flor oráculo (2009), admite como vicios en el fragmento reproducido en el arranque de estas páginas. Al respecto, son reveladores los dos extractos siguientes de Imagina mi alma. En el primero encontramos a Bartolomé y Mari Ángeles, no especialmente interesados en el arte contemporáneo:

Por la tarde visitaron a los divertidos y sublimes artistas surrealistas y dadaístas en una exposición que era un gran suceso. Largas colas hacían casi imposible la entrada al Palais de Tokio y, mientras Andrés y Paquita disfrutaban con el Desayuno forrado de piel de Meret Oppenheim, el Cadeau de Man Ray y la controvertida fuente de Duchamp, Bartolomé y Mari Ángeles se mostraban escépticos ante aquello que creían una burla al arte.

Sin embargo, algo ha sucedido en la pareja tras su visita al Palais de Tokio, porque al poco despiertan una mañana entreverados con las obras surrealistas que habían contemplado sin un ápice de entusiasmo:

Bartolomé abrió los ojos, su esposa dormía plácidamente junto a él. Tan pronto ella despertó, pidieron el desayuno; poco después, llamaron a la puerta y entró Meret Oppenheim, la musa y artista de treinta años de edad en la cumbre de su legendaria belleza convertida en camarera dadaísta y portando en una bandeja de plata un completo servicio de desayuno con utensilios forrados en piel de potro peludo y croissants dorados y crujientes en plástico recauchutado.

Las obras que parecían haber pasado sin pena ni gloria por las vidas de Bartolomé y Mari Ángeles en realidad han calado hondo, muy hondo –como cala también Meret Oppenheim en el Pepe Calvo artista visual cuando le dedica la serie Huellas Oppenheim (1996-1997)–. Aquí palpita el epicentro de la obra de Pepe Calvo: el convencimiento firme, inextinguible, incondicional que el arte, sea cual sea su forma, llega hasta nosotros y nos transforma sin remedio. Quizá por eso, en La flor oráculo la protagonista busca en el arte una cura para su malestar:

Era inaudito todo lo que me ocurría ahora, debía acabar con esto de una vez, pero no sabía cómo actuar, parecía encontrarme en un callejón sin salida dentro de este caos. Me incorporé y de la biblioteca cogí un libro de fotos de un artista que me interesaba, Gregory Crewdson, con sus imágenes surreales me introducía en un mundo fantástico, pero ya lo había visto muchas veces y en este momento su contemplación no me motivaba. Luego ojeé otro libro de Joan Fontcuberta sobre una escuela donde los sacerdotes van a aprender a hacer milagros, ¿existen realmente los milagros?, yo necesitaba un milagro en mi vida pero sabía que este libro no iba a proporcionármelo… Era un libro de un humor desternillante e irreverente, en realidad era un catálogo perteneciente a una exposición que había visto un par de años atrás.

Esta búsqueda del personaje de La flor oráculo no es escapismo. Es conciencia, fuerza para trascender lo tangible y dar nuevos significados a lo que nos rodea. Efectivamente, Pepe Calvo con sus fotografías, narra, y con sus novelas, fotografía. Para ilustrar lo primero, atención a las historias implícitas en las series de fotocollages Terror fantastic (1998-2000), Lo oculto (2001-2002) y Stilnox (2004-2006), y para muestra de lo segundo, rescatamos de Imagina mi alma una soberbia descripción que aúna forma y contenido, estatismo y acción:

Ciudadanos del mundo, se consideraban súbditos españoles. Poseían una gran fortuna que derrochaban en vivir de manera arbitraria. En el pasado habían pertenecido a una especie divina; en la actualidad se habían convertido en arrugados masters en experiencia y sabiduría. Eran poderosos y frágiles al mismo tiempo. Tenían una lengua inequívocamente libidinosa, además de cruel y viperina. Uno de ellos tenía aspecto de mago y el otro de faraón. Eran dos caras de la misma moneda que a menudo se fundían en una. Con el porte y la distinción de un agente secreto, en realidad eran dos locazas de tomo y lomo. Sumidos en una decadencia vital, vivían como dos modernos epicúreos esclavos del orgasmo.

Se trata de una cuestión de estilo, de maniera –no se puede entender plenamente su obra sin estas sinergias, como tampoco se puede entender sin esta capacidad para el montaje y la yuxtaposición la obra de tantos artistas plenamente contemporáneos–. Por eso, creo que el mayor elogio que se le puede hacer a la novela Imagina mi alma es afirmar que, como si se tratara de un volumen de dibujos, grabados o fotografías, es una especie de libro de artista. Un libro de artista saturado de referencias, directas e indirectas, sobre la necesidad humana de arte. Y sobre el arte que nos hace humanos.

Dábamos inicio a este prólogo con el film Escrito sobre el viento. Tras todo lo dicho y, como si nos encontráramos en una sesión espiritista, invoquemos a Alfred Hitchcock –cineasta a quien Pepe Calvo, por cierto, dedica la serie de fotocollages Hitch (2012)–, y dejemos que sea la banda sonora de otra subyugante película manierista la que nos introduzca en los secretos, retruécanos y espirales de Imagina mi alma: escuchemos los arpegios del preludio de la ya citada Vértigo (De entre los muertos), compuestos por el maestro Bernard Herrmann, y que, con su ostinato de cuerdas furiosas, vientos apremiantes y arpa misteriosa de fondo, surja el terrible dios pagano Bartolo Carrasco de las aguas de El Postiguet alicantino.

Pere Parramon,
escritor, profesor y crítico de arte

Pere Parramon es licenciado en Historia del arte y Máster en comunicación y crítica de arte por la Universitat de Girona. Escritor, comisario de exposiciones y miembro de la International Association of Critics of Art, compagina la docencia universitaria con la dirección del Instituto Rafael Campalans. Más en www.pereparramon.com.

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Título : Imagina mi alma
Autor: Pepe Calvo
www.pepecalvo.com
Esta novela fue escrita entre los años 2005 y 2007
Primera edición: Mayo 2018
Segunda edición: Marzo 2019
Presentación: Carmen Marimón
Prólogo: Pere Parramon
Edita: Piediciones, El alquimista ciego.
Foto de portada:  S/t, de la serie  Donna immobile (1980). Autor: Pepe Calvo (Colección del autor, modelo Blanca Gallardo).
Contraportada: Interpretación de una escena de la novela (2018) Autora: Luisa Pastor (Colección de la autora)
Retrato del autor: Aram Dervent
Diseño: Hünter
www.hunterartmagazine.com
Edición y maquetación: El alquimista ciego (Grupo Piediciones)
editorial@piediciones.com

Núm. Registro de la propiedad intelectual Generalitat Valenciana: 09/2006/2866
Depósito legal: GU 043-2019
ISBN: 978-84-949665-5-2

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